Blas López | Intolerancias alimentarias "Las intolerancias alimentarias aumentan porque lo que comemos no es sano"

  • Reclama que estas patologías se incluyan en el sistema público sanitario

  • Asegura que muchos afectados se recluyen en sus casas porque padecen diarreas repentinas

El facultativo, después de la entrevista.

El facultativo, después de la entrevista. / Javier Albiñana

Blas López es médico; urólogo. Pero a raíz de la intolerancia alimentaria de una hija se puso a investigar. Y vio que estas personas estaban mal asistidas. Creó un grupo de Facebook que lleva 16.000 seguidores e impulsó una asociación nacional para agrupar a estos afectados. Este sábado, a las 9:30 ofrece en el Hospital Chip una charla sobre las intolerancias alimentarias y la microbiota (microorganismos intestinales).

–Un urólogo hablando de intolerancias alimentarias ¿Por qué?

–Desde hace unos seis años me dedico a las intolerancias alimentarias a raíz de que una hija mía se puso muy mal y como no me daban solución, me tuve que buscar la vida. Como consecuencia de esto, dirijo un grupo de Facebook de 16.000 personas con intolerancias alimentarias. Como el grupo ha crecido mucho, hemos hecho una organización sin ánimo de lucro que es la Asociación Española de Intolerancias Alimentarias y Microbiota. Están entregados los papeles en el Ministerio de Gobernación a espera de que nos den la aprobación.–¿Este problema los llevan los médicos de Aparato Digestivo?–Debería estar en manos de los digestivos, pero está en manos de los digestivos, alergólogos, reumatólogos... Aquí se ha metido todo el mundo porque estas cosas no la terminan de coger los digestivos. Esto es nuevo. A nosotros nos interesa que la Seguridad Social se hiciera cargo de este colectivo, que calculamos en siete u ocho millones de españoles. Estimamos que afecta entre del 10 al 15% de la población.

–¿Las intolerancias alimentarias no las trata el sistema público?

–No, no, no. No saben. Las intolerancias a la fructosa, los parásitos, incluso no se hace bien ni la enfermedad celíaca. Hay más afectados de lo que se piensa.

–¿Reivindican que la asistencia mejore en el sistema público o que se incluya?

–Que se incluya. Si ahora va una persona a la Seguridad Social por intolerancia a la fructosa, posiblemente le dirán que es de causa psicológica. Nosotros pensamos que no, sino que detrás hay 42 enfermedades diferentes que la pueden producir. Los médicos, antes de catalogar a la gente como enfermos psicológicos, deben buscar una serie de enfermedades.

–Entonces con la intolerancias alimentarias hay mucho por hacer...

–Todo por hacer. Prácticamente la mayoría de las cosas que se hace la gente es por lo privado. Afortunadamente, debido a nuestra difusión vamos consiguiendo que algunos médicos entren en estos temas. Aquí en Málaga solo hay dos médicos que hacen estas cosas.

Esto es una enfermedad para ricos. Cualquier probiótico o suplemento cuesta entre 30 y 40 euros

–¿Pero es desconocimiento, falta de formación?

–Desconocimiento, creencia de que esto es mentira... una serie de cosas. Aunque parezca mentira. Cuando mi hija se puso muy mala, fui a ver a mis compañeros, como trabajaba en Carlos Haya, y me dijeron que la llevara al psicólogo.

–¿Y vuestro grupo impulsa investigación en este ámbito?

–Estamos haciendo estudios de microbiota con la misma tecnología que se usa para la investigaciones. Tenemos la suerte de tener aquí un centro muy adelantado de estudios de la microbiota. El grupo nuestro va a hacer una serie de estudios de investigación.

–¿Aumentan esas intolerancias?

–Aumentan porque lo que comemos no es sano.

–¿Por que su grupo da charlas?

–Para nosotros es importante la nutrición. El año pasado dimos charlas en 15 ciudades españolas. Los dietistas nutricionistas son una parte muy importante de nuestro grupo. Por eso siempre que damos charlas, una parte la dedicamos a temas médicos y otra a nutrición. Vamos a dar en Málaga una charla de microbiota y una segunda, de nutrición. Estamos muy interesados en la microbiota porque todos los enfermos con estas intolerancias, todos, tienen alteraciones de la microbiota.

–¿Qué es la microbiota?

–Los microorganismos [bacterias, virus, levaduras, hongos, cándidas...] que pueblan nuestros intestinos. Todo esto es muy desconocido. Yo le doy un estudio de microbiota a muchos médicos y no saben ni interpretarlo.

–¿Qué le piden a la Administración?

–Que se haga cargo de este colectivo y que nos reciban.

–¿Cómo les afecta a las personas?

–Por ejemplo, hay chicas, de 24 ó 25 años, con expedientes académicos extraordinarios, que no pueden estudiar porque una de las cosas que producen es pérdida de memoria, falta de concentración y cansancio extremo. Hay gente que no puede trabajar. Algunas de estas personas no tienen vida. Hay personas que no pueden salir de casa porque tienen diarreas explosivas entre cinco y siete veces al día; y llevan años metidos en casa. Nosotros teníamos un paciente, con cuadros diarreicos y nosotros, en un año lo hemos curado. Y además, cuesta más caro. Cualquier probiótico o suplementos especiales cuestan 30 ó 40 euros. Esto es una enfermedad para ricos y la gente lo pasa mal porque no tiene dinero.

–¿Y cómo lo curan?

–Ahhhh, eso es lo que queremos transmitirle a los médicos. Pero nuestros compañeros dicen que todo es síndrome de intestino irritable... Nosotros hemos ido haciendo dietas, escribimos manuales sobre las dietas que tenían que seguir. Luego nos dimos cuenta que con la dieta no era suficiente y que si no curaban las enfermedades, los pacientes no terminaban de mejorar. Hay cosas que odio mucho en este tema, que es cuando le dicen a la persona que vaya al psicólogo, al psiquiatra o cuando todo lo meten en un cajón desastre que es el síndrome de intestino irritable.

–Habla de dietas, de que el grupo los trata. ¿Eso cuesta dinero?

–No, es altruista.

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