Unicaja, ese rugido necesario para crecer
La dimensión de la victoria en Valencia supone un refuerzo anímico enorme para la plantilla, cambia la cara del equipo y reactiva señas de identidad que estaban ahí, pero que no terminaban de aparecer
La pelea de Tyson Pérez
No hay euforia en el Unicaja, pero sí una satisfacción profunda tras la victoria en Valencia. Era un triunfo muy necesario por el contexto de los últimos días y por la necesidad de recuperar sensaciones. La derrota en Lugo supuso un paso atrás poco habitual, por la imagen ofrecida, y convirtió esta semana en un tramo extraño que pedía una respuesta clara. Y llegó quizá en el escenario más demandante del baloncesto europeo en la actualidad. No solo por la entidad del rival, sino por el momento del Valencia Basket, invicto hasta entonces en ACB en el Roig Arena, rodado en su juego y con muy pocas grietas, más allá del tropiezo europeo en Mónaco. No es una victoria cualquiera. Es una de esas noches que a nivel interno hacen clic.
El partido no fue bonito ni brillante, más áspero que fino. De acierto muy limitado y porcentajes bajos en ambos lados, con el Unicaja cerrando el encuentro con un pobre 27% en triples, en un contexto general de evidente pesadez. Precisamente ahí aparece uno de los grandes valores del triunfo: saber competir, interpretar escenarios y aprovechar tu momento. El Valencia tomó ventaja muy pronto (18-8 en los primeros cinco minutos) y pareció marcar el tono del partido, pero el Unicaja se agarró a esa rueda. Lejos de precipitarse, el equipo malagueño fue creciendo poco a poco, cocinando el partido con paciencia, aprovechando el cansancio y la rigidez de piernas del rival, hasta terminar de inclinarlo a su favor con un golpe definitivo en el tercer cuarto y 20 minutos fabulosos de baloncesto. Ese camino pasó por elevar el listón físico, incomodar al rival y asumir un grado de contacto alto, bien leído por el Unicaja en un contexto de cierta permisividad arbitral. Las rotaciones sostuvieron un nivel de intensidad constante y la implicación colectiva fue homogénea, una de las mejores noticias que deja la noche de Valencia.
El trabajo de Killian Tillie fue especialmente llamativo, soportando un nivel físico de primerísimo nivel y absorbiendo bien el contacto durante muchos minutos, o como Emir Sulejmanovic, después de una primera mitad calamitosa, tuvo su impacto final con canastas importantes. También el crecimiento de Olek Balcerowski sigue siendo una constante, firmando uno de sus partidos más completos y confirmando una evolución que no se detiene. Pero el valor principal fue colectivo. El Unicaja recuperó señas de identidad que estaban latentes, especialmente en ese tramo del tercer cuarto en el que el equipo pudo correr, subir el ritmo y pasar por encima del Valencia, que no fue capaz de seguir ese paso. Ahí apareció el Unicaja reconocible: el que aprieta atrás, corre cuando puede y construye desde el trabajo.
No es menor que esta haya sido la primera victoria del curso ante un rival de Euroliga. Ibon Navarro ya apuntaba en la previa que el equipo necesitaba esa autoconfianza que solo dan los triunfos de este calibre. Ganar en Valencia refuerza, legitima y calma. El equipo además tampoco tuvo miedo a ganar cuando el equipo taronja amagaba con la remontada al final. Otro de los factores que deja la noche es el impacto emocional que va a tener en el vestuario la tremenda historia de Chase Audige, que ha calado hondo en el grupo y también en el entorno del club. Son episodios que fortalecen vínculos, generan referentes internos y ayudan a unir todavía más a una plantilla que también necesita este tipo de estímulos para crecer como equipo. Pequeñas cosas que, sumadas, también cuentan.
Hay margen de mejora en todos los aspectos y el proceso sigue siendo largo, pero esta victoria refuerza la idea. Quizá con menos talento que en otras temporadas, pero con una identidad clara que empieza a reaparecer. Son pequeños comportamientos, respuestas individuales y colectivas que elevan al grupo. Ese rugido era necesario. No como punto final, sino como punto de apoyo para seguir creciendo y construyendo. Para cambiar caras, recuperar confianza y volver a fluir; ese estado de ánimo que tanto repite Ibon, y lo de Valencia ayuda a colocarlo en el sitio adecuado. Con una semana limpia por delante y el derbi ante Granada en el horizonte, es momento de estar satisfechos y seguir ahondando en la idea.
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