Mar de fondo

Julián Molina

Pueblos oprimidos

Catalanes y malagueños tenemos algo en común; ambos vivimos bajo el yugo de gobiernos despóticos

14 de junio 2017 - 02:13

Catalanes y malagueños tenemos algo en común, ambos vivimos bajo el yugo de gobiernos despóticos. Guardiola protestaba el otro día por las "amenazas" de un "Estado autoritario", y denunciaba que los catalanes son "víctimas de un Estado que ha puesto en marcha una persecución política". Por su parte, Bendodo, en los mismos días, advertía a la Junta que no aceptará "imposiciones desde Sevilla" con el Metro, hablaba de "agresión" a la ciudad, al Ayuntamiento, al alcalde y a los malagueños, y acusaba al gobierno andaluz de "intromisión" y de "sobrepasar las líneas". Ambos además no solo se lamentan de abusos hacia su tierra, sino que su papel en estos conflictos parece ser también el mismo. Arengar la crispación, lejos de tratar de apaciguarla, y sazonarlo todo con una generosa dosis de victimismo y una grandísima interpretación. ¡Madrid nos maltrata! ¡Sevilla nos maltrata!

Pero la Junta tiene las mismas razones para perjudicar a Málaga que el gobierno central para perjudicar a Cataluña, ninguna absolutamente. Lo mismo que desde Cataluña o Málaga tienen exactamente el mismo interés en quejarse de terribles agravios por parte de sus gobiernos, el simple rédito electoral que supone erigirse en héroes contra una supuesta opresión. Nada luce más en política que señalarse como gran justiciero y defensor, aunque de lo que se nos quiera defender sea justamente de nuestros propios gobiernos electos. Y eso es quizá lo más terrible, pretenden hacernos creer que nos agreden nuestros propios representantes e instituciones, de forma perversa y gratuita, por el simple ánimo de fastidiar. Y el calibre de los problemas es sin duda muy distinto, Cataluña tiene ya un pie en la tragedia, mientras que lo de Málaga no pasa de comedia. Pero lo paradójico, y lo preocupante, es ver cómo desde aquí los argumentos de Guardiola o Puigdemont resultan del todo ridículos, pero los de Bendodo o el alcalde se ven del todo acertados. Nosotros aún estamos a tiempo, pero inquieta ciertamente ver las pocas precauciones que tomamos con los pirómanos del desagravio.

A menudo, desde fuera de Cataluña nos preguntamos cómo es posible que se hayan dejado arrastrar a esta locura sin sentido, y cómo han podido tragarse tanto camelo absurdo. Y quizá la respuesta empiece a ser demasiado evidente, exactamente igual que nosotros.

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