Estefanía Recio García | Dibujante y fotógrafa “En los dibujos, la mirada tiene que decir algo”

  • Las fotografías que más le inspiran son las de sus Titulares

  • La clave de la pintura está en dedicarle tiempo a uno mismo

Estefanía Recio durante una sesión de dibujo

Estefanía Recio durante una sesión de dibujo / E.R.

Del arte de la fotografía al arte del dibujo. En la vida de Estefanía Recio está presente la imagen, el barrio de la Victoria y una Málaga imborrable en las plumillas de su cuaderno.

–¿Qué recuerda de sus primeras vivencias cofrades?

–A la cofradía del Rocío. Salía en el cortejo de niños con la Virgen porque mi padre era campanillero del Nazareno de los Pasos así que mi primera túnica de nazareno fue blanca. Pero al poco tiempo comencé a salir en el Rescate; mis tías y mis primos eran hermanos así que fui con ellos.

También soy hermana de la Humildad porque mis padres siempre han estado muy vinculados al coro de la iglesia desde que eran jóvenes. Siento que me criado en la parroquia de la Victoria y siento una vinculación muy fuerte con el Cristo y la Virgen de la Merced, aunque soy hermana desde hace diez o doce años.

Aunque fue en 2019, cada vez que hablo de la primera vez que saqué el Cristo de la Humildad digo que fue “el año pasado”, quizá tengo la sensación de que el tiempo no ha pasado. Ese Domingo de Ramos fue muy especial porque desde fuera se puede ver bonito, pero desde dentro te das cuenta de que además es bueno. Para mí fue espectacular llevarlo a Él y la banda de cornetas detrás. Estoy loca por volver a vivirlo.

–¿Cómo eran los Martes Santos antes de la pandemia?

–Depende. Empecé a salir con cinco años pero con 22 cambié el chip. Mis primos ya no salían así que hubo unos años en los que opté por participar en la procesión. Eso sí, durante el Martes Santo iba acompañándolos a Ellos. Todo el camino. Cuando entré en la junta comencé a vivir la jornada desde muy temprano, con los preparativos previos en la casa hermandad y luego comiendo con todos los hermanos.

–Pero también trabajando.

–Sí, por aquel entonces tenía un proyecto en mente que acabé lanzando llamado “Calle Agua 15”. Era un documenta audiovisual en el que intenté reflejar cómo se vive la hermandad durante todo el año, incluido el Martes Santo. Conseguí captar momentos únicos, como los nazarenos vistiéndose en el patio o los momentos previos a la salida.

–¿Por qué decidió volver a salir?

–Porque tenía la espina clavada. Veía la procesión de fuera y sentía mucha pena. Mi sitio no era estar allí, sino dentro de la procesión. El último año que salimos lo hice como mujer de trono de la Virgen de Gracia.

–¿Se ve distinta la hermandad cuando uno está involucrado?

–Sí, y tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Muchas veces digo que el mundo cofrade se vive con más felicidad desde la ignorancia porque aprecias mejor algunas cosas. Eso no quita que los años en los que he estado en la junta los haya vivido con muchísima ilusión. En parte tienes el privilegio único de vivir ciertas cosas, como los preparativos o la subida del Cristo a la Victoria. Tengo un recuerdo que para mucha gente puede parecer una tontería pero que para mí es muy importante y es que la vela de “Lágrimas de vida” que lleva la Virgen en homenaje a los donantes de órganos estaba pintada por mí.

Sin embargo, cuando lo ves desde fuera y te encuentras todo preparado te llevas la sorpresa. Quizá te hace más ilusión ver de golpe el resultad final. Con el cansancio acumulado de los preparativos, el día grande lo ves como un día de descanso y no tanto de disfrute.

–¿Cómo ve su cofradía a través del objetivo de la cámara?

–Lo único que sé es que no me canso de hacerles fotos. En mis redes siempre van a aparecer imágenes del Cristo de la Humildad y la Virgen de Gracia. Siempre. Con otras Imágenes me pasa que no estoy inspirada, o que no se me ocurre qué plano escoger. Con Ellos siempre encuentro la forma de reinventarme y de captar instantes nuevos. Me inspiran para hacer fotografía y es en ese ratito cuando más disfruto.

–¿Y a través de la pintura?

–Sí, hace tres años me compré un libro enfocado a aumentar la creatividad y decía que nunca era tarde para empezar. La clave estaba en dedicarle tiempo a una misma y, un día a la semana, tener una cita con tu faceta artística. Conseguí un cuaderno de dibujo y empecé a pintar cosas que me gustaban de Málaga.

–Recuerdo un programa de Bajo Palio que se hizo desde una cofradía y al rato compartió en Twitter una fotografía de la plumilla con la mención a la radio.

–Justo ese fue el mes en el que empecé a dibujar fachadas de casas de hermandad.

–¿Por qué fachadas de cofradías?

–No lo sé. Tengo dos artistas a los que admiro muchísimo. Uno de ellos es Revello de Toro, mi pintor favorito. El otro es Luis Ruiz Padrón, y lo que él dibuja es arquitectura. Viendo su obra me di cuenta de que quería tener un recuerdo de la Málaga que estoy viviendo ahora, sobre todo teniendo en cuenta que el urbanismo de la ciudad cambia constantemente. Es por ello que decidí pintar edificios que me gustaban en tinta y, como era cuaresma, pues pensé que lo mejor era reflejar iglesias y casas de hermandad.

–¿Funciona la pintura también como crónica del presente?

–Muchísimo. A Luis Ruiz le encargué un dibujo de la fachada de casa de mi abuela porque es también como mi casa y como mi presente. En el futuro quiero mirar ese cuadro y poder volver a sentir lo que un día viví.

–¿Cómo se prepara para pintar?

–Yo soy administradora de fincas así que le dedico el tiempo de ocio que tengo. Es verdad que se está convirtiendo un poco en mi trabajo pero lo disfruto tanto y me gusta tanto que no me supone ningún esfuerzo. Consigo relajarme y desconectar. Normalmente escucho marchas o podcast de radio que tengo acumulados. Eso me inspira.

–¿Por dónde comienza un dibujo?

–Tengo la costumbre de empezar siempre por los ojos porque si la mirada te dice algo, puedes continuar con el dibujo. Si no ha salido como debe, el resto de la pintura no va a salir bien.

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