Salud Sin Fronteras
José Martínez Olmos
Dos mundos separados
Las abundantes lluvias en la provincia de Málaga, más allá de los daños que han ocasionado en diferentes puntos, han dejado una profunda transformación del paisaje.
Uno de los más populares ha sido durante las últimas semanas la Presa de los Caballeros, conocida por muchos como el pantano fantasma de Montejaque por aquello de que las filtraciones que sufre por el terreno sobre el que se asienta hace que desaparezca rápidamente tras acumular algo de agua. Ha sido la primera vez que llegó al límite de su capacidad y tuviesen que entrar en funcionamiento sus aliviaderos. En su camino de descenso hacia la boca de Hundidero dejó una profunda cicatriz en el terreno que han obligado a cerrar accesos por seguridad. No obstante, desde los caminos situados alrededor del pantano todavía se puede observar el embalse que sigue acumulando una gran cantidad de agua.
A pocos kilómetros de allí se encuentra otro de los lugares que estos días recibe a cientos de personas, el nacimiento de los Cascajales en la barriada de la Estación de Benaoján. Del interior de la tierra sigue brotando con fuerza el agua forma una importante cascada tras su salida y que desciende en una especie de curso de aguas bravas hasta desembocar en el río Guadiaro.
Podemos continuar la ruta hacia Ronda y pocos kilómetros encontraremos otro referente de la provincia siempre que hablamos de agua, Cueva del Gato. Por este punto brota con fuerza el agua que se filtra desde el pantano de Montejaque y que, tras cruzar los cuatro kilómetros que tiene esta enorme cavidad, termina desembocando en el río Guadiaro. A su salida de forma una pequeña cascada y un lago de aguas cristalinas que es conocido por lo frías que se encuentran sus aguas tras el paso por la cueva.
Desde aquí ponemos rumbo a Cuevas del Becerro, localidad situada a unos 20 kilómetros de Ronda, y cuyo nacimiento en estos días ofrece otro gran espectáculo natural. Desde las rocas brotan diferentes puntos de agua que forman pequeñas cascadas antes de cruzar el casco urbano de este municipio en un descenso que le llevará forma otra importante cascada al dejar las últimas casas. A partir de este punto emprenderá un largo recorrido hasta terminar en el embalse del Guadalteba.
Precisamente, el conjunto formado por los pantanos del Guadalhorce, Conde del Guadalhorce y el propio Guadalteba, aunque este paraje podría merecer una visita por sí solo, ya que también posee diversas ventas en las que poder comer y pasar una jornada completa.
Un viaje que seguimos hacia Campillos. Allí, en las lagunas que se han formado a las puertas de su casco urbano se dejan ver los primeros flamencos. Es señal inequívoca de que nos estamos acercando a Fuente de Piedra, uno de los grandes humedales andaluces.
Tras años complicados, con escasez de precipitaciones, que han obligado a los propios flamencos a abandonar sus intentos de reproducción por a falta de agua, salvo el pasado año, en la actualidad la laguna principal “parece un mar”. Así la definía uno de los visitantes del espacio tras ver la gran cantidad de agua que acumula. También lo hacen las pequeñas lagunas que existen en los alrededores del centro de visitantes y que permiten ver a las aves más de cerca.
No obstante, el ir y venir de las mismas no cesa, aunque la mayoría espera un vuelo de algún grupo de flamencos para observar al ave más buscada e inconfundible por su rosa intenso.
No obstante, existe una gran variedad de anátidas que hacen que la visita en estos días sea un espectáculo visual y sonoro.
“Lo que más nos está gustando es el silencio, el escuchar el canto de los pájaros, patos, ranas o de los flamencos, es tranquilizar después de todo lo que hemos pasado en las últimas semanas”, ha señalado Beli Ramírez.
Mientras tanto, Ana María García, también se ha mostrado muy satisfecha con su visita al humedal. “Me está encantando, me gusta todo lo que son lagos, ríos o nacimientos, ahora tenemos muchos”, ha señalado
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