'¿Qué te juegas?' | Crítica

Imaginario millenial

Leticia Dolera, en '¿Qué te juegas?' Leticia Dolera, en '¿Qué te juegas?'

Leticia Dolera, en '¿Qué te juegas?' / M. H.

¿Qué te juegas? es tan millenial que arranca con dos despidos en el primer minuto. En un inicio de gran ritmo, Daniela (Amaia Salamanca) se presenta como la directiva implacable de una compañía multinacional heredada de su padre. Roberto (Javier Rey), por el contrario, es el hermano díscolo más habituado a dilapidar la fortuna familiar que a la gestión y administración de empresas. Pero tiene una idea para el negocio y necesita convencer a sus hermanos para llevarla a cabo. Para ello tratará de ganar para su causa a Fernando (Daniel Pérez Prada), el tercer hermano en discordia. Con él se apuesta demostrar la debilidad de Daniela, contratando a una atractiva monologuista (Leticia Dolera) para que la seduzca y humanice.

Inés de León aborda la historia desde la más pura comedia romántica, a la que incluso no se corta en homenajear, en los ejemplos de Notting Hill, Love actually o La boda de mi mejor amigo. Pero lo hace además con varios aciertos indiscutibles desde el punto de vista del género -como el consejero chamán-, y también del montaje, con un ritmo dinámico que logra que la cinta no se dé tregua.

El reparto está igualmente afinado, y aunque hay episodios y secundarios menos logrados (los compañeros de piso tienden a la irrelevancia), el conjunto resulta entretenido… siempre y cuando sólo se trate de eso. La película evoluciona además hacia el disparate en su tercio final, y si bien falta algo de suavidad en los giros, resulta una comedia televisiva bien resuelta y que ha estudiado tan bien al Sherlock de Gatiss y Moffat como a su público objetivo. Los comentarios de los personajes no dejan atrás ninguna de las palabras y marcas habituales en el imaginario millenial por antonomasia: Amazon, Tinder, Twitter… e incluso reserva uno de sus mejores gags a la fascinación que le provoca a Roberto escuchar los anuncios entre canciones de un Spotify sin Premium. Ay, la gente de barrio.

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