La gallina canta La Traviata

El 0-8 en Almería y la manita a un notable Athletic dan otro giro de tuerca a la Liga, con dos colosos sin oposición que el lunes, en el clásico, se pueden jugar medio título

Juan Antonio Solís

23 de noviembre 2010 - 05:02

El pasado sábado, justo en la antesala de un nuevo clásico, se escenificó en toda su crudeza la realidad que amenaza con que la gente se aburra, se harte, agarre el mando a distancia y dé la espalda a los partidos de esta sonrojante Liga. A las ocho de la tarde, el Almería saltaba animoso al terreno de juego y tres cuartos de hora después regresaba al vestuario bajo la bronca de su afición, destrozado por un 0-5 que remitía a los partidos en blanco y negro del Nodo. A la media hora ya no había litigio, y el interés radicaba en el dígito que alcanzaría el campeón. Llegó al 8, no hubo clemencia para el débil, quizá porque había que marcar el territorio al gran enemigo, que jugaba poco después en el Bernabéu.

Pero el Madrid recogió el guante que le lanzó el Barça y laminó al Athletic. Lo preocupante, en el caso del encuentro en Chamartín, radicó en que los leones rugieron, en que compitieron bien, al límite de sus posibilidades. Con un Llorente imperial. Y se llevaron cinco. Hasta Sergio Ramos, que no había tirado un penalti como profesional, tiró de galones, le quitó la pelota a Cristiano y lanzó desde los 11 metros cuando el marcador reflejaba aún un 2-1. Flota que la suerte está echada de antemano, que apenas hay margen para la respuesta. ¿El Hércules en el Camp Nou? Sucedió hace tres meses ya. Luego, casi todo ha sido un vayan pasando...

También el pasado sábado, horas antes de los dos monólogos, se enfrentaban dos de los mejores de la Liga terrenal, Villarreal y Valencia, y ahí sí hubo competición en el sentido más literal e ideal del término. Dos equipos bien plantados, que sostienen un pulso bajo la emoción. Y la emoción es la sangre del deporte profesional. Sin ella, el pulso acabará bajando a cero, la gente se cansará de lo mismo, las audiencias bajarán y con ello los ingresos. Sí, esa gallina de los huevos de oro puede morir.

Esa gallina hace tiempo que empezó a cantar y hoy, ya canta hasta La Traviata: ha adelantado a la escocesa por la derecha. Son ocho los puntos entre el líder, Real Madrid (32), y el tercero, el Villarreal (24). Jamás hubo tanta distancia a estas alturas entre los dos primeros y el resto bajo el formato de tres puntos por victoria -algo que tampoco propicia, precisamente, que la Liga sea más igualada-.

Madridistas y barcelonistas van a ritmo de superar, ambos, los 100 puntos que ya rozaron la temporada pasada. Y si tras el Real Madrid-Barcelona de la jornada 32ª el average particular está empatado y ambos necesitan golear de forma inmisericorde, la gallina acabará cantando lo que le pidan e igual se ve algún que otro 10-0.

Que el presidente del Almería, Alfonso García, piense en el 0-8 antes de firmar el acuerdo televisivo que pergeñan los dos grandes. Si lo acata, quedará deslegitimado para pedir cuentas a su equipo por otra goleada búlgara en el futuro. Y que Valencia o Atlético no renieguen en los medios del papel de segundones que están dispuestos a asumir.

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