Entre bambalinas

Recuerdos de un día histórico

  • La Virgen del Rocío, cinco años después de su coronación, sigue siendo capaz de convertirse en una misma y varias realidades a la vez

Lleno en calle Larios en la coronación de la Virgen del Rocío. Lleno en calle Larios en la coronación de la Virgen del Rocío.

Lleno en calle Larios en la coronación de la Virgen del Rocío. / J. L. P.

Tal día como hoy, hace cinco años, también era domingo. Málaga aún arrastraba las ojeras de una noche memorable. La Victoria no supo velar porque su Novia llegó al amanecer de nuevo al corazón del barrio. Rodeada de fieles, cubierta por el calor de las preces y una última petalada blanca, la Virgen del Rocío se posaba de nuevo en su casa hermandad tras más de 14 horas desde su gloriosa salida de la Catedral.

Ya la salida del 11 de septiembre hacia el primer templo dejó ver que algo nunca visto en la ciudad estaba por venir. Al abrirse las puertas rojas de Párroco Ruiz Furest, una ola de aplausos se extendió hacia la Cruz Verde y el Altozano. Llegó el día que tanto se esperó y anunció a los cuatro vientos y el sendero hacia la Catedral fue multitudinario. Algo hacía presagiar ya, en esa noche anterior, que el día 12 quedaría marcado para siempre en el imaginario de la ciudad.

La coronación de María Santísima del Rocío fue un hito tan impensable como irrepetible. Detrás de cada momento hubo un amplio trabajo de sus hermanos, que se desvivieron por hacer posible una fecha antológica. Actuaciones, representaciones institucionales, decoración callejera, bandas de música, coplas de Carnaval, malagueñas y saetas… Incluso con dificultades e imposibilidades: calle Nueva iba a quedar engalanada pero el soporte técnico falló dos noches antes y el halo de la Virgen, una vez salió el trono de la Catedral, venció y hubo que buscar una solución que lo mantuviese firme. Las manos de Curro Claros hicieron lo necesario para que la presea aguantase toda la noche. Pero no fue suficiente para suplir todo lo que vino después.

Porque la imagen de San Lázaro es mucho más que la titular de una hermandad penitencial. La Virgen aúna tradición, folclore, fe y un espíritu indescriptible en una sola imagen. Levanta pasiones y emociones en el encuentro más sencillo de su ermita o en la noche de su trono por calle Echegaray. Reúne generaciones que no conciben su existencia sin la cercanía de la Novia de Málaga. Acuden a sus plantas esperando la reconciliación, la salvación y el reencuentro. Creyendo en la Virgen y superando las fronteras legales de una hermandad. Alaban en Pentecostés a la Madre de Dios que fue capaz de levantar pasiones inimaginables hace sólo cinco años. Hoy, de distintas maneras, todos recogen sus frutos.

Decía Eduardo Nieto, en aquella jornada única del 12 de septiembre de 2015, que qué tendría el color blanco para atraer tanto en esta ciudad. La misma pureza que, un día como hoy hace cinco años, la llevó de vuelta a su templo. La sencillez de saber convertirse en una misma y varias realidades a la vez. En el recuerdo hoy toca encontrar aire puro para afrontar la realidad de los próximos años en torno a la Virgen Coronada.

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