Apuntes de la Copa del Rey de baloncesto: Entre el éxito y la endogamia
El Roig Arena dio lustre, con un punto de frialdad y mejoras que deben llegar en ediciones venideras
Francis Alonso, con España
La Copa del Rey, el gran evento baloncestístico de clubes del país, el que más atención concita, ya es historia en su edición de 2026. Hacía 23 años que no se jugaba en Valencia y el regreso fue a una instalación flamante y del primerísimo nivel europeo, el Roig Arena. Baloncestísticamente fue un torneo con uno de los mejores partidos de las últimas década, la semifinal Valencia-Real Madrid, cruel por su desenlace para los anfitriones. Y con una final también tremenda y el título del Baskonia, 17 años después. Ayuda a dimensionar lo que hizo el Unicaja con sus títulos en 2023 y 2025. Anomalías en la historia reciente. De 2010 a 2022, sólo Madrid y Barcelona ganaron el título. En las tres últimas ediciones, tres campeones distintos, uno de ellos el club malagueño que entrena Ibon Navarro. La imprevisibilidad es un plus. Tras el disgusto por la paupérrima imagen en los cuartos de final, la realidad es que hay que estar en el evento siempre. Y allí estaba el cuadro malagueño.
El Roig Arena será sede en años venideros del torneo de nuevo, se firmaron otras dos ediciones en el acuerdo. Está ubicado al sur de la capital, en una zona deportiva de ensueño, con La Fonteta y La Alquería, además de numerosos campos de fútbol, a escasos metros. Es una zona de expansión de la capital del Turia, con mucha vivienda nueva aunque no con tanta infraestructura. El metro, por ejemplo, no llega cerca. Se ha intentado concentrar todo el espectáculo ahí, pero a decir de los aficionados ha resultado algo frío. La Fan Zone cerraba bastante pronto (21:00 horas, salvo el sábado) y no había demasiada restauración cercana, más allá de la oferta del propio pabellón, para absorber la gran demanda. En el centro de Valencia apenas había referencia al evento. Conversaciones con taxistas que ignoraban la celebración de la Copa ayudaban a entender que igual la difusión en la ciudad no había sido la óptima. Como espectáculo deportivo hay pocos mejores en España. Cuando se hablaba con algunos de los colegas desplazados desde otros países de Europa o desde Argentina se desprende envidia sana sobre lo que se puede disfrutar en tierras españolas con la Copa, implanteable en otros países.
La difusión, eso sí, al gran público no se produce con la exposición en abierto. Se cambió de operador con ese motivo de peso, de completar la oferta para hacer audiencias más masivas, pero ese punto no llega. En cierta forma el baloncesto español es un mundo endogámico, con rostros fijos y pocos rotatorios, que se regodea en su ombligo. La Copa tiene su encanto incomparable, acudieron más de 12.500 personas de media a cada partido, pero de alguna manera la competición, más allá del mundo del baloncesto, parece haber tocado techo.
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