Unicaja: Un desastre, nada más y nada menos

La imagen del Unicaja ante el Madrid dejó helada a la afición y también causó impacto dentro; no sobrerreacionar y centrarse en los objetivos realizables, siguiente estación

El vestuario: "Tenemos aún mucho baloncesto"

El equipo cajista, tras la derrota.
El equipo cajista, tras la derrota. / ACB Photo

Un desastre, nada más y nada menos. Ni se puede pasar por alto ni se debe sobrerreaccionar por lo que se vio el jueves en el Roig Arena. El Unicaja fue atropellado por el Real Madrid, sin mostrar síntomas de rebeldía, de negación de una derrota que era bastante esperable por las condiciones físicas en las que llegaba el equipo ante un contrario más poderoso, pero no de esta manera. Fue lo que dolió, el cómo más que el qué, la pérdida del ADN combativo construido en estos tres años y medio. Evidentemente, no es una derrota más, en el gran foco mediático anual del baloncesto español. Igual que los títulos sonaron fortísimos en Badalona y Gran Canaria, este castañazo es sonoro. Fueron 30 puntos, pudieron ser 40 o más si el Madrid no levanta el pie. Y la sensación es que es esa la distancia actual más que los cuatro puntos del pasado domingo en temporada actual. Es tentador en estos momentos arremeter contra todo y contra todos, pero también sería un error. Queda temporada por delante, con una BCL que no es sencilla revalidar pero que es el único camino realista no ya para tocar plata sino para estar cerca, con un partido el próximo martes 10 de marzo en Chalon esencial. Recuperar mental y, sobre todo, físicamente a los jugadores es esencial.

El Unicaja va a trompicones esta temporada, seguramente con mejores resultados que juego. Se marchó parte duro del núcleo duro ganador, ha habido problemas físicos constantes en jugadores esenciales, apuestas que no han funcionado o cuyo impacto positivo es mucho menor al esperado. Y es humano errar en las apuestas después de varios años de excelencia, aunque se deben analizar las causas. “Realmente para mantener el estilo, más allá del legado del equipo o la idea del baloncesto, necesitas jugadores que lo sepan jugar. Los jugadores que lo saben jugar estar sentados fuera. A veces es frustrante querer hacer una cosa que sabes que has hecho y que funciona pero los jugadores que están aquí no es que no sean capaces de hacerlo, es que no son capaces a lo mejor el primer año. Como los de antes tampoco. Pero vamos con mucho retraso porque los jugadores posiblemente no tienen tanto talento o capacidad de aprender tan rápido. Seguramente el talento sí lo tienen, pero los jugadores que les pueden enseñar entrenando no están. Es complicado”, decía Ibon Navarro en la sala del prensa de Roig Arena. Quería proteger a sus jugadores, pero también le supuraba la impotencia de no poder desarrollar su idea. Quizá lo que falla es mucho más básico. La capacidad de ser agresivos y desplegar energía, de ser constantes no ya durante 40 minutos sino durante cuartos enteros ante rivales del máximo nivel. Sí chirrió esa frase de “les he dicho que fuera de ese vestuario nadie sabe lo que está pasando. Y tiene que seguir siendo así” del técnico. Pretender que el vestuario sea un búnker es lógico, pero verbalizarlo así alimenta especulaciones. Tampoco hay que elevar a definitivo lo que se dice en un momento caliente.

Hay muchos debates alrededor del equipo, es también el peaje que desde dentro se paga después del crecimiento y los éxitos de las últimas temporadas. Y no se deben ver fantasmas, es parte del business que haya ese runrún. La apuesta de Chris Duarte, con una inversión muy importante, pesa y, en un partido clave, apenas lanza tres tiros a canasta en 23 minutos. El dominicano es un jugador especial, pero cuando se invierte tan fuerte la paciencia es menor. Ha progresado en la filosofía de Ibon, pero se espera otra cosa, sobre todo en un escenario gigante. De los jugadores que llegaron la temporada la conclusión es que se debe ir seguramente a plantilla de 14 jugadores, más larga, para pilotar problemas físicos con jugadores que ya estén en el sistema. Se incide también en las rotaciones y el excel. Valencia y Madrid, por ejemplo, van con él, el que más jugó en los dos equipos lo hizo 25 minutos, Kameron Taylor. El baloncesto va por ahí e Ibon y el Unicaja fueron adelantados en verlo.

Es un año de transición, se asume, pero la exigencia de unos mínimos debe mantenerse. El equipo consiguió entrar en la Copa con suficiencia, a una victoria de ser cabeza de serie, en la BCL depende de sí mismo, aunque sin margen de error, para ir a cuartos de final. Debe estar en la Final Four aunque el nivel de la competición haya crecido. Una de las derivadas cuando una temporada es peor que las anteriores es preguntarse si hay declive de jugadores que han dado muchísimo y cómo gestionarlo. El club ha apostado por la continuidad, entendía que, en la coyuntura de mercado que hay, se debía priorizar la permanencia del bloque para no perder estabilidad antes que construir desde cero. Por convicción y por necesidad. Esas bajas y falta de continuidad de lesiones seguramente hacen parecer peores a los que se quedan y a los que han llegado. Ahí debe estar la gestión integral del club, mirar con las luces largas y no actuar de manera impulsiva. Ganar tanto y jugar tan bien ha distorsionado seguramente las expectativas, los rivales buenos son ahora mejores. Es lógico que ocurra fuera, pero dentro se debe ser frío sin que un desastre cambie la percepción. Porque fue eso, un desastre, nada más y nada menos.

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