Una luz para el Cerro de la Tortuga

  • El arqueólogo y descubridor del yacimiento ibero-púnico, Juan Manuel Muñoz Gambero, reúne en un libro medio siglo de investigaciones · El templo y la necrópolis tuvieron uso desde el 550 a. C. al siglo I de esta era

No tenía ni 20 años cuando Juan Manuel Muñoz Gambero, que ya había participado en las excavaciones de Carteya como ayudante del profesor Martínez Santaolalla, reconoció que el terreno que pisaba no era un simple monte. "Cuando empecé a subir por la cara sureste del Cerro de la Tortuga (frente a la residencia militar Castañón de Mena) encontré ciertos fragmentos de cerámica y un trozo de hacha de jaspe", recuerda el arqueólogo. Siguió subiendo, halló barro pintado, y entonces no tuvo duda de que se encontraba en un yacimiento arqueológico. Desde entonces, reconoce, lleva toda su vida investigándolo. "La Tortuga forma ya parte de mi propia existencia", sostiene.

Ese 20 de diciembre de 1959, Muñoz Gambero se subió al autobús con los bolsillos llenos de piezas y el alma repleta de emoción por el nuevo hallazgo. Fue a visitar a Juan Temboury y se reunió con "los hombres ilustres de aquella Málaga", explica. Se fundó el Grupo de Arqueología y Espeleología (GAE) y fueron autorizados por la Delegación Provincial de Excavaciones y por el propietario del terreno y comenzaron unas catas de las que surgieron "descubrimientos maravillosos". Desde 1960 hasta 1963 se estuvo excavando con regularidad y hasta el 68 se hicieron algunas campañas esporádicas. El arqueólogo ha reunido todo este trabajo en el libro El Cerro de la Tortuga. El templo y la necrópolis ibero-púnica de Málaga. Esta obra de casi 400 páginas repletas de ilustraciones, fotografías y recreaciones ideales ha sido publicada gracias a un convenio suscrito entre la Fundación Málaga, Cervezas San Miguel y el Ayuntamiento de Málaga.

Los materiales recogidos en superficie comenzaron a hablar y los expertos consideraron que se trataba de un santuario ibero-púnico. "Aparecieron unas tinajas estupendas, 18 ó 20 ánforas y un tonel. También cerámica de importación griega y minúsculos fragmentos de un recipiente de oro", explica Muñoz Gambero. Con este inventario "llegamos a la conclusión de que estábamos en lo que fue un templo, un lugar sagrado, sobre todo por los depósitos votivos que encontramos en una serie de cisternas, en los que había también restos de animales".

Señala Muñoz Gambero que intentaron explicarse por qué no había señales de necrópolis cuando por casualidad -por el corte que había hecho una excavadora- descubrieron una tumba que, incluso, aún poseía restos óseos. Actualmente tienen documentados cuatro tipos de tumbas. "Descubrimos que el Cerro de la Tortuga pudo ser un santuario rústico y urbano, que tuvo que tener culto solar, astrológico, y también a alguna deidad femenina por las esculturas y objetos recogidos", dice el autor del libro.

A partir de una base de piedras con agujeros como para colocar sobre ellas tres pilares, los expertos consideraron que ahí tuvo que levantarse una torre de dos plantas que serviría como observatorio y que se sitúa en la parte más alta del monte. "Pero tengo que advertir de que aún es una mera hipótesis conformada por los materiales y las estructuras encontradas", reconoce Muñoz Gambero, quien le debe a la insistencia y apoyo del director de la Fundación Málaga, Pedro Martín-Almendro, la consecución de este proyecto.

"Consideramos que éste es el yacimiento más importante de Andalucía de estas características", destaca el arqueólogo. Para este investigador, el enclave estuvo en uso desde el 550 antes de Cristo hasta el siglo I de esta era. "Parece que tuvo dos grandes incendios, uno de ellos destruyó el templo y se volvió a construir y luego desaparece nuevamente", dice. A finales del siglo III "aquello se abandona completamente, pierde su carácter de templo" y los siglos fueron ocultando bajo la tierra su legado.

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