Esta vez fue Manzanares

5º festejo del abono del ciclo ferial

Enrique Ponce, que cortó una oreja, ofreció otra actuación magistral para la afición malagueña · Morante pasó más inadvertido, salvo en media verónica digna de perpetuarse en una estatua

José María Manzanares saluda al tendido mientras se dispone a salir a hombros por la puerta grande.
José María Manzanares saluda al tendido mientras se dispone a salir a hombros por la puerta grande.
Joaquín Jesús Gordillo

18 de agosto 2010 - 01:00

GANADERÍA: Se lidiaron seis de toros de Juan Pedro Domecq. Corrida muy desigual de presencia y ayuna de casta. Primero y sexto estuvieron muy escasos de trapío. El segundo y el cuarto, justos de presentación. Tercero y quinto, con más romana y el sobrero que se lidió en sustitución del que abría plaza devuelto por inválido, con el cuajo que exige una plaza de primera. El tercero tuvo mucho peligro y el cuarto y quinto fueron aplaudidos injustificadamente en el arrastre. TOREROS: Enrique Ponce: de grana y oro. Entró derecho y dejó una buena estocada (saludos). Una entera en el rincón, un aviso (una oreja). Morante de la Puebla: de grana y oro. Un pinchazo bajo sin estrechuras, media trasera y baja echándose fuera (algunos pitos). Estocada honda y atravesada (bronca). José María Manzanares, de azul marino y oro. Más que una estocada, un ¡cañonazo! (una oreja). Estoconazo contrario (dos orejas). Salió por la Puerta Grande. Incidencias: En contra de la anunciada alerta naranja, tarde soleada. Cartel de no hay billetes. Ovación para Enrique Ponce, que sacó a sus compañeros a saludar. Juan José Trujillo puso la plaza en pie al clavar un par de banderillas al tercero de la tarde. El toro que abría plaza cogió a Alejandro Escobar, que se cayó en la cara al recibirlo y cometió el error de intentar levantarse; el toro lo arroyó y le hirió en el muslo derecho. Parte facultativo: herida incisa tercio supero-interno muslo derecho de 8 cm que interesa piel, tejido celular subcutáneo y aponeurosis con dos trayectorias, una hacia abajo, hacia atrás y hacia adentro de 8 cm; y otra hacia abajo y hacia delante de 10 cm lesionando músculo vasto interno y fibras del músculo abductor mayor. Otra de 15 cm en cara posterior y externa del mismo muslo derecho que interesa piel, tejido celular subcutáneo que rompe músculo bíceps con trayectoria de 15 cm hacia abajo, hacia dentro y hacia delante que lesiona músculo semitendinoso y semimembranoso. Hemorragia moderada. Pronóstico grave.

De nuevo Enrique Ponce volvió a dejar su sello en La Malagueta. De nuevo el maestro valenciano acreditó su puesto a la cabeza del escalafón. El toro que abría plaza, muy justito de presencia, fue protestado y devuelto por su manifiesta invalidez. En su lugar salió un sobrero del mismo hierro, toro con cuajo, al que Ponce lanceó a la verónica con especial brillo por el lado izquierdo. Blandeó el toro que no se empleaba. A la muleta llegó embistiendo a arreones y con la cara arriba; Ponce intentó templarlo pero el juanpedro se quedaba muy corto y no tenía clase. El cuarto tuvo una salida de buey y luego se paró como la mujer de Lot. Manso perdido apretó para adentro, salió suelto tras sus entradas al caballo y propició un tercio de banderillas laborioso. Enrique Ponce brindó, pese a las apariencias, al respetable y rodilla en tierra interpretó una sensacional apertura de faena. Con la muleta en la mano derecha, faltan los adjetivos. El manso iba y venía a dictados de la muleta embistiendo como un carretón. Tres molinetes, un cambio de mano y un circular de 360 grados elevaron, si ello fuera posible, el tono de la faena. Por el lado izquierdo el toro siempre se quedó muy cortó.

Morante de la Puebla lanceó al primero de su lote con suertes de trazo excelente, pero la mansedumbre de su enemigo y la media arrancada con que tomaba los engaños dejó la faena en un intento sin brillo. El quinto, como casi toda la corrida, fue doblón y manso. Descastado no había toro y la labor del sevillano no pasó del intento. En su haber las verónicas -hasta ocho- con que recibió al este segundo toro de su lote y la media de remate, digna de ser perpetuada en una estatua.

El público y la presidencia se han confundido al juzgar la labor de José Mª Manzanares. El joven maestro de Alicante que cortó una oreja del que abría plaza y las dos del que cerró el festejo, debió ser premiado al revés. La faena digna de los dos apéndices fue sin duda la tercera. Pocos toreros en el escalafón -sobran dedos en una mano- son capaces de hacerle al peligroso tercero la emocionante faena que interpretó el diestro, salvando los tornillazos peligrosos y las coladas por el pitón derecho. Un aficionado de la categoría de José María Vallejo se hacía lenguas al terminar el festejo de la actuación del levantino. Y firmo y rubrico que estoy de acuerdo con él. José Mª Manzanares se la jugó literalmente en muletazos de estupendo trazo hasta completar una faena tan limpia y torera, como emocionante. Incluso fue volteado dejando claro que el toro no tenía un peligro sordo sino real. Con la espada ya se ha dicho en el prólogo de esta crónica, ejecutó el volapié como no se va a hacer en toda la feria. Lances excelentes abrieron la intervención de José Mª con el sexto de la tarde, toro que se paró muy pronto y que tenía muy poca fuerza. La res no transmitía, pese a lo que Manzanares llevó la embestida larga y con limpieza, sobre todo a partir de la segunda serie porque al principio de su labor, toreó más para afuera. Con la izquierda el toro escarbaba y reculó, pese a lo cual, José Mª cuajó una serie digna sobre ese pitón de la que hay que destacar un natural excelente. El diestro estuvo siempre por encima del toro y terminó su labor adornándose con molinetes con sabor.

Tres partes seguidas, de domingo a martes, se ha abierto la puerta grande Manolo Segura. Que siga la racha.

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