Reflejos de Málaga
Jorge López Martínez
Sí a esta guerra
Pedro Sánchez ha desempolvado el “no a la guerra” para desmarcarse del ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán. Lo dijo desde La Moncloa, con tono solemne, como si la historia empezara en la rueda de prensa y no en el 7 de octubre de 2023, cuando Hamás —una pieza central del dispositivo iraní— masacró civiles y secuestró a cientos de personas en Israel. A partir de ahí, el lema israelí fue simple: “nunca más”. No era un eslogan; era supervivencia.
Quien se empeñe en ver esto como una “guerra de Israel” se está engañando. Irán lleva décadas fabricando guerra por delegación: Hamás en Gaza, Hizbulá en Líbano, los hutíes en el mar Rojo, milicias en Siria e Irak. El objetivo no es solo Israel: es desestabilizar la región, estrangular rutas comerciales y convertir Europa en un tablero nervioso, siempre a un atentado de distancia. Israel ha ido desmontando, con una determinación que asusta y a la vez explica su miedo existencial, parte de ese entramado. Gaza, Líbano, golpes en Siria… y hoy vuelve a hervir el frente libanés. El núcleo era Irán, que sostiene a quienes disparan y ponen bombas. La línea roja es obvia: una capacidad nuclear iraní no es “equilibrio”, es chantaje. Y el riesgo de transferencia a actores no estatales sería, para Israel, inasumible. El debate, por tanto, no es si la guerra “gusta”, sino qué hacemos cuando el adversario juega a largo plazo y nosotros vivimos de titulares. Aquí viene la pregunta incómoda: ¿de verdad creemos que la paz se defiende con frases heredadas de 2003? Decir “no a la guerra” puede sonar noble, pero si no se acompaña de una alternativa creíble —presión, disuasión, sanciones efectivas, control de financiación— es postureo. Y el postureo, en geopolítica, se paga: en credibilidad dentro de la UE y la OTAN, y en capacidad para exigir ayuda cuando el problema toca en casa.
Málaga no vive en una burbuja. Aquí llegan barcos, turistas y mercancías; aquí dependemos de rutas y estabilidad. Si la respuesta española a un terremoto estratégico es un eslogan, el mensaje es: “cuenten con nosotros solo para la pancarta”.
No se trata de aplaudir cada bomba ni de ignorar el sufrimiento civil. Se trata de entender que hay guerras que no se eligen: te las traen. Y cuando te las traen, ponerse de perfil no es neutralidad; es renuncia. Y renuncia a la larga, invita a que el siguiente golpe sea aquí, ya.
También te puede interesar