Unicaja-Morabanc Andorra: No sobra, pero no falta (91-79)

El Unicaja completa un último cuarto demoledor para doblar el brazo de un MoraBanc Andorra que dominó hasta entrado el periodo final, pero se impone la calidad cajista, con Cobbs y Duarte a tope

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Duarte celebra.
Duarte celebra. / Carlos Guerrero

No le sobra nada al Unicaja, pero tampoco le falta. Y no es poco para un equipo que podría acusar el síndrome de la tripa llena. Con las transfusiones de energía que van llegando de los fichajes, como un Justin Cobbs clave este sábado en el Carpena, Ibon Navarro intenta realizar las actualizaciones necesarias en su idea para lograr que su equipo siga siendo competitivo. Ha ocurrido en partidos recientes con equipos de la zona baja. Burgos, Granada o Andorra le han hecho partido en el Carpena, encuentros que en temporadas anteriores estaban resueltos con 20 puntos arriba en el segundo cuarto. Pero se va asumiendo la nueva realidad. El MoraBanc marcó el son del partido durante más de tres cuartos (entró 60-63 en el periodo final), pero tanto el equipo como el público no perdieron la compostura y entendieron que había que seguir remando y sufriendo para disfrutar con un triunfo (91-79) que permite al equipo malagueño dormir tercero en la clasificación de la Liga Endesa. En ese cuarto final el Unicaja fue un ciclón, con un nivel de agresividad defensiva mayor. Antes había sido esencial Cobbs, que parece haber entrado con una naturalidad poco frecuente en el ecosistema del equipo. Quizá el partido más consistente de Augustine Rubit desde que llegó, con buen trabajo sobre Pustovyi, y los chispazos de magia de Duarte en el cuarto final para amarrar el partido fueron capitales para seguir llenando el granero de triunfos antes de viajar a Alemania.

Tuvo que masticar el Unicaja un duelo incómodo. Ha sido, pese a su situación en la tabla, un equipo incómodo el Andorra, se comprobó con la tunda en el partido de ida. Y el relevo de Tabak por Plaza, como suele ocurrir en el cambio, ha oscilado el aire a la vera de los Pirineos. Hizo daño el zurdo Best, generó y anotó el siempre escurridizo Shannon Evans, hubo momentos en los que Pustovyi dominó cerca del aro... El Unicaja fue a remolque, a veces renunciando a su esencia, la de correr de manera innegociable. En ocasiones esa inseguridad de saber que se está lejos del tope propicia que en situaciones favorables se tienda más a la contención. Y va contra la naturaleza de la idea. Se extendió la renta andorrana hasta casi la decena de puntos, pero rebajó en el tramo final el Unicaja (39-42), agarrándose al oficio.

No sentó demasiado bien el paso por el vestuario. Volvió a estirar el MoraBanc, esta vez McKoy hacía daño con su tiro. Encontraba situaciones favorables, demasiadas canastas fáciles atacando el aro, el Andorra. Ahí emergía Justin Cobbs. El compinche de Perry metía desde la media distancia. Quizá abusa del bote en el contexto ideal cajista, pero hay necesidades en la creación y pudo llevarlo. Un empujón de Djedovic dejaba el marcador (60-63) apretado al final del tercer cuarto después de que los visitantes se fueran por 10 (43-53).

No en sencillo ganar en el Carpena, es algo que también aprenden los nuevos, que no se regala un triunfo en Málaga. El potencial es mucho más alto que para sufrir con Andorra, pero también hay que tener voluntad. Y la hay. Gran último cuarto de Duarte, no sólo metiendo, sino dando fluidez al ataque. Se elevó el listón de la energía y se dobló el brazo andorrano. Hay algún gesto de jugadores que no gustan, no todo fluye al 100%. Lejos del tope, pero ahí está el Unicaja. 13-6 tras 19 jornadas.

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