Andrés Olivares: Piloto de emociones, papá de Luis

El hombre que vive al ritmo de latir de su corazón y regala sonrisas de niño

Acude a nuestra cita en el restaurante Refectorium Catedral

Sergio Ramírez,  coordinador de Refectorium,  Andrés Olivares y Juan Luis Pinto.
Sergio Ramírez, coordinador de Refectorium, Andrés Olivares y Juan Luis Pinto. / Paco Menjivar
Juan Luis Pinto Doblas

20 de septiembre 2018 - 02:00

Málaga/Realmente me ha costado un esfuerzo enorme comenzar a relatar mi encuentro con Andrés. Ha sido algo distinto, muy especial, tal y como lo es él. El día se presentaba gris y espeso, amenazando lluvia, lo que no terminaba de agradarme. No me transmitía buenas sensaciones. Pero estaba equivocado. Nada más aparecer nuestro invitado, sonrisa de oreja a oreja y recibir el abrazo con el que me obsequió todo cambió. Fue como una descarga eléctrica que me llenó de optimismo.

Por si después no me queda espacio, quiero agradecerle a Andrés Olivares la sinceridad con que se expresó, la amabilidad con que me atendió y los abrazos que me regaló. Jamás lo olvidaré.

El RESTAURANTE

Para la ocasión escogimos un restaurante que se ha convertido en santo y seña de la gastronomía contemporánea de nuestra ciudad: Refectorium Catedral. Fuimos recibidos por el coordinador general, Sergio Ramírez, quién nos dejó en manos de la metre María Florido.

De la degustación gastronómica se encargó el chef Pablo Morente, quien comparte tareas con el chef Juan Carlos López, toda una garantía de éxito para este restaurante que cuenta con un total de trece personas en su plantilla, equipo, como le gusta denominarlo, orgulloso, Sergio. Ahora les cuento. Resultó toda una experiencia.

EL INVITADO

Andrés Olivares
Andrés Olivares / Paco Menjivar

Hablar de Andrés Olivares es hablar de filosofía de vida, de humanismo en su máxima expresión, de solidaridad y consuelo. Le pedí a Andrés que por favor me aclarase quien es él. “[Sonrisas] Soy un hombre a quien la vida le marcó un reto y le puso un guía en su camino, mi hijo Luis. Él, Luis, falleció con 9 años, y me dejó encargado que ayudase a los niños como él. Y en eso estoy desde entonces”. Pero tuvo que ser muy duro. “[Sonrisa] Para nada. Yo estoy aquí para ayudar a los demás, especialmente a los niños. Luis está presente de otra manera, y él me enseñó a vivir de otra manera”.

Estas palabras me dejaron un tanto desconcertado, algo que se debió reflejar en mi rostro, y Andrés continuó : “[Sonrisa] Yo no pienso la vida, yo la siento. ¿Sabes? La vida no para de darte señales pero ocurre que nosotros lo condicionamos todo y actuamos siempre en función de lo que vamos a recibir.” Y tú como lo haces, le pregunte. “[Sonrisa] De manera incondicional, sin esperar jamás nada a cambio. Te voy a decir una cosa que mucha gente no comprende: la experiencia más bonita de mi vida ha sido la situación que tuve que vivir con mi hijo”. Y efectivamente, no es fácil de entender a primera vista, de comprender..” [Sonrisa] Es que yo no estoy aquí para que me entienda nadie. No he creado una secta o un partido político. No pretendo convencer a nadie de nada. Solo soy el padre de Luis”.

Cuando uno pierde un ser querido en las circunstancias que Andrés perdió a su hijo es duro de asimilar, de entender, y es inevitable preguntarse por qué suceden estas cosas, mucho más tratándose de un niño. “[Sonrisa] Estás equivocado, y perdona que te lo diga, pero la pregunta no es “por qué” sucede sino “para qué”. Cuando aprendes a preguntar correctamente se aclaran muchas cosas. La vida es la muerte, por eso es mi amiga”.

Su biografía

Descendiente de una saga de comerciantes malagueños muy conocidos, Joyería Olivares, Andrés tiene cincuenta años, aunque durante nuestra conversación me aclara: “[Sonrisa] Yo vivo entre dos mundos. En uno tengo cincuenta años, y en otro cinco. En el hospital me llaman “el sonriente”. Mi locura es la de un niño [risas]”. Su familia le ha apoyado en todo momento, todos estos años, y se sienten muy orgullosos de todo lo que representa, aunque a veces, como nos confiesa Andrés, les cuesta entender su filosofía de vida. Sus padres, sus hijas, Victoria y Marta, lo apoyan, y lo que es más importante para él, lo respetan. Le pedí un mensaje para todos los que le apoyan: “[Sonrisa] Que me abrecen y sientan la vida.” Y a los que no te apoyan. “[Sonrisa] Lo mismo. Soy amor incondicional. La vida es una cosa distinta a la que nos han enseñado desde pequeño. Vivimos entre el temor y el amor”. Y por último le pregunté si cambiaría algo: “[Risas] No, yo no cambiaría nada. Ya lo vengo haciendo desde hace años”. De esta manera acabamos una jornada muy especial con un personaje de nuestra ciudad, un trabajador del alma, que estoy seguro no dejará a nadie indiferente.

Andrés dedicó años a estudiar medicina alternativa china, psicología clínica, quiromasaje…hasta música.” [Risas] Así es. Para poder cumplir la misión que me encargó Luis debía formarme para poder ayudar a otras personas. Y hasta música he estudiado. Algún que otro recital he dado [risas]. No soy bueno en eso, pero no importa. Siempre es para ayudar a los niños”. Pero todo esto no lo puede hacer una persona sola. “[Sonrisa Claro que no, por supuesto. Cuento con un equipo del que estoy muy orgulloso. Desde los profesionales que me ayudan hasta los numerosos voluntarios. Somos una gran familia que conformamos la Fundación Olivares”.

Y quise saber el tiempo que llevan realizando su labor. “ Aunque comencé a trabajar desde el mismo día en que me lo encargó Luis, la fundación nace como tal en 2010 y hoy cuenta con mas de 250 familias y mas de 80 voluntarios y profesionales.”

Para quien los desconozca, la Fundación Olivares es en la actualidad un referente que ha llegado a traspasar nuestras fronteras por sus numerosos premios y galardones recibidos, realizando una labor encomiable por los niños enfermos de cáncer y otras patologías crónicas y con sus familias, todo ello impulsado, con una fortaleza inexplicable, por parte de Andrés Olivares. “[Sonrisa] Luis es muy feliz con todo lo que hacemos. La muerte no existe. Eso me llena de fuerzas, por eso yo lo acepto todo en la vida, lo abrazo todo y jamás me enfado “. Y desde luego, así lo demostró, a lo largo de esta entrevista. Cada respuesta iba precedida de una inenarrable sonrisa. Continuó durante la comida.

LA COMIDA

Uno de los platos
Uno de los platos

No sé si motivado por la profundidad de la conversación o por la hora que era, lo cierto es que teníamos el apetito bien despierto y así lo entendió Sergio, quien, coordinado en todo momento con su metre, María Florido, nos abrió mesa con una sorprendente ensaladilla rusa y a continuación unas gambas blancas a la plancha, de Málaga, que estaban extraordinarias. Todo ello acompañado de un vino blanco Avancia que hacía los honores a la mesa. Pero Andrés y yo continuábamos con nuestra charla y me interesé por nuevos proyectos a la vista. “[Sonrisa] ¡Uf! Muchos. Estamos terminando un videoclip de presentación y promoción, vamos a inaugurar un aula de integración sensorial para niños con patologías crónicas, una sala de meditación que a la vez valga de lugar de encuentro, una Escuela de Música, y más proyectos que aún están en su embrión”. O sea, que lo vuestro en un no parar. “[Sonrisa] Así es. De eso trata nuestra vida. Mira, la vida es un puzzle en el que siempre estamos quitando y poniendo piezas, y nuestro puzzle es este”.

Uno de los platos
Uno de los platos

A nadie se le escapa que tienes muchos apoyos, muchos seguidores, y también detractores, gente que dice que estás… “[Risas] Loco, dilo, no me importa. Toda la visibilidad que le pueda dar a la Fundación es poca. Por lo niños. Lo que no se ve es lo importante, lo mágico”. Como por ejemplo “[Sonrisa] Nuestras charlas con los niños, con sus familias. En momentos complicados. Esa es la magia”. En vista de que no parábamos de hablar, María continuó a lo suyo y nos sirvió una almejas de carril con caviar de Riofrío –un plato fuera de lo normal– unos boquerones a la plancha y una ventresca de atún de almadraba que nos obligaron a detener la conversación.

Decidimos descorchar un tinto, recomendación de bodegas Lara, Viña Pedrosa, que estaba extraordinario, que nos sirvió para maridar con el chuletón de vaca mayor asturiana que estaba de quitarse el sombrero. Para terminar con tan extraordinario recorrido, nos fue servido un brownie de chocolate al azafrán, especialidad de la casa. Riquísimo. Felicitaciones a todo el equipo al completo del Refectorium con el que acabamos haciéndonos fotos. Nos veremos pronto.

Uno de los platos
Uno de los platos

Para terminar nuestra conversación, le pregunté en primer lugar a Andrés por la involucración de Málaga en toda su labor. “[Sonrisa] Málaga es una gran ciudad, muy solidaría, y permíteme que nombre a Paco de la Torre. No me gusta personalizar en nadie, pero como alcalde de Málaga y por su apuesta, particular también, por nuestra Fundación, quiero expresarle mi agradecimiento. Y al resto de instituciones que nos apoyan. Gracias a todos”. Te gustaría enviarles un mensaje a esas familias que en estos momentos estén atravesando una situación como la que te tocó vivir. “(Silencio durante unos instantes) Les pediría que me permitan abrazar su dolor, acompañar su sufrimiento, llorar sus lágrimas y acompañar a su hijo en el tránsito”. Este es Andrés Olivares, el papa de Luis.

Los vinos

Blanco: Avancia. Es este un vino ligero y con refrescantes tonos ácidos. Su color amarillo nos recuerda el reflejo de un sol suave, como se comporta en el paladar. Muy acertado.

Tinto: Viña Pedrosa. Extraordinario vino de la D.O. Ribera del Duero ideal para acompañar carnes, cosa que hicimos en esta ocasión. Destaca por su color intenso y su equilibrio. Muy recomendable.

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