Entre bambalinas

La bahía, a vista de tierra

  • Será extraño no acudir a desmadejar los barrios con la presencia de la Virgen del Carmen en sus calles

Turistas observan a la Virgen del Carmen con la ciudad al fondo. Turistas observan a la Virgen del Carmen con la ciudad al fondo.

Turistas observan a la Virgen del Carmen con la ciudad al fondo. / J. L. P.

A pie de la orilla, con la luz de la tarde, la Virgen del Carmen surcando el mar. Otra escena imposible de grabar en la memoria en el año del Coronavirus. Todo el litoral se verá privado de sus procesiones marítimas y de los trajes de marengo. En una provincia costera, casi se podría dar por perdido uno de los eventos más naturales y populares del verano (sin el permiso de la Feria). Las circunstancias mandan, es obvio, pero será extraño no acudir a desmadejar los barrios al calor bajo las mejores galas, las decorosas pero, a la vez, frescas.

La hermandad del Carmen del Perchel anunció el día 1 de julio la suspensión de sus distintas procesiones públicas (rezo del rosario hasta el puerto, bendición de las aguas, traslado a la Catedral y salida gloriosa hasta su barrio). La novena se vivirá con las medidas básicas en el interior de su templo y, tanto en su festividad como en el día de su salida, no faltarán los actos para acercarse a la imagen de Navas-Parejo.  Además, el estandarte bendecirá las aguas el domingo 19 a mediodía para que no se pierda el emotivo acto.

Con este anuncio, sólo queda saber qué hará la Virgen del Carmen de los Submarinistas. Pensándolo fríamente, no faltará una imagen carmelita bendiciendo las aguas, puesto que, desde las profundidades de la bahía, se podrá obrar este momento si se tiene fe. Al final, como en todos los episodios vividos en los últimos meses, los cristianos tenemos que agarrarnos a lo que no se ve, haciendo distinta la espera de este eterno Adviento, aunque nada ni nadie nos quite ese pellizco del vacío que queda.

Sí convendría aprovechar este mismo tiempo para realizar una reflexión: ¿Somos capaces de afrontar la fe sin procesiones? ¿Son las hermandades capaces de subsistir cuando su principal acto queda relegado al silencio? Parece que existe una clara resistencia a mantener “lo de siempre” porque funcionó mientras vivíamos sin freno. Y en esta absurda normalidad queremos adelantar los tiempos para que todo vuelva a ser procesionista, para que no nos falten estrenos, para que los pregones vuelvan a balancearse entre la obra maestra y la oda a la mediocridad.

En el ocio de julio llega otra oportunidad –la enésima, con toda probabilidad- para reinventarnos de verdad y buscar esa renovación como la que la Virgen del Carmen realizaba con las aguas del litoral cada vez que surcaba el Mediterráneo sobre una jábega. Sobrevivimos a la desamortización, la quema de conventos, la Guerra Civil y las mentes obtusas cuando el país cantaba libertad. ¿Estaremos dispuestos esta vez?

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