Unicaja-UCAM Murcia | Crónica Con el frac y con el mono (89-82)

  • El UCAM consigue embarrar el partido, pero el Unicaja sale para ganar el partido e irse al parón repleto de confianza y feliz

Shermadini realiza un mate durante el Unicaja-UCAM Murcia. Shermadini realiza un mate durante el Unicaja-UCAM Murcia.

Shermadini realiza un mate durante el Unicaja-UCAM Murcia. / Marilú Báez

El Unicaja gana con el frac, pero también con el mono de trabajo. El UCAM Murcia, seguramente el equipo más bronco y agresivo de la Liga, le exigió mucho, le obligó a cambiar su juego después de embarrar el encuentro. Salió indemne el equipo de Casimiro, que supo encontrar atajos en la laberinto en el que le introdujo el equipo murciano. Un partido interesante, con muchos matices y detalles tácticos y que enriquece el balance del Unicaja (8-2), pero que también hace crecer al equipo porque es capaz de ganar en registros diferentes (89-82).

Cuando un equipo gana y gusta también los rivales se afanan por buscarle las cosquillas. Sucedió con un UCAM que no ha vencido este año a domicilio en ACB. Pero vino a Málaga con la idea fija de competir. La frecuente llamarada de Wiltjer (11 puntos en cinco minutos) colocó al Unicaja 13-2 de salida. Pero sería un espejismo. El partido hubo que masticarlo bastante y en avanzado el tercer cuarto estaba justamente en el punto que quería el UCAM, con ventaja en el marcador y con el ritmo (59-62).

Sucede que el Unicaja tiene ahora mismo una entereza mental, la que le dan las victorias y el buen hacer, que está a prueba de bombas. Supo ponerse duro defensivamente también para evitar la sangría rival. En un momento dado de ese tercer cuarto, en el que el UCAM entró en el bonus en el primer minuto, al equipo murciano no le importaba cortar en falta cada acometida cajista porque en ataque metía siempre. Ello implicaba que, pese al espectacular acierto en el tiro libre (32/34 al final) cajista, el rival volteó el partido.

Era un escenario distinto, que obligaba a la intervención del banquillo y de los jugadores. La respuesta fue un parcial de 14-0 entre el final del tercer cuarto y el inicio del último. Defensa e inteligencia para sacar faltas o para encontrar tiros ante una defensa dura y agresiva, que no regalaba nada.

Así, con 15 victorias en 18 partidos, se va flamenco el Unicaja al parón, convencido de que puede hacer grandes cosas porque se siente un equipo por momentos indestructible. Llamó la atención cómo celebró el equipo en el último cuarto dos acciones del jugador (Viny aparte) que estaba más descolgado en la rotación, Dani Díez. Falto de confianza, colocó un tapón espectacular en una ayuda y en la siguiente jugada metió un triple (81-67). El banquillo salió a media pista, había pedido tiempo muerto el UCAM, al completo a vitorear al jugador madrileño. En una posición con competencia y en la que los minutos se cotizan caros, Waczynski y Milosavljevic estaban igual de eufóricos que sus compañeros.

En medio del nivel de intensidad que demandó el UCAM, el Unicaja tuvo tiempo de hacer jugadas espectaculares, meter un triple en contragolpe sin bote o acabar otro con un pase por la espalda con mate. O atacar con sentido en una selva peligrosa como era la defensa murciana.

El UCAM, admirable en su fe y entrega, nunca se rindió. Obligó hasta el final, atacó con seis abajo en el último minuto. Su entrenador se lamentó de la diferencia de tiros libres (5-34), pero el camino para ser un equipo combativo y difícil de ganar lo tiene marcado. El Unicaja, mientras, se va al parón a una alta velocidad de crucero, con la confianza por las nubes y con el deseo de que todo siga igual en la vuelta.

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