Patrimonio

La bodega Real Fábrica de Hojalata de Júzcar ya luce el reconocimiento de Hispania Nostra

La bodega Real Fábrica de Hojalata de Júzcar.

La bodega Real Fábrica de Hojalata de Júzcar. / Javier Flores (Júzcar)

Dos años han tenido que esperar en la bodega Real Fábrica de Hojalata, situada en Júzcar, para poder lucir la placa entregada por la asociación Hispania Nostra como reconocimiento a su proyecto de rehabilitación de la que fue una gran zona industrial en la que se ubicó el primer alto horno de España, una edificación que ahora puede visitarse como parte del recorrido que se realizada durante la visita a esta bodega que elabora tres vinos tintos y un blanco.

Enrique Ruiz, tras comprar la propiedad en 2001, decidió emprender un largo proceso para recuperar las ruinas de aquella vieja industria, conservar su alma y reconvertirla en una bodega de vinos naturales que en la actualidad se encuentra ya consolida dentro del mercado.

Un reconocimiento del que su propietario se siente muy orgulloso, ya que uno de sus objetivos era poner en valor ese pasado histórico y el papel destacado que tuvo en la industria esta zona que hoy se encuentra entre las afectadas por la despoblación. Además de contribuir a su desarrollo actual con un proyecto vinculado al mundo del vino y el enoturismo, ya que también posible dormir en las habitaciones que hoy albergan las viejas paredes que en su momento acogieron a los obreros que trabajan en las instalaciones siderúrgicas.  Contaban con su propia iglesia, de la que también se han logrado mantener algunos de aquellos restos tras muchos años de abandono.

Descubrimiento de la placa de Hispania Nostra. Descubrimiento de la placa de Hispania Nostra.

Descubrimiento de la placa de Hispania Nostra. / M.H. (Júzcar)

Unas viejas paredes que hoy albergan la zona de elaboración, barricas y descanso, todo ello rodeados por un viñedo de tres hectáreas en mitad de un frondoso bosque de alcornoques y situado junto al cauce del río Genal al que se puede acceder desde la propia bodega.

Ahora, Enrique Ruiz, se muestra ilusionado por poder recuperar la plenitud de su proyecto tras dos años de espera que asegura que han sido “muy duros”, en especial, el primero tras la declaración del confinamiento y durante los meses que duró la cuarta ola. “Aquí no venía nadie”, apunta, al tiempo que recuerda que las ventas a los restaurantes también desaparecieron, algo que no compensaba el repunte que registraron las ventas a particulares.

Hace tiempo que recuperamos la normalidad, la gente quiere divertirse”, explica Ruiz, que se encarga de atender a los visitantes y contarles la historia de este rincón de la provincia en el que se producen unas 10.000 botellas de vino en la actualidad. Una elaboración que tiene como principales mercados Málaga, Costa del Sol, Soto Grande, Sevilla y Madrid, aunque recientemente han recibido un encargo para llegar a Gibraltar.

Además, asegura que la filosofía del proyecto no cambió desde sus inicios, señalando que “seguimos elaborando vinos naturales de primera, cada vez mejores, porque vamos conociendo cada vez más la tierra y nuestra zona”, indicó Ruiz.

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