Balonmano | Homenaje

Fiesta en el José Luis Pérez Canca

  • El balonmano malagueño y español se vuelca en el homenaje al mítico jugador, cuyo nombre presidirá el pabellón de Carranque

Foto de familia de los participantes en el homenaje a Pérez Canca. Foto de familia de los participantes en el homenaje a Pérez Canca.

Foto de familia de los participantes en el homenaje a Pérez Canca. / M. H.

Como un recordatorio del ciclo de la vida, varios centenares de niños jugaron sobre el parqué de Carranque al balonmano por última vez antes de que cambiara visiblemente su nombre al de José Luis Pérez Canca, legendario balonmanista malagueño. Falleció demasiado joven, con 44 años, víctima de un cáncer de páncreas contra el que peleó hasta el final. "Un ejemplo hasta el último momento", le recordaba Antonio Carlos Ortega, su compañero y amigo desde niño. Como Ortega, que vino desde Hannover, campeones del mundo, medallistas olímpicos, multicampeones de Europa y detentores de títulos nacionales desde toda España.

Da idea de la huella que dejó Pepelu, como sus amigos de Málaga siempre le conocieron, que había representantes y compañeros de los clubes en los que jugó desde que dejó Maristas tras varios años en Asobal: Ademar León, Ciudad Real, Granollers y Antequera. En todos jugó varias temporadas, síntoma de implicación y dedicación. Cuando se le preguntaba a Demetrio Lozano o Antonio García, campeones del mundo, por sus cualidades resaltaban las humanas al mismo nivel o por encima de las deportivas, que le llevaron a jugar casi 20 años en Asobal, en equipos de zona alta, antes de retirarse en casa.

La unanimidad sobre la figura de José Luis Pérez Canca fue el motor para que sus amigos apretaran para que la Junta de Andalucía, propietaria de la instalación, cambiara el nombre de la instalación en la que el mítico Puleva Maristas jugara en la élite del balonmano español allá en los 90. Legendario equipo con los rusos Gopin y Yukhov, presente en el partido, y un núcleo de grandes jugadores malagueños, como el propio Pepelu, Quino Soler y Antonio Carlos Ortega, que hicieron carrera en el balonmano nacional al más alto nivel.

El partido, entre amigos de Pepelu y amigos de Pérez Canca, compañeros de Maristas contra los que tuvo a lo largo de su carrera, fue un corolario perfecto a una mañana emotiva. Sobre las tablas del Pérez Canca, que ya hay que acostumbrarse a decirlo así, un pedazo grande de los 30 últimos años de historia del balonmano español. Un puñado de viejas glorias del 40x20 malagueño y español.  

El partido se jugó en dos tiempos de 20 minutos, a tiempo corrido, y se detuvo en el minuto 18, en un emotivo momento, para frenar el marcador con 18-18. Desde ahí se dejó de contar y sólo se disfrutó con los giros de muñeca del mejor jugador malagueño de la historia, Antonio Carlos Ortega, las paradas de Miguel Maza o algún movimiento de Yukhov. Todo, en un Carranque atestado en el que el balonmano volvió a ser el rey para convertirse en José Luis Pérez Canca para la posteridad.

Previamente, se celebraron decenas de partidos de balonmano 5 en la pista con niños de colegios de la capital. Uno de los motivos por los que se cambia el nombre de Carranque es para seguir sembrando, para esparcir las semillas del balonmano, que ahora en Málaga relucen en la vertiente femenina, con el Rincón Fertilidad. En toda la extensión del acto, con el arduo trabajo de Raúl Romero, factótum del balonmano malagueño, la pequeña Helena Pérez Gil, de ocho años, pudo hacerse una idea de la dimensión humana de su padre. Ella fue la gran dama del homenaje, hizo el saque de honor y se convirtió en la protagonista simbólica.

Antes del inicio del partido, los representantes de la instituciones descubrieron, tras el acto presentado por Fernando Ramos y los discursos de reconocimiento del homenajeado, el más emotivo el de su viuda, Beatriz Gil, la placa con el nombre de José Luis Pérez Canca que habrá en la entrada de Carranque. Y un bonito mural en la parte superior del pabellón con el eterno 18, visible desde fuera de la instalación, que recordará para siempre la figura de un gran jugador. Y de una gran persona.

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