Resultado y crónica del Galatasaray - Unicaja De cartón piedra (91-80)

  • El Unicaja ganaba por 16 puntos en el segundo cuarto y perdía por 20 en el minuto 30 en una gran debacle

  • Se complica ser primero tras perder el average particular con los turcos, aunque aún depende de sí mismo

Auguste machaca ante Toupane y Gerun. Auguste machaca ante Toupane y Gerun.

Auguste machaca ante Toupane y Gerun. / Galatasaray

El Unicaja ganaba por 16 puntos mediado el segundo cuarto en Estambul, perdía por 20 al final del tercero y cayó en el registro final por (91-80). Un sísmico partido ante un rival de enjundia, el Galatasaray, que desnudó las carencias del equipo malagueño, que no muestra síntomas de evolución desde hace varias semanas. Se ha atascado, incluso involucionado. No es solvente ni constante, ni la defensa esta vez le salvó, y sigue con los mismos problemas ofensivos. Estuvo la friolera de 14 minutos sin anotar una canasta en juego el Unicaja, algo difícilmente tolerable para un equipo de este nivel. Adams no hace jugar al equipo, que se movió a duras penas por encima del 40% en el tiro. Se concedieron infinidad de canastas sencillas al rival, ni la estructura defensiva respondió esta vez.

Y, por contraste, la realidad es que el equipo malagueño jugó cuarto y medio de muy buen baloncesto en Turquía. Después de un comienzo algo dubitativo, el Unicaja le pegó duro al Galatasaray con minutos de un juego bastante bueno, con actividad defensiva y capacidad para anotar tanto en transición como en ataque estático. El parcial de 0-17 fue demoledor. Se acudía con firmeza al rebote de ataque para rebañar lo que quedaba y el Unicaja se sentía cómodo en un tramo de partido que se alargaba (12-24 al final del primer cuarto).

Enfrente había un equipo bueno, quizá algo falto de confianza después de varios traspiés, como el del fin de semana del Pinar Karsiyaka en la liga turca, en el que perdió por 30 puntos. El Unicaja fluía también con la segunda unidad, con el tinte español de Alberto, Jaime y Carlos Suárez, extraordinario repartiendo juego desde el poste alto y dirigiendo una defensa de alto nivel. Hasta los 16 puntos se iba la renta tras un triple del pelirrojo (20-36). No obstante, el Galatasaray había subido su intensidad y las líneas. Presionaba desde línea de fondo cajista y al Unicaja empezó a hacérsele de noche. Una zona presionante, haciendo ya 2x1 desde el inicio. Pérdidas, ataques acelerados y sin tiros claros. Faltaba inteligencia para leer lo que el rival estaba haciendo. La salida de Carlos Suárez del partido agudizó el problema.

“15 minutos perfectos”, decía al descanso Casimiro que había jugado su equipo. El problema es que, cuando no hay continuidad, el buen trabajo se evapora. El poderío físico del Galatasaray exigía algo distinto, aparte de igualar en ganas y esfuerzo a un rival que olía la sangre. El Unicaja ganaba por 16 puntos mediado el segundo cuarto, sintiéndose poderoso. Menguó rápidamente después de que el Galatasaray cambiara las cartas de la partida. El equipo de Casimiro se descompuso en los dos lados de la pista. Encontraron vías los turcos, con los locales Arslan y Arar, para desmontar al rival.

Al descanso aguantaba a duras penas (34-39) el Unicaja. Mediado el tercer cuarto, perdía por 10 (53-43) y al final del mismo, por 20 (67-47). Fue un desastre el equipo malagueño, sacado de la pista por un hambriento Galatasaray. La celebrada defensa hizo aguas, encajando 33 puntos en 10 minutos. Sin la dureza necesaria. Hay que darle crédito a los turcos, que tuvieron un gran tino, sobre todo en el triple. Pero es una indecencia estar 14 minutos en juego sin meter una canasta, malviviendo sólo a través de tiros libres. En todo el cuarto no anotó en juego el Unicaja, impotente. Rotaba Casimiro, pero no encontraba soluciones, tampoco sus jugadores. No eran un infierno turco, pero los animosos seguidores del Galatasaray vibraban con su equipo mientras el Unicaja era un cadáver. El abuso del bote de Adams, los pases de pecho defensivos de Waczynski, la falta de lectura en ataque de Toupane o Ejim, la escasa mordiente de Thompson, un Alberto aún con ritmo por coger y perdiendo muchos más balones de los que suele... En fin, un desastre colectivo que se tradujo en pasar de ganar por 16 puntos a perder por 20 en sólo 14 minutos.

Si el Unicaja quiere hacer algo grande en la Eurocup, sin duda la competición más importante de la temporada, debe acostumbrarse a estos niveles físicos de exigencia, no puede ir a menos revoluciones. Y también debe progresar en la estructura ofensiva, en la que incluso se percibe una regresión. Es un equipo que anota por impulsos individuales, con pocas asistencias, síntoma de que el juego colectivo aún no funciona. La inteligencia baloncestística reside en pocos jugadores, no hay una desbordante creatividad y estos colapsos son indicativos. Y, si el equipo está en manos de Adams, es una lotería.

Con todo perdido, Waczynski, en una de sus especialidades, la de meter mucho con 20 abajo, anotó tres triples y forzó otras dos faltas, para bajar a 10 puntos la renta. Avramovic lo hizo hasta ocho, pero nada valió ni para salvar el average (+5 en la ida). No es una derrota de una gran trascendencia, pero sí preocupante por lo que se vio durante los 40 minutos, con la irregularidad de un equipo que, ya avanzado noviembre, aún es de cartón de piedra, no es fiable y tiene carencias que pueden ser insalvables.

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