Justin Cobbs, oficio y experiencia en la piel de un villano elegante
El californiano confirma en sus primeros partidos en Málaga el sentido de su fichaje y demuestra que puede ser una pieza muy útil; 17 puntos ante Andorra y una constante sensación de poso
"Los equipos nos pegan"
No es el primo de Russell Westbrook, ni falta que le hace. Justin Cobbs ha aterrizado en Málaga con la tranquilidad de quien ha visto ya casi todo en una pista de baloncesto y en apenas unos entrenamientos ya está dejando una huella interesante. No llega como una estrella ruidosa, sino como alguien a quien se llama para sacar un trabajo adelante, con la seriedad del profesional que viene a cumplir, a dar minutos de descanso y de calidad cuando su bro Perry se sienta y a hacer exactamente lo que el equipo necesita en cada momento. "No va a meter 25 puntos aquí", dijo Ibon Navarro en la previa del Unicaja-Andorra, casi como quien quiere rebajar expectativas o lanzar un contragafe. No llegó a esas cifras, pero se quedó en 17 y con la sensación de que si el partido lo hubiera pedido alguno más habría caído.
El base californiano ha caído de pie en el Unicaja y apenas ha necesitado tiempo para dejar claro el tipo de jugador que es. Oficio, lectura del juego y una tranquilidad que se contagia cuando el partido entra en zonas incómodas. Ante Andorra, muchos de sus puntos llegaron justo ahí, en el tercer cuarto (10 de sus 17), cuando el equipo necesitaba a alguien para sostener entre algunas señales feas. Hubo además un detalle llamativo que no pasó desapercibido en el partido. En algún final de cuarto o posesión fue él quien asumió algún lanzamiento, incluso con jugadores de mayor jerarquía en pista. No dudó y tampoco se le frenó. Ese gesto habla de personalidad, pero también de la confianza que empieza a generar en muy poco tiempo.
El club buscaba exactamente este perfil cuando apostó por Cobbs. Un veterano de 34 años, con muchos tiros dados, que entiende el juego y acepta su papel. Ya dejó buenas sensaciones en su estreno ante el Chalon en la BCL y frente a Andorra dio un paso más, jugando con mayor confianza. Hubo momentos en los que la defensa le flotaba el triple y aun así lanzó con determinación y acierto, sin pensárselo demasiado. Con algún exceso en el bote, pero qué va a hacer la criatura con dos entrenamientos. También hay algo en su presencia que llama la atención. En la pista transmite una seriedad tranquila, gesto firme, aire de tipo duro elegante, casi de villano silencioso en una película de James Bond o de gánster de cine negro, de los que no necesitan levantar la voz para imponer respeto. Luego el balón se pone en juego y todo encaja. Decisiones simples, ritmo controlado y la sensación constante de que sabe exactamente qué toca hacer en cada momento.
Integrarse en un vestuario que lleva años funcionando con mecanismos muy claros no es sencillo y sin embargo Cobbs se ha adaptado con naturalidad, como si llevara mucho más tiempo en el equipo. Ibon Navarro lo resumió después al explicar que es de esos jugadores a los que hay que explicarles pocas cosas, porque saben jugar a esto. "Y no ha vuelto a equivocarse en ningún sistema. Otros se han equivocado y llevan aquí desde agosto otra vez. Tiene mucha experiencia, que ha sabido leer el partido, encima ha estado acertado en cosas que hace muy bien, como ese rango de 5-6 metros y que teníamos en temporadas anteriores, nos devuelve esa amenaza. Ha interpretado muy bien el juego. Ha sabido conectar con los jugadores: a Rubit, Sule... Es un jugador que sabe jugar. Y con la experiencia que él tiene, lo que le pides es que sepa jugar, y él lo sabe. Hoy encima además ha estado acertado", analizaba el técnico. Quizá no esté llamado a ser una pieza estructural en un equipo que aspira a objetivos importantes, pero sí a aportar minutos de enorme valor, dar descanso a Perry y ofrecer una alternativa más en la dirección con el regreso de Alberto Díaz. Y, sobre todo, a estar preparado para cuando el partido se aprieta, que es donde los veteranos de verdad suelen hacerse notar.
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