Intervención esperada

Pablo Motos y Santiago Abascal en 'El Hormiguero' más tenso

Santiago Abascal sonríe estoico ante una de las preguntas de Motos, más erguido que de costumbre Santiago Abascal sonríe estoico ante una de las preguntas de Motos, más erguido que de costumbre

Santiago Abascal sonríe estoico ante una de las preguntas de Motos, más erguido que de costumbre / Atresmedia

Si Pablo Motos hubiera entrevistado a todos sus invitados con el celo, la avaricia periodística y la pauta tan detallada como ha hecho este jueves con Santiago Abascal el presentador de El Hormiguero habría sido el mejor relevo histórico de Larry King en la CNN. Ha sido un programa tan tenso como intenso.

Por momentos parecía que el guionista del programa de Antena 3 era el mismísimo Ferreras. Qué afán y qué tensión, mientras por el pajarito se reliaban 40.000 tuits pidiendo el boicot contra el programa por la presencia del presidente de Vox. La entrega fue sólo de entrevista, con una relajada aparición de Trancas y Barrancas muy al final, pero sin bajar la guardia en ningún momento. Hasta el público estaba encorsetado y no hubo ninguno de esos aplausos que se sueltan cuando el invitado tiene una frase con fortuna.

Santiago Abascal saluda al público Santiago Abascal saluda al público

Santiago Abascal saluda al público / Atresmedia

El valenciano abrió el programa aclarando que con la asistencia de Abascal se abría la ronda de visitas de los líderes políticos ante la cita del 10N y que era inevitable la presencia de Vox, "porque Vox existe", "no sería democrático no invitarles", aportando sus datos de representantes, aunque redujo a 2 los 24 diputados de la formación.

Era una justificación evidente que olvidaban los que pronunciaban alaridos de resquemor contra el programa de Antena 3.

"Me han insultado más que en 14 años", lamentaba Motos a su invitado que, a lo Pablo Iglesias, traía su atrezzo oportunista, con unas pastillas de ibuprofeno y una botellita de aceite, para calmar los golpes. Santiago iba sin su caballo blanco, pero parecía recién bajado de él, como llegaron a bromear. Se presentó con camisa celeste y pantalón vaquero. Como si hubiera bajado al bar a hablar con un amigo.

Después de la primera sonrisa de Abascal hubo que aguardar 7 minutos de publicidad, que de eso vive Atresmedia, con el programa que los datos de audiencia de este viernes confirmarán que ha sido de lo más visto del año pese a las peticiones de boicot.

Motos aprovechó para relatar con detalle cómo Pedro Sánchez, que cuando estaba en la oposición fue pionero en dejarse caer ante las hormigas, se ha ido negando a no acudir a esta última llamada.

El diputado aclaró que en la anterior campaña no estuvo en este programa, cuando aún no había sido elegido por las urnas, porque su madre le aconsejó que no acudiera para que no hiciera el rídiculo bailando. Dado el cariz parece que en esta andadura de aspirantes a la Moncloa no habrá coreografías como la de Soraya, ni happenings estridentes, ni cantos de guitarra.

Un momento de la entrevista de Santiago Abascal Un momento de la entrevista de Santiago Abascal

Un momento de la entrevista de Santiago Abascal / Atresmedia

En el interrogatorio sin resuello Motos quería salir airoso ante los críticos, pero quien salió airoso de verdad fue Abascal. En resumen: no dijo tonterías excesivas, no fue descacharrante en ningún momento, todos sus argumentos fueron razonables dentro de su ideario reaccionario y no se metió más allá de la hondura de la playa. No estamos ni ante Trump ni ante Boris Johnson, pero arremetió con más incisivos al "pasado criminal" del PSOE, a la memoria histórica desde la derecha sobre los políticos socialistas en la república. También hubo recuerdo con guasa de Albert Rivera, que se hacía fotos con él antes de Vox. Sobre la exhumación de Franco, "una figura histórica", insiste en que todo forma parte de un complot para derribar más adelante la monarquía, y fue de lo más estrambótico que pronunció. Cuando Abascal se pone victimista resulta inverosímil.

Pablo Motos, que suele enredarse en unas entrevistas desordenadas, en esta ocasión siguió el diálogo al dedillo: aborto, eutanasia, LGTBI, Franco, pasado personal (Abascal reconoció que no se siente orgulloso de su trabajo en la administración madrileña al servicio del PP), cambio climático, Cataluña. Con ese toma y daca tal vez ha sido la aparición televisiva más nutritiva del presidente de Vox.

Tras el agotador duelo dialéctico el invitado le quitó las pastillas a su entrevistador. "No te van a hacer falta ya". Los boicoteadores ya estarían más calmados. El hashtag de El Hormiguero para este jueves (#SantiagoAbascalEH) ya superaba a las 23.30 los 72.000 tuits, cerca de las inserciones enfrentadas a vueltas con un boicot que no hacía falta y que no era para tanto.

¿Que no era para tanto? Muchos indecisos de derecha habrán sido tentados esta noche por el líder de Vox, entre la barba pluscuamperfecta armada de sonrisa y su capacidad de encaje. No estábamos ni ante un hooligan, ni ante un troglodita. Abascal quiso dar la imagen de un romero limpito, un calmado aspirante, aseado y seguro de sí mismo, como ese cuñado formal que no te fallaría en una mudanza. O tal vez se autoboicotea y no aparece.

El martes, llegará el siguiente, Íñigo Errejón. Seguro que para entonces Pablo Motos se relaja un poquito más.

 

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