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La Esperanza renueva el ábside de su basílica

  • La corporación nazarena mejora sus instalaciones y basa la nueva obra en el diseño bizantino de la capilla de Santo Domingo, destruida en 1931

Imagen renovada del ábside en la basílica de la Esperanza. Imagen renovada del ábside en la basílica de la Esperanza.

Imagen renovada del ábside en la basílica de la Esperanza. / Javier Albiñana

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Seis meses después de su traslado a Santo Domingo, las imágenes del Nazareno del Paso y la Virgen de la Esperanza vuelven a presidir el altar mayor de su basílica ubicada en El Perchel. La hermandad del Jueves Santo ha presentado la decoración pictórica del ábside y una imagen renovada del templo de calle Hilera.

La principal novedad para los hermanos y devotos que han acudido a mediodía a contemplar la nueva imagen de la basílica en su reapertura se centró en el ábside. El espacio, más reducido en planta respecto a la anterior instalación, ha sido diseñado por Javier Sánchez de los Reyes y realizado por Francisco Naranjo, Ángeles Mulero y José Antonio Jiménez. Los elementos geométricos y vegetales policromados sobre pan de oro, siguiendo la técnica del estofado, centran la decoración. La composición se basa en la obra realizada para la capilla que la corporación nazarena ocupaba en Santo Domingo, de estilo bizantino, y que fue destruida junto al templo en mayo de 1931, a pocos meses de su presentación.

Aprovechando el remate del ábside, y dentro de un sol de oro, la palabra “Dios” en hebreo abre el conjunto, que se prolongan hacia una cornisa en la que se inscribe, entre el alfa y el omega, el versículo en latín del evangelio de Lucas al que se dedica la obra: “Concebirás y darás luz a un hijo y le pondrás por nombre Jesús”, en referencia a las imágenes del Nazareno del Paso y la Virgen de la Esperanza.

Descendiendo, y usando tonos verdes y morados mezclados con el rojo, la decoración incluye un arco de medio punto que engloba a las imágenes y grandes paños decorados con la flor de lis y motivos geométricos. “En el zócalo se han incluido los símbolos de la Pasión, la Esperanza, la inscripción JHS y el Ave María, que están presentes en los escapularios de la corporación”, explicó Francisco Naranjo, uno de los autores de la obra.

Además de la decoración pictórica, el ábside queda cerrado por los dos grandes lampadarios, dispuestos sobre el presbiterio, que han sido restaurados y plateados por completo, al igual que el Sagrario. El altar queda completado por dos módulos de mármol y un friso con un arco de medio punto que completa el frontal.

A su vez, la basílica cuenta con una nueva sala para cambiar a las imágenes y ha cambiado el sistema de iluminación, ventilación y electricidad. La pintura completa del interior, limpieza de vidrieras y pulimentado del suelo culminan una reforma que, desde su inauguración en 1988, ha sido la más profunda según contaron los hermanos de la archicofradía.

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