Málaga

Antonio vuelve a casa después de 324 días en el hospital, en Málaga

  • El hombre, vecino de Bonaire, en la capital, recibe el alta tras pasar ese tiempo entre el Clínico y el Marítimo debido al Covid

Antonio con su hija al abandonar este viernes el Hospital Marítimo de Torremolinos. Antonio con su hija al abandonar este viernes el Hospital Marítimo de Torremolinos.

Antonio con su hija al abandonar este viernes el Hospital Marítimo de Torremolinos. / Javier Albiñana

“Estoy feliz, pero atacada de los nervios”, reconoce Cristina Domínguez. No es para menos. Antonio, su padre, recibió este viernes el alta tras 324 días en el hospital. 324 días... Debe ser uno de los pacientes que más tiempo ha estado ingresado a causa del coronavirus.

Cristina relata su historia como un homenaje a su padre. Como reconocimiento público “a su fortaleza y a todo lo que ha luchado por vivir”, afirma con la voz entrecortada por la emoción. También la cuenta como agradecimiento a los profesionales del Clínico y el Marítimo que “lo han salvado” y como mensaje de esperanza para los enfermos que pelean ahora contra el Covid.

Antonio estuvo más de dos meses sedado y entubado. Varias veces los profesionales del hospital temieron por su vida. Pero lucharon por él... Y lo sacaron adelante. Este viernes dejó del hospital. Después de casi un año ingresado entre el Clínico y el Marítimo, obtuvo el alta. No puede caminar y está débil, pero ha sobrevivido.

“Sus ángeles de la guarda lo han salvado”, afirma con rotundidad la hija. La voz se le quiebra por segunda vez. Cristina se refiere a los profesionales de ambos centros sanitarios. “No sólo lo han cuidado y arropado a él, sino a toda nuestra familia”, agradece.

Todo se remonta al principio de la pandemia. A comienzos de marzo, Antonio y su esposa, Encarnación, estaban de vacaciones en un hotel de Huelva. El Gobierno central decretó el estado de alarma y el confinamiento. Así que se volvieron a Málaga. “Mi padre empezó a tener fiebre y una tos fea”, recuerda la hija.

Como iba a peor y tenía dificultad respiratoria, llamaron al 061. Antonio, de 68 años, tiene diabetes, hipertensión y arritmia. Pero hasta ese momento, todas esas patologías estaban controladas. El 25 de marzo –cuando Cristina cumplía 39 años–, la ambulancia lo trasladó a Urgencias del Clínico. Lo dejaron ingresado. Sólo pasó la noche en la planta porque unas horas más tarde estaba ya en la UCI que se habilitó en la zona de Recuperación Postanestésica. Allí permaneció 74 días.

Aislado por el Covid y sedado, sus familiares no podían contactar con él. Pero los profesionales del hospital, mediante videollamadas, facilitaban que sus seres queridos pudieran visitarlo virtualmente. “No me respondía, pero lo veía. Y nos tranquilizaba saber que seguía luchando”, sostiene Cristina, otra vez con la voz rota por la emoción. Por este detalle de las videollamadas, la hija de Antonio no deja de repetir el reconocimiento no sólo al trabajo asistencial, sino también humano de los profesionales.

Cuenta que mientras estuvo sedado y entubado, su esposa no lo supo. “Yo engañaba a mi madre para que no se preocupara”, confiesa. Encarnación le preguntaba por qué no podían hablar con él por teléfono y Cristina buscaba excusas. Sólo supo lo grave que estuvo cuando todo ya había pasado. Después de varias semanas, pasó a planta del Clínico. Entonces, después de varios meses, por fin pudieron abrazarlo. Evoca aquel instante y se emociona por enésima vez.

Cuando mejoró, su padre fue trasladado al Marítimo. Como había quedado con secuelas debido al Covid y a la larga hospitalización, necesitaba fisioterapia y en este hospital de Torremolinos está la Unidad de Rehabilitación.

Antonio evolucionaba favorablemente. Todo parecía enderezarse. Pero debido a la debilidad que le dejó el coronavirus, contrajo una neumonía no Covid y volvió a empeorar. En noviembre tuvo que ser trasladado al Clínico. A principios de diciembre, tras recuperarse regresó al Marítimo, donde ayer recibió el alta. Su hija va desgranando la pesadilla vivida en todo este tiempo. Más de una vez contiene los sollozos. Aunque ahora son de emoción y alegría.

Antonio necesita silla de ruedas porque no camina y está débil. Pero por fin está en casa. La vivienda ha tenido que ser adaptada por sus dificultades de movilidad. Mientras Antonio y los sanitarios luchaban por su mejoría, la familia hacía las reformas anhelando este día, el del alta.

Cristina reitera por enésima vez su agradecimiento al personal de “la Recu” del Clínico, a los impulsores de la iniciativa Hunidos que facilita la videollamadas a los familiares, a los fisioterapeutas del Marítimo y “a todos y cada uno de los profesionales” que han hecho posible que su padre sobreviva. Por eso, concluye con un mensaje de esperanza y ánimo para los pacientes que pelean en este momento contra el Covid y también para sus familias:“La lucha contra este virus es muy dura, pero se puede salir”.

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