Resultado y crónica del Coosur Betis - Unicaja Brillante y sólido (66-88)

  • El Unicaja completa en Sevilla uno de los mejores partidos de la temporada, por continuidad y calidad

  • Esboza en Sevilla la línea a seguir para continuar creciendo

Jaime Fernández se marcha de Oliver y Almazán. Jaime Fernández se marcha de Oliver y Almazán.

Jaime Fernández se marcha de Oliver y Almazán. / Efe

Si ante el Joventut fueron 25 minutos de notable baloncesto, el Unicaja amplió el rango en su visita a Sevilla. Salvo un deficiente comienzo de tercer cuarto, rápidamente subsanado, el equipo de Luis Casimiro completó un óptimo partido en San Pablo, cancha habitualmente hostil. El Unicaja impuso su físico como pocas veces esta temporada. Añadió una buena dosis de baloncesto, sobre todo cuando el tridente formado en el Ramiro (Jaime-Brizuela-Suárez) coincidió en pista. En los dos lados de la pista fue claramente superior y ello le permitió amarrar una victoria brillante (66-88) en la capital andaluza.

No fue el mejor día del Betis, hay que mencionarlo en el ánalisis, pero el Unicaja también puso su empeño y su buen hacer para que así fuera. El equipo malagueño salió con un plan claro al partido. Defensivamente arriesgó con traps a muchos metros del aro. Pero le surtía efecto y acabaría condicionando el partido esa medida de Casimiro. Sipahi tenía problemas para leerlos. Tampoco Albert Oliver sabía interpretarlos bien. Y el Unicaja forzó numerosas pérdidas béticas. Tanto Gerun, como Guerrero y Elegar después, forzaban al rival hasta el centro del campo. Con agresividad, imponiendo ese supuesto poderío físico que no se ha visto con la frecuencia que se esperaba cuando se confeccionó la plantilla.

En el otro lado de la pista, el Unicaja movía bien el balón y ejecutaba sistemas con paciencia. Y los triples entraban. Le ocurre a cualquier equipo del mundo en el baloncesto moderno, cuando su porcentaje de tres crece logra condicionar mucho al contrario. Se encontraban buenas posiciones y había acierto. El Unicaja estiraba el marcador pero el Betis conseguía igualar dos veces (12-12 y 22-22), sin que el cuadro malagueño permitiera al rival estar por encima.

Al Unicaja le lastraban las faltas de Alberto Díaz y Josh Adams, ambos con tres al descanso. Este por una técnica tonta, seguramente también rigurosa. Sin ellos, Jaime Fernández y Darío Brizuela cogieron los mandos en el segundo cuarto y el Unicaja empezó a quebrar el partido a su favor. Seguía la firmeza defensiva, solventando alguna grieta en la defensa del bloqueo directo que encontró el equipo de Curro Segura. Hasta 14 puntos tras recuperación metió el Unicaja al descanso. Con Jaime asentándose cada vez más como base, midiendo tiempos y sacando la varita mágica con el pase. Y con Toupane aportando. Mucho mejor cuando se centra en hacer lo que mejor sabe hacer. O, concretamente, lo que más aporta al equipo. Un parcial final de 0-8 permitía al equipo malagueño irse con una cómoda ventaja de 16 puntos al descanso (33-49).

Se podía vislumbrar un partido plácido, pero el Betis subió su energía y agresividad, algo previsible. La balanza estuvo muy desequilibrada en el primer tiempo (13-22 en rebotes). Y es cierto que no era normal el bajo tino sevillano. En un parpadeo redujo 10 puntos (46-52). Podían volver las dudas, pero no.Casimiro cambió rápidamente la cabina de dirección. A Alberto por las cuatro faltas (tampoco pasa su mejor momento) y a Adams porque, pese a sus chispazos genialoides, con demasiada frecuencia es tóxico para el equipo. Con Jaime al comando y Brizuela y Toupane ejecutando, el horizonte era distinto. Rápidamente se colocó con 16 puntos de ventaja otra vez el equipo de Casimiro (48-64). Brizuela es una bendición, su fichaje ha arreglado varios problemas, aunque queden varios sin resolver. Al galope tras forzar varias pérdidas, Jaime se sentía poderoso y fantasioso. Un pase entre las piernas a Toupane para una bandeja del francés fue una delicatessen de premio. Al final del tercer cuarto, 53-71 y la sensación de que el fuego se había apagado. La zona que colocó Curro Segura en el cuarto final fue bien leída, con el colchón que daba el marcador.

Para redondear el partido, hasta Ismael Tamba debutó oficialmente a sus 18 años. El primer balón que tocó el cordobés fue para lanzar un triple, que metió a tabla entre el jolgorio de compañeros, técnicos y aficionados. Fue la guinda para un partido de alto nivel del Unicaja. La línea es esa, más continuidad en este rendimiento.

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