Andalucía cuenta con un tejido empresarial dinámico y cada vez más comprometido con la diversidad y la inclusión. En los últimos años, muchas compañías han entendido que apostar por el talento sin etiquetas no es solo una cuestión ética, sino una decisión estratégica que fortalece los equipos, impulsa la innovación y mejora la competitividad.
Sin embargo, también es cierto que persisten retos estructurales que nos obligan a seguir actuando. Según reflejamos en nuestro decimotercer informe #EmpleoParaTodas: la mujer en riesgo de exclusión en el mercado laboral, 1,6 millones de mujeres en Andalucía –el 37,3%– se encuentran en riesgo de pobreza y/o exclusión social. Detrás de esta cifra hay trayectorias laborales interrumpidas, responsabilidades familiares no compartidas, situaciones de discapacidad, violencia de género o desempleo de larga duración. Pero, sobre todo, hay una constante: una relación más frágil y discontinua con el mercado laboral.
La desigualdad de la mujer en el empleo no es coyuntural; es estructural. Se manifiesta en mayores tasas de desempleo, en carreras profesionales entrecortadas y en una menor estabilidad. El 95% de las mujeres en situación de vulnerabilidad identifica el empleo como la principal vía para salir adelante, pero, sin embargo, solo el 30% confía en encontrar un trabajo sostenible en 2026. Además, casi la mitad ha trabajado menos de cinco meses en los dos últimos años, y más del 45% arrastra desempleo de larga duración, alcanzando el
Las consecuencias son económicas, pero también humanas: el 86% tiene dificultades para llegar a fin de mes y el 80% reconoce que el desempleo ha afectado negativamente a su salud mental.
Estos datos no pueden analizarse únicamente desde la estadística; requieren una respuesta coordinada. Hemos avanzado, y mucho. Hoy existe mayor sensibilidad empresarial y una conciencia creciente sobre la necesidad de generar oportunidades reales. Pero la magnitud del desafío exige perseverancia y colaboración. La inclusión laboral de las mujeres en situación de vulnerabilidad no depende de un solo actor.
Las Administraciones deben seguir reforzando políticas activas de empleo eficaces y adaptadas a realidades complejas. Las entidades sociales debemos continuar ofreciendo acompañamiento personalizado y sostenido en el tiempo. Y las empresas –que ya han demostrado liderazgo y compromiso– han de seguir ampliando ese impacto, revisando procesos de selección, eliminando sesgos y apostando por el talento femenino en todas sus etapas vitales.
Andalucía tiene la capacidad de avanzar hacia un modelo más inclusivo. El compromiso ya existe; ahora toca consolidarlo y escalarlo. Porque incorporar a mujeres en situación de vulnerabilidad no es solo una cuestión de responsabilidad social. Es una inversión en cohesión, productividad y futuro.
Sin empleo no hay igualdad. Pero con acción coordinada y compromiso, la igualdad sí puede ser alcanzable.