David Trueba | Escritor y cineasta “El mundo no es puro: el compromiso pasa por la responsabilidad personal”

  • El director acaba de publicar su última novela, ‘El río baja sucio’ (Siruela), un relato iniciático dirigido a jóvenes lectores, mientras prepara el estreno de su nuevo filme, ‘A este lado del mundo’

El escritor y director de cine David Trueba (Madrid, 1969). El escritor y director de cine David Trueba (Madrid, 1969).

El escritor y director de cine David Trueba (Madrid, 1969). / Jordi Vidal

La fatalidad del coronavirus ha privado a Málaga de una doble cita estos días con David Trueba (Madrid, 1969), quien tenía previsto presentar en la ciudad la proyección de Si me borrara el viento lo que yo canto, su documental sobre Chicho Sánchez Ferlosio, en la última jornada del MaF; así como su última novela, El río baja sucio (Siruela). Cuando tuvo lugar esta entrevista estaba igualmente prevista la presentación en la sección oficial a concurso del Festival de Málaga (finalmente aplazado) de su nueva película, A este lado del mundo, una mirada a la inmigración rodada en su mayor parte en Melilla y protagonizada por Vito Sanz y Anna Alarcón.

-La catalogación de El río baja sucio como novela juvenil ha suscitado cierto debate, ¿qué opina usted al respecto?

-Digamos que ha habido una concatenación de acontecimientos. Decidí no publicar El río baja sucio en mi editorial de siempre, Anagrama, primero porque mi anterior novela, Tierra de campos, tenía aún cierta vida; y también porque es un proyecto más breve, más pequeño, con lo que no habría tenido mucho sentido publicarlo en la misma editorial. Así que la ofrecí a Siruela y acabó publicada en su colección de novela juvenil. De entrada, los protagonistas tienen 14 años: digamos que me interesaba entrar en la casa de la gente, esta vez, desde la habitación de los hijos. No soy una persona de grandes ambiciones, pero me preocupa que entre los 13 y los 18 años mucha gente deje de leer. Es una franja delicada a la que no se dirige expresamente mucha literatura, así que puse ahí toda mi atención. Respecto a que sea una novela juvenil, creo que esas cosas dependen sobre todo de criterios comerciales, no literarios, así que no me preocupa. Si pienso en novelas como El guardián entre el centeno, El arpa de hierba o Matar a un ruiseñor, tal vez sean novelas juveniles, pero desde luego son novelas que disfrutamos a cualquier edad.

-Su libro aborda el final de la inocencia, pero más como una oportunidad para cambiar lo corrupto, lo que funciona mal. ¿Podemos considerarlo una invitación al compromiso político?

-Me parece importante recordar que el mundo no es puro. Hay una idea general del mundo como algo puro, que debe ser preservado a toda costa. La pérdida de la inocencia tendría que ver con la corrupción de esa pureza. Pero no, el mundo no es así. El compromiso con el mundo pasa no por preservar su pureza, que no existe, sino por el compromiso personal. Por asumir las responsabilidades propias y considerar que todo lo que hacemos tiene consecuencias en nuestro entorno. Ahora parece llevarse justo lo contrario, el no asumir las responsabilidades a la espera de que lo hagan otros. Y, en parte, la culpa de todo esto la tiene la idea de la pureza del mundo.

-El río baja sucio transcurre en unas vacaciones de Semana Santa y cada capítulo se corresponde con cada una de las jornadas de la misma, del Sábado de Pasión al Domingo de Resurrección, con una cita de los Evangelios. ¿Es un ajuste de cuentas, tal vez, con su propia adolescencia?

-En mi casa recibí una formación cristiana, así que sí, soy lector de la Biblia y de los mitos cristianos. Conozco bien ese código de circulación, por decirlo así. No soy muy practicante pero respeto mucho, mucho, a quien decide adoptar ese código. Y precisamente porque soy muy respetuoso no entiendo que haya quien se arrime al código para hacer y defender justo lo contrario de lo que sostiene. Es más, me indigna sobremanera. La inclusión de esas citas tiene que ver con lo que el personaje del ex presidiario revela a los protagonistas: a los 14 o 15 años sucede algo muy importante, y es que por primera vez tomas decisiones que van a in fluir de manera decisiva en tu vida. Y, además, aprendes que las decisiones que tomes a partir de entonces van a ser igual de trascendentes. Si algo define la madurez es la responsabilidad.

"Que haya más gente haciendo cine contribuye a que se empiece a hablar del oficio con más respeto"

-¿Ha sido el mismo escritor al escribir El río baja sucio y, por ejemplo, Saber perder?

-Decidí escribir El río baja sucio, entre otras razones, para hacer frente a la inercia. Como en cualquier otra profesión del mundo, también el cine, hay que estar pendiente y quebrar los automatismos cuando amenazan con multiplicarse. Hay quien viene a decirme que por qué después de tal película hago tal otra que parece no tener nada que ver con la anterior, pero ésa es mi manera de mantenerme alerta. Cuando trabajas, la inercia es letal. Lo que pasa es que al final converges con el oficio para, por ejemplo, ponerle fáciles las cosas al lector a la hora de converger con el libro de una manera natural, sin forzar nada.

-El narrador de la novela pasa el tiempo haciendo películas y parece relacionarse con el mundo a través de las historias contadas mediante imágenes. ¿Esa enfermedad, con perdón, distorsiona su visión de la realidad?

-Yo casi hablaría de perversión, sí. Lo cierto es que tengo la sensación de que cada vez más gente hace sus películas. Es algo que ha venido aparejado a las redes sociales, pero si hasta hace algunos años hacer una película era algo extraño, ahora parece mucho más corriente. Es más, la gente hace uso de las películas para presentarse en las redes, para compartir su particular identidad. Y esto sí que me parece un fenómeno interesante: antes la gente, para referirse a sí misma, contaba un cuento o hacía teatro, pero ahora, además, hace una película. Ha incorporado el proceso a ese nivel con absoluta facilidad. Esto constituye un tiempo nuevo, habrá que ver a dónde nos lleva. Ya hay quien dicta sentencia con todo esto, pero nos conviene ser más cautos.

-Eso me recuerda unas viejas declaraciones de Coppola, quien, en los 70 o los 80, afirmaba que su sueño era que una niña de siete años de Wisconsin pudiera coger su cámara un día, hacer una película y que luego esa película la vieran millones de personas.

-Ya ves, el sueño de Coppola se ha hecho realidad. Pero lo que ahora tendrá Coppola con esto serán pesadillas. Esa niña de Wisconsin ha crecido y se ha convertido en una empleada de Mark Zuckerberg. El juego ha revelado su lado oscuro.

-Pero, ¿considera que la mayor accesibilidad a la tecnología puede llegar a poner en peligro el oficio cinematográfico?

-En este sentido soy optimista. Primero, porque no todo el mundo que se pone un chándal para salir a correr por las mañanas acaba corriendo la maratón. Hay motivaciones muy distintas. Y segundo, porque creo que el hecho de que más gente conozca la técnica cinematográfica está contribuyendo a que cada vez haya más respeto para los oficios del cine, tradicionalmente denostados. Cuando alguien se interesa por una determinada actividad, llega a comprender lo difícil que es y gracias a eso la valora mucho más. Quien empieza a hacer cine se da cuenta de lo duro y lo complicado que es hacerlo, y que muchos hagan cine, de una manera o de otra, permite que la visión general del oficio sea más respetuosa. Sólo quien sabe tocar la guitarra puede llegar a comprender bien el mérito de Paco de Lucía. En el cine ocurre igual.

-En cuanto a A este lado del mundo, ¿por qué razones no debemos esperar otra película más sobre el drama de la inmigración?

-Es curioso que me hagas esa pregunta porque quiero escapar de la idea general que tiene la gente en torno a las películas sobre la inmigración. El cine que aborda este asunto es, por lo general, amable, previsible, hecho para convencer a los convencidos. Pero yo quiero salir de todo eso y plantear la cuestión desde un lugar bien distinto. Después del Festival de Málaga presentaremos la película en Almería, y en más sitios. Y queremos generar debate donde vayamos.

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