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Unicaja

Una revolución para sobrevivir

  • Acabada la peor temporada del siglo XXI, el Unicaja debe tomar medidas urgentes

  • Sólo hay cuatro jugadores con contrato: Díaz, Brizuela, Barreiro y Nzosa

López Nieto, Comninos y Garbajosa.

López Nieto, Comninos y Garbajosa. / Javier Albiñana

Lugo fue el final del trayecto más tortuoso del Unicaja en el siglo XXI. Una temporada terrible deportivamente, que sólo podía haber empeorado con el descenso. No se anduvo lejos, de hecho en la clasificación final se está más cerca del pozo que del play off. ¿Se ha tocado fondo? Es la certeza que en los últimos veranos se intenta tener, pero no es así. Cada temporada es peor que la anterior. “No es un accidente”, decía Ibon Navarro. Quedar 11, 11 y 12 en la clasificación de la ACB en el último trienio es una realidad y una certificación de que las cosas se hacen mal. El quinto presupuesto de la ACB no puede sistemáticamente estar en la segunda mitad de la tabla. Ha habido cambio de entrenador, de jugadores y de dirigentes y el problema persiste. Y el corolario del ridículo espantoso de Lugo es intolerable. El crédito de todos está bajo mínimos.

Será un verano eterno, con más de cuatro meses sin partidos oficiales. Y será un verano fundamental, sin margen de error y con mucha presión. Hay una masa social desencantada y hastiada. Se ha maquillado la asistencia con invitaciones a clubes y colegios, pero la realidad es que hay un sentimiento creciente de desarraigo. El núcleo de fieles ha bajado de los 3.000 y la campaña de abonados será un test de estrés. Estas dos temporadas extrañas post covid se han sorteado de aquella manera, pero sin restricciones emergerá la realidad.

La primera decisión, esencial en cualquier proyecto baloncestístico, es el entrenador. La realidad es que Ibon Navarro ha empeorado los números de Fotis Katsikaris. El técnico griego se marchó con 12 victorias y 14 derrotas. 7-11 en ACB y 5-3 en la BCL. Un 46% de triunfos. El técnico vitoriano finaliza con 7-13. 6-10 en competición doméstica y 1-3 en competición nacional. Es sólo un 35% de victorias. Es cierto que detuvo una sangría y una caída libre que podía acarrear consecuencias más funestas. Entre marzo y abril encadenó una racha de cinco victorias en seis partidos de ACB que espantaron el fantasma de la LEB Oro, levantó a un equipo moribundo. Pero con lesiones, como las que tienen todos los clubes, se ha derrumbado en el tramo final de la competición y se acaba con seis derrotas consecutivas. En el Unicaja ha gustado el trabajo realizado por Navarro, con un equipo contra natura de su estilo habitual de juego. Semanas atrás se daba por sentada su continuidad. De hecho, se ha hablado con él de nombres propios de futuro, de idea de plantilla y estructura. Contractualmente ha cumplido el objetivo firmado por su continuidad. Había cláusulas según el puesto para elevar un hipotético corte. El duodécimo entraba en los supuestos de continuidad. El contrato se firmó en un momento en el que se veía peligrar la categoría. El propio técnico emplazó a una reunión que habrá este mismo lunes entre las partes. Se habló mucho de Pedro Martínez, pero la realidad es que no ha habido ninguna conversación con el técnico del Baxi Manresa.

Es evidente que toca hacer una limpia muy necesaria. Se apostó por un bloque nacional que tuvo su momento más candente con el subcampeonato de Copa, justo antes de la pandemia. Aquella segunda temporada de Casimiro no iba mal encaminada, con cuartos de Eurocup con factor cancha y una fase final en la burbuja de Valencia en la que se estuvo a un minuto de jugar las semifinales. Aquel era un equipo con capacidad física y atlética, con Josh Adams, Axel Toupane, Melvin Ejim o Frank Elegar. No se puede decir que ninguno hiciera un temporadón, pero eran cemento y ladrillo para hacer la casa más sólida, más allá de un núcleo nacional que ilusionó y que hizo pensar que se había dado con la tecla. Las dos últimas temporadas han sido nefastas. Y tienen su responsabilidad esos jugadores, pero muchísima también quienes confeccionaron plantillas sin equilibrio ninguno, obviando carencias y virtudes de los jugadores que había. Roles repetidos, descompensación y derrotas, muchas derrotas.

En la plantilla actual hay cuatro jugadores con contrato (Alberto Díaz, Darío Brizuela, Jonathan Barreiro y Yannick Nzosa). Según el escenario de plantilla podrían seguir Francis Alonso, Rubén Guerrero o Tim Abromaitis. Jaime Fernández no continuaría salvo que saliera Darío Brizuela. Es una pena que un jugador de su calidad no siga, pero hay que elegir. El resto se marchará. El jugador vasco tiene un año más de contrato. Su forma de jugar genera controversia, condiciona el ataque cuando está en pista. Mucho talento, los tres entrenadores que ha tenido en Málaga verbalizaron que era un jugador al que llevar a otra dimensión. Pero no evoluciona en la toma de decisiones. Barreiro ha decepcionado en su primer año, pero tiene dos más y tuvo un mes y medio bueno antes de lesionarse. Nzosa no ha evolucionado, al contrario. Si saliera cedido, o en el menos probable caso de que se fuera a la NBA, Guerrero tendría opciones de seguir. En ningún caso lo harán los dos. No hay que olvidar que de fondo están los cinco cupos necesarios, tanto en ACB como en BCL, si como se espera se juega. Francis Alonso ha dado motivos para seguir. Desde un rol de fondo ha acabado jugando con todos los entrenadores. Tiene 26 años, pero la obligación teórica de la continuidad de Brizuela remite a la citada compensación. Alberto Díaz es el mascarón de proa, pero hay que buscarle un base de nivel diferente, más generador y anotador, para que no acabe quemado. Tim Abromaitis ha sido el más regular de la temporada y además consiguió no ocupar plaza de extranjero. Con 33 años no se le vio declive. Dependerá económicamente.

Esta semana entrante ya habrá movimientos. Hay que despedir con los honores debidos a Carlos Suárez, se espera la resolución positiva de la situación de Ibon Navarro y también se aguarda que el presidente, Antonio Jesús López Nieto, dé la cara y explique hacia dónde va la entidad tras un año deportivamente calamitoso. Llegó a principios del verano pasado, intentó cambiar la imagen mortecina de club con varios golpes de efecto celebrados. Pero la pista, lo sabe bien como hombre del deporte que es, es la que acaba mandando y otorgando la nota a la gestión. Junto al director deportivo, Juanma Rodríguez, debe restañar y construir algo diferente. Es necesaria y acuciante una limpia, una revolución y un cambio de dirección que cambie el aire. Tres años por debajo del 10º puesto en la Liga Endesa no son casualidad. Se han hecho muchas cosas mal y el crédito está bajo mínimos. Lo bueno es que la temporada 2021/22 se ha acabado y no se va a arrastrar más la camiseta.

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