Afectados por las inundaciones en El Secadero: “Estar sin luz da mucha impotencia porque no ves qué altura está cogiendo el río”

El desbordamiento del río Guadiaro el pasado miércoles provocó el aislamiento de 1.500 personas del núcleo poblacional

Los vecinos desalojados en Casares por el temporal regresan a sus viviendas

Vecinos realizando labores de limpieza en una vivienda de la calle Gaucín. / M. J. S.

Los vecinos del núcleo poblacional de El Secadero, en Casares, intentan recobrar la normalidad entre humedad y barro, tras el desbordamiento del río Guadiaro el pasado miércoles a causa del temporal, lo que provocó la evacuación preventiva en dos ocasiones, la última el pasado sábado de una veintena de personas y 60 familias de la localidad vecina de San Martín del Tesorillo.

“Miedo” y “ansiedad” son las palabras más repetidas por los afectados, que no recuerdan una crecida similar del río en décadas, lo que generó el aislamiento de 1.500 personas por el corte de la carretera A-2102 tras ser alcanzada por el caudal, además de quedar en varias ocasiones sin luz, telefonía e Internet. A ello se suman los daños materiales causados en viviendas cercanas al río, como las de la calle Gaucín. Una de las más afectadas es la de Marina Girona y su familia, pese a las medidas preventivas con la instalación de un panel de un metro de altura, asegurando la joven que el agua alcanzó en el interior los dos metros y medio, contando desde el sótano.

"Las prevenciones no eran suficientes, entonces intentamos salvar las cosas más importantes en la planta baja y cuando vimos que llegó el agua, intentamos recuperar las de la segunda pero no daba tiempo porque el agua estaba por todos los sitios, no fuimos con el agua a la cintura”, ha relatado.

Uno de los viveros afectados. / M. J. S.

“Son momentos que no estás acostumbrada a vivir y te pasa de todo por la cabeza. Yo solo pensaba en mi hija", ha comentado la joven. "Lo pierdes todo, la casa y los negocios", ha lamentado, ya que la riada también se ha llevado por delante un vivero anexo a la vivienda con 40.000 plantas para la temporada de primavera y verano, así como se ha visto afectado otro local en el núcleo de San Enrique de Guadiaro destinado a la venta, en el que "los costes son impensables".

La riada dejó el pasado miércoles el garaje de la vivienda totalmente anegado. En la mañana de este lunes, varias personas limpiaban el espacio con bombas y mangueras. "Allí estaba la vida de mi marido, corría en moto profesionalmente y ahí estaban todas sus cosas. También las cosas de mi hija y los recuerdos de recién nacida, todo cubierto de barro", ha lamentado.

Marina se marchó con su familia el miércoles por su propio pie a la casa de su suegra, que está al lado, antes de ser evacuados los vecinos de la vía. El sábado volvieron a vivir el fantasma del desalojo, previa puesta a salvo de los peces que tienen en el acuario, y actualmente habitan en una apartamento del padrino de su hija en Casares.

"Aquí no nos podemos quedar. No tenemos luz ni agua caliente, la caja de la electricidad estaba en el sótano y nos hemos quedado sin nada. El termo está arrancado de la pared, en la cocina todos los muebles están inservibles e hinchados y la cama de mi hija de madera se ha partido", ha comentado respecto al estado actual de su vivienda, en la que el pasado jueves estuvieron los bomberos achicando agua y ayer entre 30 y 40 voluntarios vecinos fueron a ayudar a limpiar a la familia la casa al estar “toda llena de barro”.

Corte de suministro eléctrico y telefonía

Ángeles e Isabel Trujillano son dos hermanas que este lunes se afanaban en limpiar los restos de la riada en la casa familiar de la calle Gaucín, en la que reside su hermano, que estuvo desalojado desde el pasado miércoles hasta ayer domingo. El desbordamiento del Guadiaro alcanzó el patio trasero, afectando a “muebles” y “máquinas”.

"Lo he vivido con mucho pánico porque vivimos la riada de 1979 y el río no llegó tan arriba", relata Ángeles, recordando que el miércoles salieron de la vivienda con el agua en su puerta. "Eso nunca lo hemos vivido nosotros", remacha. Su hermana Isabel vivió igualmente la situación con angustia: "No tener luz te agobia mucho porque aquí a las 20:00 horas no había, y la verdad que da mucha impotencia porque no ves la altura que está cogiendo el río", cuyo estado pudieron comprobar con “móviles” y “linternas”.

Eloísa es otra vecina de la calle Gaucín. La mujer ha relatado que su casa estuvo "al límite" pero la riada alcanzó el patio trasero provocando varios destrozos, como la muerte de ocho gallinas y el almacén, ya que "estaba todo cubierto de agua". "A eso hay que buscar una solución”, ha remarcado.

Según ha comentado, el pasado miércoles no abandonó su vivienda y la familia se refugió en la segunda planta: "Para subir las escaleras me han tenido que coger", ha señalado sostenida en un andador. "Hoy me han bajado para dormir aquí, tenemos las maletas preparadas por si nos tenemos que ir a otro sitio con lo preciso mío y de mi marido”, ha referido.

"Lo hemos pasado muy mal, esos momentos se viven con mucha pena y mucha impotencia”, ha lamentado Eloísa, recordando que han pasado “miedo con las tormentas, esa manera de caer agua y toda la noche y todo el día vigilando”.

A ello se suma que los vecinos se quedaron varias horas del miércoles, jueves y sábado pasados sin luz teléfono ni Internet: “Yo no encontraba las pastillas ni los medicamentos y mi marido que está con una bolsa, no dábamos pie con bolo", ha relatado sobre el día del desbordamiento. El momento lo vivió "calmadita" porque “estaba una en shock”. “Ahora me está afectando más y estoy pensando lo que podría haber pasado”.

"Es como si estuviéramos viviendo una película"

"Es como si estuviéramos viviendo una película, lo que vivimos con la Dana que lo veíamos solamente por la tele", ha señalado por su parte Ivón Lujernia respecto al aislamiento que sufrió El Secadero la semana pasada. Esta vecina de la calle Gaucín ha relatado que “fueron cuatro días de mucha ansiedad”, aunque en su caso asegura que no ha sufrido el corte de Internet o agua. Sí del suministro eléctrico “por poco tiempo y fue de noche”.

Su familia fue desalojada el pasado miércoles, cuando el río alcanzó la vivienda por un callejón trasero hasta los 60 centímetros, pasando la noche en casa de un familiar. "Los vecinos nos ayudaron y empezamos a subir todas las cosas, así que no hubo tantas pérdidas”. Al día siguiente, encontró “la nevera flotando, el congelador y la lavadora". Aun así, se siente "afortunada" porque " hay gente que lo ha perdido todo".

“Esa noche no nos dejaron quedar y evacuaron toda la calle por lo que se esperaba para el sábado, fueron cuatro días fuera de casa viniendo a estar pendientes", una experiencia que ha vivido con "mucha ansiedad y mucho miedo" hasta que pudo regresar con su familia ayer domingo.

Álvaro Mayor es el farmacéutico de El Secadero. La riada le pilló fuera el pasado miércoles, en el “coche”, aunque ello no impidió que una técnica que vive en San Martín del Tesorillo pudiera abrir la farmacia. No así cuando se cortó el puente que une ambos municipios, por lo que el núcleo casareño quedó "completamente aislado” y no pudo abrir.

El hombre ha señalado que habló con los servicios de emergencias para "intentar pasar en lancha pero en ese momento no era seguro", por lo que finalmente llegó a El Secadero el pasado viernes en un vehículo del 061. "Me encontré sobre todo a personas muy afectadas, porque psicológicamente no es solo el hecho de que están muchas horas sin luz, sin cobertura, sin agua y sin saber cuánto tiempo iba a durar ese aislamiento", además de perder “muchos bienes materiales”.

Una vivienda tapiada. / M. J. S.

A la farmacia acudieron personas que “estaban preocupadas porque necesitaban un inhalador porque tenían dificultades respiratorias y se ponen más nerviosas y mas lo necesitan, bebés que toman leches especiales y estaban las madres preocupadas o algunas que habían perdido con la riada la caja donde todos guardamos los medicamentos, se había mojado entera y tenían que renovar todos sus tratamientos".

El farmacéutico ha tildado la situación como "muy agotadora porque te agota tanto física como mentalmente". "Me quedé aquí aislado al menos un durante un día con el resto del pueblo. Tenía que vivir en la farmacia y comer aquí, tengo una cama pero no es lo mismo”, ha relatado sobre la experiencia, asegurando sentirse “afortunado” al no haber tenido pérdidas o que ser desalojado.

Araceli Vega es otra vecina de la calle Gaucín que fue afectada por el desbordamiento del río Guadiaro, aunque en la primera planta de su vivienda “no llegó a rebasar” el agua al poner una tabla pero sí a la de su cuñado, donde alcanzó los 40 centímetros. La familia se guareció en la segunda planta y salió por la calle de atrás, ha contado la mujer, explicando con asombro cómo el caudal cubrió los naranjos que hay por frente.

“Nos quedamos incomunicados porque también cortaron el puente de San Martín del Tesorillo, que es donde vamos a comprar, al médico y a todo", ha apuntado, señalando que la inundación se ha vivido "con miedo porque estábamos muy pendientes de si nos íbamos o nos quedamos arriba porque no nos llegaba el agua y teníamos de todo".

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