San Pablo Burgos-Unicaja

Gripados en Burgos (88-79)

  • Tras siete victorias seguidas, el equipo malagueño detiene la secuencia en un mal partido en Burgos

Wiltjer, ante Thompson. Wiltjer, ante Thompson.

Wiltjer, ante Thompson. / ACB Photo

Al Unicaja se le gripó el motor en Burgos. Tras siete victorias consecutivas, traqueteó e hincó la rodilla en la intensa caldera de una ciudad que ha encontrado en el baloncesto su seña de identidad deportiva. Allí se rifan caras las victorias, perdió el Baskonia en la primera jornada y el aviso estaba. Compitió a duras penas el equipo de Luis Casimiro, que tuvo opciones hasta bien entrado el último cuarto. Pero encadenó errores de todo tipo, en ataque y en defensa, cuando el San Pablo Burgos le dio varias opciones serias de meterse en el partido. Y perdió de manera muy merecida (88-79).

No es ningún drama, pero escuece porque era, viendo el desarrollo del partido, una derrota evitable del Unicaja. Distó mucho de su mejor versión. No metió, no estuvo fluido, no se sintió cómodo en ataque en casi ningún momento, apenas un tramo en el segundo cuarto. Y fue cuando fue capaz de defender a buen nivel. La identidad defensiva del equipo de Casimiro aún está en pañales, más aún sin Alberto Díaz. Exige tino el baloncesto que se propone. El 60% de tiros de dos es bueno, excelente, pero hace falta la guinda del triple para compensar. Con un 20% no se ganarán muchos partidos.

Sería simplista, no obstante, reducir a la falta de acierto en el triple. En pistas así hay que competir, ser continuos. O una inspiración sublime, como la que tuvo Wiltjer en Manresa, para virar una tendencia de partido incómoda como la que el Burgos propuso. Es interesante, justo es reconocerlo, el equipo que ha montado. Ya no es recién ascendido, parece un proyecto para años, de calado en ACB. Cancar o Thompson tienen nivel muy alto, quizá de un Unicaja a no mucho tardar. O algo más el serbio. Fitipaldo es un estilo Campazzo que tiene mucha hambre y que hizo bastante daño durante todo el partido. Y así se fueron sumando jugadores, con más ilusión que el rival, un Unicaja que no tuvo una quinta marcha en el coliseo burgalés.

El dominio inicial cajista contrastó con otras salidas con más caraja, pero se cortó rápidamente porque el nivel de intensidad burgalés fue superior durante más tiempo. Y cuando la inspiración no se tiene hay que igualar el partido desde atrás. Demasiadas canastas fáciles, cerca del aro malagueño, consiguió el equipo de Epifanio, un técnico sin nombre pero que está haciendo las cosas bastante bien. Fraser, Fitipaldo y Thompson se turnaban para que su equipo mandara al final del rimer cuarto (22-16). Entraba demasiado fácil el San Pablo hasta la cocina del aro, que no tenía protección. Es uno de los problemas que se adivinan al equipo malaguño, dentro del clima positivo que reina, una falta de protección del aro.

El Unicaja tenía el problema serio desde el triple. Es esencial en el baloncesto moderno meter. La diferencia entre un 20% y un 40% en triples cuando se lanzan 30 son 18 puntos. Son puntos que se perdieron por el camino respecto a los puntos habituales. Y se marchaba el cuadro local (29-19).

Los mejores minutos del partido, en clave cajista, fueron en el segundo cuarto, para remediar esa diferencia. Buena intensidad defensiva, que permitía correr y cerrar grietas. Salin metía, al fin, un triple e igualaba el marcador (33-33). Jaime Fernández metía una estética bandeja para dejar el marcador comprimido al final del primer tiempo (38-37).

La salida tras el descanso fue demoledora y mostró la diferencia de hambre que había entre los dos equipos. El Unicaja perdía el balón con el que atacaba de salida, en el saque de banda, para ponerse arriba. El Burgos olió la sangre e hizo ahí la diferencia de 10 puntos (53-43). Quizá tardó Casimiro demasiado en pedir un tiempo muerto, confió en sus hombres. En ese margen entre cinco y 10 puntos se movería el resto del encuentro. El Burgos apretaba el acelerador pero el Unicaja no entregaba el duelo. En un día oscuro y de escasa brillantez hay que reconocerle ese orgullo al equipo de Casimiro, que compite incluso cuando no hay ideas o piernas.

Fitipaldo castigaba al Unicaja, que no obstante se fabricó una oportunidad de regresar al partido. Con 70-64 falló tres ataques consecutivos, con malas decisiones de Salin. Con 75-68, Lessort falló dos tiros libres de una antideportiva y se perdió el balón en el saque lateral. Síntomas de que la concentración y la inspiración no era la óptima. El castigo, una racha cortada y una derrota merecida en Burgos.

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