Historias del archivo

La Paloma, un cuarto de siglo en San Francisco

Los sagrados titulares de la Paloma en su casa hermandad el Miércoles Santo del año pasado.

Los sagrados titulares de la Paloma en su casa hermandad el Miércoles Santo del año pasado. / M. H.

25 años es tiempo suficiente para dar por concluido un cuarto de siglo. Dos décadas y un lustro en los que, en el sentido antropológico de la sociología, perece una generación para dar paso a otra. De José Arcadio Buendía a Aureliano Buendía. Y entre medias, la historia se va escribiendo.

Este 2020, se cumplen 25 años desde que la Paloma cambió su sede canónica, desde San Juan hasta su capilla actual, sita en la plaza de San Francisco. La corporación se había erigido en este templo hacía tres siglos. A finales de los 80, la cofradía vive un momento de especial importancia, con la bendición del nuevo Cristo de Miñarro (el 20 de noviembre del 88), que venía a sustituir a la talla de Navas Parejo. Esta nueva obra procesionó al año siguiente, en 1989.

Con la llegada de los 90, y la elección de José Luis Parra como hermano mayor, la Paloma comienza a trabajar en lo que por aquel entonces era una necesidad de primer orden: una casa hermandad. El contexto en el que había surgido este imperativo lo justifica todo: desde los 70, hasta 1990, la procesión había salido desde un tinglado situado en Hoyo de Esparteros, cuando todavía no existía el puente de la Esperanza. A principio de los 90, el punto de salida se traslada hasta un descampado en Puerta Nueva. Lo recuerda David Varea, actual vestidor del Cristo, que en el otoño del 90 había entrado en la junta de gobierno: “La procesión se formaba en San Juan y desfilaba por calle Fajardo hasta este lugar. Allí los tronos se incorporaban al cortejo para continuar con la procesión”.

Diego Hermoso, actual hermano mayor, hace referencia a los Miércoles Santo desde San Juan: “Era un milagro que aquello saliera adelante. Fusionadas procesionaba antes que nosotros y era imposible montar la procesión a la vez. Teníamos que esperar a que salieran todos sus nazarenos para que nosotros, que esperábamos en el patio del templo, pudiéramos acceder a las naves.

Se barajó la opción de adquirir ese solar. Otros cofrades preferían salir desde dentro de un templo, y no de una casa hermandad. El argumento acabó basándose en que era preferible cambiar de sede pero con el aliciente de salir desde dentro de una iglesia. Finalmente, el arquitecto y cofrade Antonio Valero fue el encargado de proyectar aquel encargo.

David Varea ocupó el cargo de albacea de cultos adjunto durante 4 años. De San Juan recuerda todo: “Hay una cantidad de momentos imborrables. Allí aprendí a colocar las flores, a vestir al Cristo… La sacristía actual era la sala capitular. Preciosa, con tres sillones para el hermano mayor, el teniente y el secretario... Hay fotos con el padre Gámez vistiendo allí a la Virgen”.

Pero este no era el único lugar que alberga momentos imborrables para los cofrades de La Puente. En la propia iglesia había un altillo que pronto se transformó en una salita para los albaceas. Allí “poníamos música” con un tocadiscos y, al tiempo, “nos dimos cuenta de que se escuchaba en el interior del templo”. A excepción de los tronos, que se guardaban en un local en Mangas Verdes, los enseres estaban en un cuartillo en las dependencias de San Juan. Todo allí, incluidas unas barras de palio de fundición de los años 20 que han sido reconvertidas en pasamanos, utilizados en algunos cultos.

La primera vez que Francis Márquez sacó el trono de la Paloma tenía 17 años. Al hablar de la etapa de Hoyo de Esparteros, no puede evitar acordarse de los encierros con letreros luminosos y bengalas: “Era lo típico en aquellos años”. En San Juan la cofradía “era una privilegiada”: las dependencias que tenía eran “más cómodas que las de otras hermandades de la parroquia”. En esto coincide Diego Hermoso, refiriéndose a que estos salones “eran los mejores”. Sin embargo, la casa hermandad supuso una revolución social porque, por primera vez, permitía tener unas instalaciones propias para los hermanos.

Francis Márquez recuerda a José Luis Parra como alma máter del cambio de sede. “Los hermanos fuimos descubriendo poco a poco las oportunidades que daba tener un salón de tronos. Antes, nos reuníamos en casas de particulares, restaurantes o alguna salita que hubiera. Todo fue un cambio. A mejor, por supuesto”, afirma. Entre los recuerdos de aquellos años, quedan las letras del columbario antes de que estuviera inaugurado y la medalla, en la que se puede leer “San Juan”.

En octubre se cumplirá un cuarto de siglo desde que la hermandad de la Paloma abandonó San Juan. Las imágenes fueron portadas en los tronos del Cristo de la Exaltación y la Virgen del Mayor Dolor, ambos pertenecientes a Fusionadas. La corporación se encuentra inmersa en una serie de actos conmemorativos de diversas efemérides. El 25º aniversario de la nueva casa hermandad, 50º aniversario de la bendición de la Virgen y 75º del hermanamiento con el Ayuntamiento de Madrid.

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