Concursar y trascender en el Carnaval de Málaga

Las voces de la Comparsa del Valle han enamorado. Más allá de su talento, la idea y el trasfondo literario nos recuerdan la diferencia entre competir en un concurso y dejar huella con una agrupación

La Murguita conmueve el Cervantes y la compañía del Valle lo sublima

La compañía del Valle impregnó de encanto la sesión de semifinales
La compañía del Valle impregnó de encanto la sesión de semifinales / FCMM
José Malo

02 de febrero 2026 - 14:45

Hay comparsas que ocupan el hueco de una estantería y hay comparsas que dejan huella en la retina. Las hay que retumban con fuerza en febrero y las que apetece escuchar en cualquier mes del año. Hay comparsas que ganan premios y comparsas que conquistan un hueco en la memoria. Hay trofeos que sacian el ego y sufragan la agrupación y estatuillas invisibles que se entregan en el escenario de la calles. El culmen de un autor radica en aunar ambas recompensas.

Valga la reflexión tras la irrupción maravillosa de La Comparsa del Valle. A expensas de lo que dé de sí su devenir en el concurso, ya han conseguido una gratificación que será histórica por muchos motivos más allá de ser candidatas a figurar como segunda comparsa femenina campeona tras el logro de La Era de Acuario (1998).

Las alhaurinas, que han retornado tras 13 años y han asociado sus angelicales voces al talento de Dede Cortés para un binomio perfecto, nos dejarán como legado una representación teatral que eleva la comparsa a musical. El Carnaval siempre lo ha sido, una arte escénica autóctona, pero esta compañía del Valle presume de ello y ejecuta sus códigos con maestría.

La presencia de la actriz y cantante María Gazares llevando el peso de la teatralidad le confiere una profesionalidad a la actuación que no suele valorarse allende el mundo carnavalero. Además, esa particular pedagogía le da brillo a lo que, sin música, quedaría como ladrillo académico: el repaso a nuestra dramaturgia más icónica. Hay que referir al autor su arrojo por ello, ya que rompe los patrones de lo que suele gustar en las cuartetas de un popurrí para apostar por un desarrollo eminentemente literario.

Un feminismo interesante

Los libros narrarán también la manera de entender el feminismo. No cantando desde la rabia acumulada o el rencor, sino desde la pedagogía. Como bien se puede medir en la cuarteta que deconstruye los mitos machistas en Don Juan Tenorio, La Vida es Sueño o La Casa de Bernarda Alba. Y que Dede Cortés haga el esfuerzo de escribir el repertorio empatizando desde la piel de la mujer es otra de las grandes moralejas de esta comparsa.

El otro premio extra es que se pueden decir mensajes contundentes con voces más dulces. Y el Carnaval está de enhorabuena si también este grupo se suma a las comparsas que ya vienen defendiendo la finura y la delicadeza en el canto. Que la potencia está en el conjunto, no en los decibelios.

El Carnaval debe ser periodismo cantado, pero en él siempre es magníficamente recibida la Alta Literatura, como propugnaba Juan Carlos Aragón. Porque aunque el afán mayoritario (y lícito) entre los componentes es el de defender un repertorio que les lleve a la gloria de los premios, va en la obligación de los autores crear un patrimonio de la copla. Trascender, con o sin estatuilla, es otro premio imborrable.

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