Remembranzas de algunos lunes de resaca
Contracrónica
La fecha, que nació como insólito festivo, tuvo su reflejo taurino en aquellas corridas de Guardiola que duraron dos décadas justas. Seis años más tarde, en idéntica jornada, se despidió Manzanares
Qué buen torero es Escribano
Imágenes de la corrida
Ambiente en la Puerta del Príncipe
Contracrónicala corrida del lunes de resaca -como la larga simbiosis de la empresa Pagés con Curro Romero- no sobrevivió al viejo Canorea. La última se celebró en el año 2000, una Feria que había preparado el recordado empresario manchego pero no pudo verla… El bueno de don Diodoro había fallecido a finales de enero de aquel año, con las combinaciones de toros y toreros a punto de caramelo. Fueron presentadas por su hijo Eduardo y su yerno, Ramón Valencia, actual gerente único de una firma que ya apunta al centenario con el fielato de la revisión del célebre contrato, prevista para 2025, en el horizonte más cercano.
Aquel postrer lunes de resaca volvían a los clásicos pedrajas de la familia Guardiola, marcados con el hierro de María Luisa Domínguez y Pérez de Vargas, que habían dado carácter a la jornada desde los tiempos de la institución de una fiesta que daba por sentado que el personal se había puesto hasta las manillas. Fue el original concejal de Fiestas José Luis Ortiz Nuevo -que también era periodista y flamencólogo, creador de la Bienal de Flamenco- el inventor de aquella jornada de descanso que tuvo poco recorrido, pero se tradujo en lo taurino en el establecimiento de un epílogo que no tardaría en ser identificado con el hierro que pasta -o pastaba- en los predios del Toruño utrerano. La cosa tomó cuerpo a comienzos de los 80 pero, suprimido el festivo laboral, la corrida del lunes posferial se mantuvo hasta la bisagra del siglo anunciando en su último pase a los diestros Antonio Punta, Domingo Valderrama y un tal Samuel López que escuchó hasta dos avisos.
Para entonces, los pedrajas ya habían hecho clásicas y hasta demasiado preconcebidas sus espectaculares peleas en el caballo. En el recuerdo permanece el célebre y muy bravo Topinero, que propició un auténtico modelo de lidia coral de los hombres de Tomás Campuzano. Fue el 25 de abril de 1988. Alfonso Ordóñez, el quinto hijo torero del Niño de la Palma, lo lidió en maestro; Paco Martín Sanz le había picado con excelencia y Mariscal y Paco Puerta lo banderillearon con la solvencia acostumbrada. Campuzano, en gran torero, lució sus embestidas con generosidad antes de cortarle una valiosa oreja. La vuelta al ruedo, con el picador y el mayoral Luis Saavedra, fue de clamor. En estos tiempos habría sido indultado…
Suprimida la corrida del lunes de resaca, hubo que esperar seis años para contemplar un festejo cubriendo la antigua jornada de descanso. Como en 2023, el primero de mayo de 2006 cayó en lunes. La ocasión la pintaban calva para amparar la presentación del entonces novillero Cayetano Rivera Ordóñez en la plaza de la Maestranza en un cartel de algodones. Se concibió como un festejo mixto, fuera de abono, que incluía la actuación el rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza y el matador de toros José María Manzanares, anunciado para estoquear dos toros de los hermanos Lozano, sus apoderados.
Aquel evento se había previsto de una forma y se acabó resolviendo de otra. Después de un gran esfuerzo -sin poder dar ni un muletazo a las nulas reses que le habían encerrado- se encaró con sus mentores, los mandó a paseo y requirió unas tijeras para que su hijo Josemari, vestido de paisano, le cortara la coleta en medio de una impresionante emoción. Toreros de todas las épocas le sacaron por la misma Puerta del Príncipe que le habían negado en otro tiempo. Se marchaba un torero de toreros…
Decididos a aprovechar la estela del día festivo y la esa invasión -más o menos silenciosa- que llega desde los vagones del AVE, la empresa había decidido ampliar en una jornada el ciclo continuado de festejos desplazando la corrida de Miura de su fecha más habitual evocando aquellos perdidos lunes de resaca. La verdad es que pesaba el día de más, como pesa esa Feria desmesurada de los Gordales, llena en su estreno y derrotada en su final. Pero es sabido que hasta el rabo todo es toro y la clausura del serial acabó siendo el recipiente de otra faena que incluir en el amplio friso de excelencias de un ciclo que merece contar en los mejores anales del coso sevillano.
Ya lo cuenta el maestro Peris en las páginas de aquí al lado: hubo que esperar a la salida de ese cuarto para que la tarde, que caminaba ya hacia el despeñadero, diera una rotunda vuelta. Fue el mejor, con mucho, del declinante envío de los campos de Zahariche que tuvo mejor fachada que fondo. Pero la ganadería de Miura brinda estas sorpresas: en medio del desánimo general saltó ese Choricero, exigente en todo, que se iba a encontrar delante un torero en auténtica sazón que lo partió por naturales. Hay que subrayar la hazaña de Escribano: ha cuajado dos de las mejores faenas del ciclo a sendos ejemplares de Victorino Martín y Miura que también hay que incluir en la extensa lista de toros notables que han saltado al ruedo sevillano. En su pueblo tienen donde elegir. No sabemos qué tendrá el agua de Gerena…
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