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El jugador más caro de Europa

  • Alexey Shved visita el Carpena en el cenit de su carrera, como capitán general del Khimki

El jugador más caro de Europa El jugador más caro de Europa

El jugador más caro de Europa

Es difícil de calibrar, pero se trata de uno de los mayores talentos nacidos en Europa en los últimos 50 años. Destella calidad a raudales y posee una mirilla privilegiada, de elegidos. Le costó labrarse un nombre al otro lado del Atlántico, aunque en el Viejo Continente ya guarda el aura de estrella. Cómo no, se trata de la punta de lanza del pudiente proyecto del Khimki, que ahora dirige Georgios Bartzokas. El conjunto moscovita visita mañana el Carpena en Euroliga con el fin de seguir navegando en posiciones nobles en Euroliga.

No se puede, o no se debe, explicar al equipo ruso sin desgranar a su estrella. Alexey Shved (Belgorod, 1988) es santo y seña en el segundo equipo más potente de la ciudad del Kremlin. Su padre, entrenador de baloncesto, le inoculó la pasión por el baloncesto. Aunque desde edad adolescente tenía ese pedigrí de elegido, bien es cierto que le costó romper el cascarón. A los 16 años llegó al CSKA, club que le ha acogido durante más años en su trayectoria, aunque la feroz competencia y su bisoñez hizo que el reto le quedara grande. En esas encadenó un par de prestámos a su actual equipo y al Dinamo de Moscú. En la última sí consiguió el impulso para superar el listón competitivo y alistarse en el primer equipo rojo.

En mitad de una pléyade de estrellas, en su segundo año se hizo un hueco entre Siskauskas, Kirilenko, Teodosic y compañía. Pasaron el rodillo en Europa hasta que el icónico gancho de Printezis en la Final Four de Londres les birló el título. Ganó la VTB League y su rendimiento al alza tuvo trascendencia más allá de las fronteras continentales.

Cruzó el charco tras aceptar una oferta de los Minnesota Timberwolves, donde trabó buena amistad con Ricky Rubio. Llegó a Minneapolis tras no ser drafteado, habla bien de su línea de crecimiento individual, y no escribió una mala primera página en su particular libro yanqui. Números discretos, pero cuerda -disputó 77 encuentros- de Rick Adelman.

La falta de continuidad en el curso posterior hizo menguar su importancia. De ahí a finalizar su etapa en los Wolves. Estiraría el sueño americano una temporada más, en la que se ganaría en la liga el sobrenombre de nómada. Alternó Sixers, Rockets y Knicks. Solo 42 encuentros en sus piernas, más o menos la mitad, en lo que era claramente su ocaso en la NBA. Curiosamente, en la Gran Manzana gozaría de destacado protagonismo. En la peor temporada de siempre de la franquicia neoyorquina -el balance acabó siendo de 17-65- aprovechó para acercarse a los 15 puntos, 5 rebotes y 4 asistencias por noche. No resultó suficiente, la decisión estaba tomada.

A pesar de contrar con oportunidades de seguir en Nueva York decidió desandar sus pasos para encontrarse a sí mismo. Lo acogió el Khimki en su retorno y lo rodeó de un estatus de estrella. Primer escalafón en galones y salarial. 3,4 millones por año para convertirse en el mejor pagado de Europa, retribución fastuosa que hoy aún percibe. Algo por encima de Nando de Colo y Sergio Rodríguez, que se le acercan por debajo. En un escalón por debajo están los emolumentos de tipos como Vesely, Ayón, Spanoulis o Sergio Llull.

Su regreso a Moscú solo se entiende desde un factor: el éxito. No grupal, el equipo no alzó ningún entorchado y solo el acceso a la Euroliga es destacable. Sí, individual. Líder natural sus números pegaron un repunte con poco parangón para adecuar su sueldo a productividad.

En la cima de las clasificaciones individuales, acabó la campaña anterior como distinguido MVP de la temporada regular de la Eurocup. De ahí a ser primer espada en una nueva Rusia, proyectada en torno a su figura. Llevaba cuatro años alejado del combinado nacional y su vuelta valió un cuarto puesto en un Eurobásket que elevaría a Eslovenia. El escolta terminaría como máximo anotador, que iba ligado a un logro intrínseco. Nadie no NBA lo había sido en el siglo presente, quedando el mérito para Alberto Herreros en 1999.

Su encuentro con Bartzokas, denostado en Can Barça, le ha servido aún para potenciar más sus portentosas virtudes. Juega más que nunca y mejor. Baila en su cúspide y solo sopla 28 años. Aunque sin un reconocimiento global, su defensa es un lunar grande en su juego, su elegencia y talento no alberga lugar a dudas. Busca una estabilidad que encuentra ahora con secuencias anotadoras bárbaras. Su incidencia en el juego es total, lo que le ayuda a desplegar su amplio catálogo ofensivo, de los más demoledores del continente. Por encima de forma holgada de los 20 puntos por noche en el par de competiciones que juega. Dos datos reflejan su estado. A pesar de ser el jugador que más tiros gasta, no tiene partido en Euroliga con menos de 16 puntos. El MVP -consiguió el tope (29 puntos) de su carrera en Milán- de la jornada 11 del torneo continental, anterior a su visita al Unicaja, está aliñada con 21, 21, 26, 29 y 34 tantos en los partidos venideros. Da alcance del listón por el que se mueve.

Valora así Shved la importancia del regreso a Europa en ese momento de su carrera. "Es donde se vive el basket con mayor intensidad y cada partido es importante. En la NBA no empieza la competición de verdad hasta los play off", decía en Sport tiempo atrás justificando su decisión. Aunque no cierra la puerta a un retorno a Estados Unidos, renovó con el Khimki hasta 2020, aunque con cláusulas de escape. Por ahora, el jugador valora su rol en el equipo moscovita, así como vivir en la capital rusa. Su carácter familiar también provoca que estar cerca de sus allegados esté arriba en su escala de prioridades personales.

En la competición europea solo dos brillan más que él, Doncic y De Colo. No obstante, tras la lesión de Thomas Robinson, otro de los estiletes, su peso viró hacia arriba. Pese a ello, existe en el vestuario cajista la percepción de que existen vías para abrazar la victoria que no son sinónimo de frenar a Shved. La primera de ellas, no menos compleja, es limitar la aportación de los gregarios que le rodean. Ahí estará la labor de Plaza y sus pupilos, más enrevesada si cabe por el don de aparición del 1 amarillo cuando el reloj aprieta.

Aglutina varias y numerosas armas de valía el Khimki, aunque los flashes apuntan a una. Disfrutará el Carpena de una elegancia que amortiza una entrada, vestida en el jugador que más euros vale en Europa. Apremia una victoria verde para repuntar y eso pasa por frenar al zar del Khimki, Alexey Shved.

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