Feria de Málaga

El folclore se fusiona en la Feria

En mitad del ajetreo diario de la Feria, entre el Cartojal y las tapas, todavía queda un hueco para conocer y experimentar otras culturas, que conviven en la ciudad durante todo el año y que en los últimos tres días de fiesta se suben a las tablas del recinto Eduardo Ocón, en el Paseo del Parque, para mostrar a los malagueños y turistas la música, los bailes y el folclore de su tierra. Es lo que hicieron en torno a un centenar de personas, que acudieron al Festival Intercultural Nuevos malagueños, nuevas culturas. Es la primera edición de este certamen, que se inauguró ayer, y que acogerá en estos días a 20 grupos de las distintas asociaciones de inmigrantes que hay en la capital, fundamentalmente procedentes de Latinoamérica, como Bolivia, Ecuador, Argentina, Colombia, Méjico, Chile o Paraguay, pero también de Marruecos o Ucrania.

El sol rabioso, como no podía ser de otra manera a las 13:00, no se quiso perder el espectáculo y fue el primero en llegar al recinto para ocupar hasta el último rincón en el que los asistentes trataban de refugiarse. Todo parecía poco para hacerle frente al calor. Abanicos, gorras, sombreros improvisados con pañuelos, papel de periódico o revistas, paraguas y hasta sombrillas de playa, junto a los helados, los refrescos y litros de agua eran los mejores amigos del público. Aunque también hubo más de un valiente que aguantó al raso.

Ante semejante panorama, entre el tango argentino y los caporales bolivianos, no quedó más remedio que buscar cobijo entre los árboles del jardín del Paseo del Parque y al pie del escenario. Una sombra se hubiese pagado a precio de oro, aunque por más que los espectadores se dejasen la garganta para llamarla, al grito de: "¡Sombra! ¡Toldos!", y por mucho que lo reclamasen cuando la directora del área de Derechos Sociales, Ruth Sarabia, se subió al escenario para presentar el Festival, el sol no dio tregua. Eso sí, frente a tal protesta, a Sarabia no le quedó más remedio que prometer "gorritos" para hoy y toldos para posibles ediciones posteriores.

El espectáculo, sin embargo, brilló con la diversidad y la fusión del folclore internacional y el autóctono. Junto a los grupos de nacionalidades extranjeras, cada día, una banda malagueña de verdiales será la encargada de abrir las actuaciones. Así, el Festival arrancó con la panda estilo de los Montes Isabel Portillo, de Benagalbón. Después, los miembros de la Asociación Asimec, de Ecuador, ataviados con la vestimenta típica del norte de este país, deleitaron al público con la danza del toro barroso. Un baile que refleja la faena taurina adaptada a la cultura ecuatoriana y que despertó la curiosidad de los asistentes, que incluso tararearon el estribillo de la canción. Después, la danza típica de Guayaquil, la segunda ciudad más importante de Ecuador, consiguió que por un momento, algunos se animaran a dejar de lado el abanico para seguir el ritmo con las palmas. Por su parte, la riqueza de la cultura argentina estuvo representada por Paola y Mario, de la Peña Folclórica Argentina. Esta pareja fascinó a todos con su dominio en el arte del tango y la milonga, tanto que después de su actuación el público pidió "otra", y los bailarines volvieron a salir a escena, ante la mirada atenta de malagueños y visitantes.

Los jóvenes tampoco dejan atrás la cultura de sus países de origen, como demostraron los de la Asociación 100% latino, que interpretaron el pasacalles, un baile popular similar al pasodoble español. Este mismo grupo representó un ritmo musical originario de la zona del Valle del Chota, y creado por los afroecuatorianos, llamado, la bomba. Puede que tras este Festival más de uno se anime a aprender el tango argentino o las caporales de Bolivia, porque en la capital no sólo se bailan malagueñas, verdiales o sevillanas.

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