La esperada inhabilitación de Torra

Editorial

El Tribunal Supremo ha hecho lo que tenía que hacer: confirmar una sentencia que hasta los más legos en Derecho veían meridianamente clara

29 de septiembre 2020 - 01:39

Como era más que previsible, la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo acordó ayer confirmar la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña que condenó el pasado mes de diciembre a un año y medio de inhabilitación para ejercer cargo público al presidente de la Generalitat catalana, Quim Torra. La sentencia, aprobada por unanimidad, no deja lugar a dudas al concluir que el líder independentista desobedeció de forma "contumaz y obstinada" a la Junta Electoral Central, que le había exigido sin éxito la retirada de las fachadas de los edificios públicos de las pancartas que pedían la libertad de los presos del procés en plena campaña electoral. Torra tendrá que abandonar su despacho de presidente y se abre un periodo que probablemente culminará en una convocatoria de elecciones autonómicas, lo cual, tratándose de Cataluña, volverá a sumir a todo el país en una oleada de crispación política entre ciudadanos y territorios. Pero nada de esto debe importarle mucho a Torra, un político sin ninguna capacidad de gestión ni sentido del servicio público, que se siente más a gusto en el barro de la lucha política que en la aburrida solución de los problemas cotidianos de los catalanes: la educación (no el adoctrinamiento), la sanidad, los transportes, etcétera. Los independentistas, como ya se está viendo, aprovecharán esta oportunidad para montar un aquelarre identitario en el que, una vez más, se intentará desprestigiar al Estado español como fallido y antidemocrático, discurso que, por desgracia, cala también en algunos sectores no catalanes, incluso con ministerios a su cargo. La Justicia española, pese a los continuados intentos de deslegitimarla, hizo ayer lo que tenía que hacer: confirmar una sentencia que hasta los más legos en Derecho veían clara. La continua e intolerable actitud de chulería e insumisión de Torra hacia todos los poderes del Estado español, empezando por el judicial, sólo podía acabar con una inhabilitación que, insistimos, aprovechará el político independentista para venderse como mártir de la causa secesionista. Mientras tanto, Cataluña seguirá por la senda de su declive. Allí la han llevado el procés y sus héroes.

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