Entre bambalinas

Con los pies mojados en la orilla

  • La festividad de la Virgen del Carmen se pudo vivir en los templos y se convirtió en el primer gran evento cofrade desde el Miércoles de Ceniza.

Hermanos de El Palo y Pedregalejo, ante la Virgen del Carmen. Hermanos de El Palo y Pedregalejo, ante la Virgen del Carmen.

Hermanos de El Palo y Pedregalejo, ante la Virgen del Carmen. / J. L. P.

El pasado día 16 Málaga apenas pudo volverse marinera. Aceptó con resignación que la tarde no se viviese a pie de playa, esperando al ocaso con la Virgen del Carmen entronizada en una jábega y repartida por el litoral para que no quedase una esquina del inmenso Mediterráneo sin bendecir. Las circunstancias mandan y, en el fondo, se debe contemplar como un ejercicio de responsabilidad colectiva. No era prudente salir en procesión cuando parece que el virus vuelve a llamar a la puerta con insistencia.

Pero no faltaron los tradicionales símbolos que nos indican el punto de desequilibrio del año, ese que ya nos marca el sendero hacia diciembre. La festividad de la Virgen del Carmen se pudo vivir en los templos y se convirtió, casi sin querer, en el primer gran evento cofrade desde el Miércoles de Ceniza. Se pudieron ver los trajes de marengo, tan impolutos como cualquier día 16 de julio. Medallas al pecho, biznagas prendidas del pelo de las devotas, el traje nuevo y fresco para la ocasión. Parecía que nada había cambiado.

En Pedregalejo, entre las terrazas a medio gas, se presentaba el arco con su “Viva la Virgen del Carmen” mientras la imagen presidía la parroquia del Corpus Christi sobre su trono. El templo se vio abarrotado (hasta donde el aforo máximo permitía) y las súplicas de los devotos fueron una constante en medio de un dispositivo de limpieza impensable en otras circunstancias. Hacia el este, en el templo de las Angustias, la talla de El Palo veía limitada la presencia de fieles a un rápido saludo con la cabeza y un rezo, pues la cola debía avanzar.

Esa escena se repetía en Huelin, a cuya Virgen cantó en redes sociales Diana Navarro. Horas antes, en el Perchel, fue imposible entrar a raudales como en otras ocasiones para realizar la felicitación al Carmen Coronada. Hoy volverá a salir, simbólicamente, a través de su estandarte para bendecir el mar a partir de las 12:00. Así, mientras la patrona de los Submarinistas mantiene sus vistas en el interior de la Bahía, culminará una jornada para la historia.

Y ahora… ¿qué queda? Ser tan responsables como se exige a un hermano durante la procesión marítima de la Virgen del Carmen. Sobre el mar navegan en una barca que aguanta el envite de las olas y saben que cualquier imprudencia puede acabar con su devoción dañada. Es una precisión milimétrica que, para poder volver a verlas surcar las aguas, requiere trasladarse a la vida diaria, al aguantar nuestros deseos de despreocuparnos para poder acabar con esta racha. El sacrificio colectivo para escuchar de nuevo la Salve marinera con los pies mojados en la orilla.

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