La zona cero en Adamuz, blindada a la prensa

El fuerte cordón de seguridad impide acceder al lugar donde descarrilaron los vagones

Numerosas patrullas de la Guardia Civil recorren la carretera y los caminos rurales del municipio cordobés

Lo peor que te puedes encontrar en la vida estaba allí

Así es el operativo de la Guardia Civil sobre el terreno en Adamuz
Así es el operativo de la Guardia Civil sobre el terreno en Adamuz / EFE
Diego Geniz

Adamuz, 19 de enero 2026 - 11:44

Una zona cero blindada a la prensa. Desde que este domigo trascendió el accidente mortal de los trenes en Adamuz, un fuerte despliegue de seguridad impide a los medios de comunicacion acercarse al lugar de la tragedia. Numerosas patrullas de la Guardia Civil recorren la carretera que une este municipio cordobés con el de Villafranca. Los agentes del Instituto Armado se encuentran apostados también en los caminos rurales que conducen hasta las vías del ferrocarril para impedir el paso a quienes no tengan la autorización correspondiente. Obtener una imagen del lugar del siniestro se convierte en tarea casi imposible para los numerosos fótografos y operadores de cámara desplazados hasta este pueblo de 4.100 habitantes, a menos de 20 minutos de Córdoba y a dos horas de Sevilla. Existe mucho celo por parte de las autoridades por controlar las imágenes que se difundan de uno de los más fatídicos sucesos ocurridos en Andalucía las últimas décadas. Se intenta también evitar con este blindaje que las vías se colapsen.

El termómetro en Adamuz marca un grado cuando son casi las dos de la madrugada. La caseta municipal del recinto ferial que ha servido de hospital de campaña está ya casi vacía. Aquí se han atendido a los heridos leves que ha dejado el choque de trenes. Los más graves han sido trasladados al hospital. Estas instalaciones han recibido hace media hora la visita del presidente de la Junta, Juanma Moreno, quien ha realizado unas declaraciones a la prensa, apostada allí desde hace varias horas.

Los agentes de la Policía Local y los voluntarios que proceden de distintas instituciones se trasladan al Hogar del Pensionista, zona de avituallamiento y de acogida de los familiares de las personas que viajaban en los trenes siniestrados. La mayoría desconocen dónde se encuentran sus allegados: si están heridos, si los han trasladado a algún hospital o si integran ya la lista de los fallecidos. El teléfono habilitada por la Junta no les responde. Momentos de angustia que se reflejan en los rostros. El personal que asiste allí a los reunidos ofrece caldo de puchero para combatir el frío que empieza a calar los huesos. Un auténtico manjar a estas horas.

Noche cerrada

Es noche cerrada en el campo cordobés. El cielo negro está huérfano de la luz de la luna. Sólo refulgen las estrellas. Las entradas al pueblo están custodiadas por la Guardia Civil, cuyas patrullas recorren las calles y la carretera, con bastantes curvas, que une Adamuz con Villafranca, el municipio más cercano. Entre ambas localidades existe un sendero de tierra que lleva hasta el lugar donde se produjo el accidente. Los baches hacen extremar la precaución cuando se conduce por él. Varios periodistas, algunos enviados por los medios de comunicación y otros que trabajan como freeland, se atreven a meterse con sus coches en este camino con la intención de captar una instantánea lo más cercana posible del lugar de los hechos.

Atraviesan la dehesa, repleta de matorrales que se perciben nitídamente cuando la luz de cruce se acerca a ellos. En este trayecto nocturno por un paraje desconocido hay que salvar un arroyuleo que, con las últimas lluvias, ha formado una bolsa de agua. Las precipitaciones de enero impiden que se levante polvareda. Lo que sí cae encima de la hierba es una escarcha que a punto está de dejar en grado de congelación los pies de quienes deambulan por el campo en busca de la instantánea de la jornada.

En esta comitiva hay una premio Pulitzer, periodistas llegados de Madrid y de China. Todos quieren hacerse con la imagen de la tragedia. En estos momentos, madrugada ya del lunes 19 de enero, el número de fallecidos asciende a 24. "Es uno de los mayores accidentes de tren que ha sufrido España y debe contar con su foto", refiere uno de estos profesionales. El deseo de los periodistas se ve frustrado con la reiterada presencia de la Guardia Civil, que controla el paso en distintos puntos del sendero. Es imposible adentrarse varios metros más para captar, al menos, una panorámica de cómo los servicios de emergencia trabajan en la zona, enclavada entre dos montañas.

Por encima del alambre

En este intento por esquivar el control de seguridad hay que saltar las alambradas que delimitan las fincas, cubiertas del moho que desprende el óxido. La luz de la pantalla del teléfono móvil y las linternas alumbran el desigual terreno, a veces pedregoso y otras cubiertas de las generosas heces de las vacas bravas que campan por estos lares. Animales que meten cierto miedo en el cuerpo. Desde uno de los montículos se ven varios camiones de gran tonelaje que proceden del lugar del accidente. Los agentes les facilitan el tránsito. Más periodistas se suman a la expedición que no logra encontrar un atajo libre de guardias civiles. No queda ningún resquicio sin blindar. "¡Todo está taponado!", lamenta uno de los periodistas asiáticos, que lleva años trabajando en Madrid para una agencia de comunicación del país amarillo.

El frío corta los cuerpos en esta noche oscura. A lo lejos, luces blancas y rojas y el vapor que desprende un pequeño lago por efecto de las bajas temperaturas. Las pisadas de los periodistas alertan a los perros guardianes de la Casa Rural Los Conventos, una de las estancias más demandadas por los turistas que vienen a disfrutar de Sierra Morena.

El pueblo, mientras, duerme sus últimas horas a la espera de un nuevo día en el que su nombre volverá a abrir los telediarios. Son las seis y media de la mañana. Las patrullas de la Guardia Civil siguen circulando por una carretera que a primera hora de la noche estuvo repleta de ambulancias. La vigilancia no cesa, como tampoco se detiene el empeño de algunos fotógrafos por hacerse con una imagen propia de los trenes descarrilados. Otros dan por acabada la búsqueda y van en busca de un café con el que sortear la somnolencia de los últimos minutos de la madrugada. Queda una jornada larga y dura por delante. La zona cero se resiste.

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