Resultado y crónica del EWE Oldenburg - Unicaja Naufragio en Oldenburg

  • El peor Unicaja se abandona en Alemania y ve cortada su racha de victorias

  • Faltó nervio atrás (91 puntos encajados) y el ataque fue muy pobre, con mucho bote y escasa circulación

Avramovic intenta parar a Blakes. Avramovic intenta parar a Blakes.

Avramovic intenta parar a Blakes. / EWE_basket

Retroceso inesperado del Unicaja en Oldenburg. Calamitoso partido del equipo malagueño, que frenó en seco después de seis victorias consecutivas. Ofreció una imagen paupérrima, desactivado, como si no le apeteciera jugar el partido, el cuadro de Casimiro. Y no es esa la seña de identidad con la que se ha construido una mejora que desapareció absolutamente en tierras alemanas. Ante un rival que no había ganado aún en la Eurocup y que salió con varios niveles más de intensidad, el Unicaja quedó desnudo, desprovisto de las que deben ser sus señas de identidad. Abuso del bote, circulación de balón espesísima, jugadores que solapaban y mataban espacios...

Fue un partido negro, ciertamente. Se perdió hasta por 24 puntos, aunque se maquilló hasta el 91-78 final. No es una derrota trascendente desde el punto de vista clasificatorio, pero sí debe hacer reflexionar la desconexión de tantos minutos en un partido. Seleccionar esfuerzos y usar el on/off para activarse, se ha encargado de repetirlo Luis Casimiro, es un camino erróneo para la mejora y para el fortalecimiento de una identidad de la que ya ha habido trazas, pero que quedó desdibujada en el Grosse EWE Arena, donde se perdió la invencibilidad. Es un detalle de la igualdad que reina en la competición que el Partizan sea el único invicto (4-0) de los 24 que participan. Y que sólo hay tres equipos sin estrenar el casillero de victorias. Es un síntoma de que hay que tomarse muy en serio el juego para ganar en cada pista del continente. Hay ejemplos de juego refrescante, el número de equipos muy asequibles es reducido. Hobbs, Boothe o Sears fueron jugadores que aprovecharon la oportunidad de lucirse ante un Unicaja en el que apenas hubo noticias positivas.

El Unicaja empezó al son de Avramovic, al que Casimiro le dio galones de titularidad ante la ausencia de Alberto Díaz. Formando pareja con Adams, el serbio tuvo balón para atacar el aro y lo hizo bien para dar las primeras ventajas al equipo malagueño. Defensivamente el nivel era correcto y se dejaba al Oldenburg en un porcentaje bajo, lo que permitía correr un poco más. Sucede que sigue fallando en el primer pase o en la materialización de ventaja más de la cuenta el Unicaja, que había perdido ya siete balones en 12 minutos.

Pero no siguió la buena tendencia. El Unicaja completó un segundo cuarto muy malo, del nivel anterior a esta racha de victorias. Bajó los brazos defensivamente, concedió tiros más cómodos y el rival cogió confianza para, también, apretar al equipo malagueño, gripado en ataque. No había la actividad y la intensidad requeridas para ganar un partido a domicilio en Europa. Jugaba en tercera el Unicaja, sin el ardor que este equipo necesita para marcar diferencias. Se escapaban rebotes, Mahalbasic fustigaba a un Rubén Guerrero que debe ser más duro en estos contextos y se fueron enganchando jugadores a la tarea en el cuadro alemán. Como en casi todas las pistas del país teutón, un ambiente muy positivo en las gradas que ayuda a los locales a salir de los malos momentos y a maximizar los buenos aun sólo habiendo 2.300 personas.

El resultado del preocupante bajón fue que se encajaron 30 puntos en el segundo cuarto y que el rival había metido 10 puntos de distancia (46-36), lejos de los registros que el equipo de Casimiro ha concedido al rival en esta racha tan buena de seis victorias que era amenazada por la pobre imagen ofrecida. Pasó también el partido en Gdynia, donde se acabó ganando pero la sensación fue que no se dio el tope verde.

El paso por el vestuario no solventó los problemas cajistas. Al contrario, los aumentó. La tendencia siguió como acabó el segundo cuarto. Adams, esta vez, no dirigía nada, no conseguía involucrar a sus compañeros. Las dos primeras posesiones cajistas se agotaron entre botes del americano sin demasiado sentido. Y el Oldenburg seguía percutiendo con facilidad la defensa cajista. Seguramente era algo oportunista, pero era inevitable pensar en Alberto Díaz cuando se veía esa carencia de nervio a la hora de iniciar la presión a un rival cada vez más cómodo. Y el ataque estaba a la misma altura, perdido entre botes sin mordiente, sin ser agresivo. No se compartía la bola bien, no había una rotación buena. Y eso costaba que el Oldenburg estuviera muy cerca de romper el partido, en la letal frontera de los 20 puntos (63-45). Mejoró algo en los dos minutos finales el Unicaja, pero el final del cuarto fue ejemplo de lo que había. Tras una buena defensa, Elegar capturó el rebote y se la pasó a McClain al intentar acelerar el contragolpe para que metiera una canasta sencilla (68-53).

No encontraba el Unicaja esa chispa necesaria para voltear el partido, había dejado ya demasiado margen al rival. Y el cuarto fue un martirio, con el contrario con ganas de disfrutar y el Unicaja sin demasiadas de sufrir, en un partido para olvidar que supuso un retroceso sobresaliente sobre la línea construida en las últimas semanas. Una derrota fea en Oldenburg que retrata las carencias de este Unicaja cuando no aprieta el acelerador. Los 91 puntos encajados fueron una losa demasiado pesada en un naufragio.

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