Real Madrid-Unicaja: Un doloroso aquelarre (100-70)

El Real Madrid destroza a un Unicaja impotente y vergonzante que no puede siquiera competir con el equipo blanco y que constata que su realidad ha cambiado tras el ciclo glorioso y debe resituarse

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Balcerowski, compungido.
Balcerowski, compungido. / EMILIO COBOS

El Unicaja vivió un doloroso aquelarre en el Roig Arena, donde entregó la corona de campeón de Copa y constató que su realidad ha cambiado después del paseo por las nubes del último trienio en un partido en el que apenas compitió de verdad cinco minutos, la diferencia entre los dos bloques fue sideral desde el comienzo hasta el final (100-70). El de Ibon Navarro vuelve a ser un equipo terrenal, más allá de la calidad no posee la consistencia ni el callo común para competir con consistencia en estos escenarios exigentes durante 40 minutos al mismo tiempo que el Real Madrid ha elevado su nivel, llevado por Scariolo con la dosificación precisa para estar frescos en los momentos supremos. Pero hay límites, el Unicaja provocó vergüenza y eso no es admisible. Se puede perder, es lo normal, de hecho, ante el Real Madrid, pero ir con la cabeza agachada desde el salto inicial causa rechazo. Recordó tiempos oscuros.

Lo pudo comprobar el Unicaja desde el primer minuto, nada que ver con lo ocurrido el pasado domingo en un rutinario partido de temporada regular en el Carpena. Las declaraciones previas del equipo blanco daban pistas de que había una espina clavada por los títulos que en los últimos años le había levantado el el equipo malagueño, que en ningún momento igualó el nivel físico del rival. Contrariamente a lo que ha ocurrido en este ciclo, en el que ganando o perdiendo siempre se ha mirado a los ojos del rival. No fue así, no en esta ocasión. Se han bajado escalones y los demás han subido. Hay mucho de capacidad individual y ahora mismo como colectivo, pero también actitud, en el sentido de no creerlo posible. Cuando la orden del base es parar un ataque y no arriesgar para encontrar un tiro rápido es que el Unicaja no desarrolla el juego que le ha devuelto la grandeza. Y es lógico que haya que ser flexlibles y realizar ajustes con las cualidades y los estados físicos de los jugadores propios y las fortalezas del rival, pero para desbordar a un Madrid muy físico en el ataque estático no existe en el equipo malagueño la abundancia de talento que se requiere. Cuando se mete sólo un 25% de tiros de campo al descanso, es lógico que se pierda por 22 puntos (50-28), pero para evitarlo es necesario arrancar desde la defensa. Tampoco existían esas dosis de energía (sí se empezó combatiendo bien el rebote de ataque) y agresividad para hacer daño a un Real Madrid con muchos focos anotadores. Empezó Tavares, continuó Lyles, después Hezonja, más tarde Maledon... Demasiados agujeros que tapar. Ibon Navarro metía a Alberto Díaz a pocos minutos para el final del primer tiempo, quizá en plan Cid Campeador, la primera rotación de Cobbs fue mala. Pero no fructificó. Había encontrado puntos el cuadro malagueño con James Webb III (10 de los primeros 15 fueron suyos), apenas con él. Se puede cargar contra jugadores concretos, pero en un equipo sumamente colectivista como es este Unicaja el coro está por encima del solista. Probó Ibon alguna defensa alternativa, pero no resultó.

Con 22 puntos abajo podía esperarse un calvario en la segunda mitad. Y así ocurrió, fue un ejercicio de impotencia que castigó el orgullo de un equipo que ha sido campeón y que para nada está haciendo una mala temporada aunque la comparación con las anteriores pueda llevar a equívoco. Pero hay límites y maneras. “Meted una”, se escuchaba en medio de un correcalles desde el sector malagueño de la grada. Fue un jarro de agua fría para los 700 que estuvieron en Valencia y también para los que lo vieron por televisión. Es un equipo que ha llenado de orgullo a Málaga, pero que está en proceso de reconstrucción. Eso sí, palizas y dimisiones como la de este jueves en Valencia no son tolerables. Si lo quieren mirar egoístamente, también no pocos jugadores se juegan en estos meses su futuro. Y la imagen que ofrecieron dañó la vista.

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