Tribuna

Juan Antonio Sánchez López

Catedrático de Historia del Arte. Universidad de Málaga

La catedral ante el futuro inmediato

La catedral ante el futuro inmediato

La catedral ante el futuro inmediato / javier albiñana

El 29 de junio de 1528 se ponía la primera piedra de la Catedral de Málaga, edificio de los más emblemáticos de la arquitectura renacentista española. A escasos años de cumplirse el quinto centenario de tan feliz efemérides, quizás sea más necesaria que nunca una mínima reflexión sobre su realidad actual e inmediata. Máxime, siendo ya inminente el comienzo de la más importante intervención en su fábrica desde la interrupción de la misma en 1782, por insuficiencia presupuestaria y nunca como infundada consecuencia de románticos apoyos a causas independentistas .

Un primer aspecto a considerar es la realidad material y simbólica de la propia Catedral de Málaga, entendida como Bien de Interés Cultural de primera magnitud a efectos arquitectónicos, artísticos, urbanísticos, sociológicos, culturales y religiosos. La preservación de sus valores patrimoniales y las iniciativas conducentes a su conservación, restauración e integridad, al amparo de la legislación y bajo la tutela de las instituciones públicas, no impide reconocer y tener muy presente en ella su condición de inmueble 'vivo'. Consecuentemente, y como segundo factor clave a tener en consideración, la Catedral (por extensión, toda Catedral) está sujeta a las sinergias que la vinculan a usos de carácter religioso, cultural y, sobre todo, ciudadano que contradicen abiertamente cualquier pretensión de 'fosilizarla', sometiéndola al prurito pseudo-arqueológico y/o toda suerte de posicionamientos inmovilistas que contradigan, cuestionándolas, su misma funcionalidad y razón de ser.

De hecho, el mismo monumento representa en su realidad material la confluencia de dos aspectos donde Patrimonio Material y Patrimonio Inmaterial interactúan en estrecha relación de causa-efecto con aquellas intervenciones exigidas por la necesidad ineludible (por extensión, imperiosa) de garantizar la integridad material de los bienes y conjuntos monumentales heredados por la comunidad a lo largo de su Historia para su conservación, pervivencia y disfrute por las generaciones sucesivas que continúan usándolos.

Por eso mismo, se encontrarían plenamente justificadas aquellas actuaciones en bienes emblemáticos cuya razón de ser no responda a la arbitrariedad caprichosa y/o la coyuntura oportunista de un momento determinado en el devenir de los acontecimientos cotidianos, sino a motivos de fuerza mayor surgidos de una casuística de situaciones de alto riesgo para los mismos, aún cuando puedan suponer la incorporación de elementos 'nuevos' al conjunto. Es evidente que la historia de la intervención arquitectónica viene demostrando con probada solvencia y eficacia cómo tales actuaciones son susceptibles de plantearse y resolverse con el máximo rigor procedimental y sentido de la contemporaneidad, sin incurrir en la falsificación, el historicismo barato o el pastiche y, por supuesto, sin menoscabo del máximo respeto a la configuración arquitectónica original y la imagen urbana (ya consolidada en el imaginario colectivo y/o la 'postal' de la propia ciudad) de bienes inmuebles tan intensamente emblemáticos como una Catedral. La urgencia de garantizar la propia continuidad, seguridad y puesta en valor de la Catedral de Málaga es, precisamente, la razón de ser del proyecto de cubiertas para el inmueble propuesto por los arquitectos Juan Manuel Sánchez La Chica y Adolfo de la Torre Prieto. Además de evidenciar el rotundo fracaso de la última actuación en dicha zona (con la consiguiente y frustrante quiebra de todas las expectativas institucionales y ciudadanas volcadas en torno a ella), este nuevo proyecto viene a significar y aportar una solución que juzgamos definitiva al problema (desgraciadamente ya casi 'crónico') de las filtraciones de aguas pluviales al interior del templo como consecuencia de la secular exposición de sus bóvedas al aire libre. Su viabilidad pasa, a nuestro entender, por ofrecer respuesta convincente, eficaz y realista a las dificultades técnicas, funcionales, estructurales y estéticas planteadas por la incorporación de una techumbre de nuevo cuño al inmueble, una vez aportadas las informaciones pertinentes en materia técnica y ofrecidas todas las garantías en materia conservativa y legislación patrimonial.

En este sentido, el proyecto hace suyos una serie de puntos (algunos de ellos irrenunciables e innegociables desde el punto de vista patrimonial) fundamentales en una intervención de este tipo que combina funcionalidad (dotación de una techumbre para la conservación y supervivencia del templo), discreción (fusión orgánica con aquel sin impacto visual agresivo, ni alteración de la imagen urbana), modernidad (diseño de simplicidad abstracta y minimalista, contrario a la falsificación y al pastiche), calidez de materiales, pureza volumétrica, seguridad de la estructura y de uso, reversibilidad de las actuaciones, compatibilidad con usos culturales y expositivos, difusión de la historia constructiva del monumento con inserción de un parque arqueológico en las zonas resguardadas, colaboración con los poderes públicos y absoluta sensibilidad hacia propuestas de puesta en valor del Patrimonio Histórico. Ojalá que en 2028, esos cinco siglos de Historia de la Catedral sean cinco siglos de realidad valorada, conservada y, sobre todo, definitivamente protegida.

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