Bolonia reproduce la tasa de fracaso y abandono del plan antiguo

Económicas y GADE sí experimentan cambios significativos al presentarse más alumnos a los exámenes y lograr mejores notas · El tamaño de los grupos y el expediente del bachillerato, factores decisivos del éxito

Alumnos en la Biblioteca General de la Universidad de Málaga, en una imagen de archivo.
Encarna Maldonado / Málaga

07 de diciembre 2011 - 01:00

La mayoría de los estudiantes universitarios no aprobaban antes y tampoco lo hacen ahora. Unas veces porque suspenden y otras simplemente porque tiran la toalla y no se presentan a los exámenes. La reforma del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) popularmente conocida como plan Bolonia ha traído pocos cambios. La experiencia del primer curso completo que se ha seguido en la Universidad de Málaga (UMA) con los nuevos planes de estudios relacionan el éxito académico con la obligatoriedad de asistir a clase, el tamaño de los grupos, el expediente que ya tenían los alumnos cuando llegaron a la universidad y la vocación.

Las dos titulaciones que se imparten en la Facultad de Derecho son expresivas de qué ha pasado con Bolonia en las aulas universitarias. El porcentaje de aprobados en el grado de Derecho es del 38%, décima arriba décima abajo los datos no cambian respecto a los que se obtenían con los anteriores planes de estudios. Más de un tercio de los estudiantes (33%) ni siquiera se han presentado a las sucesivas convocatorias ordinarias y el 28% han suspendido. Sin embargo, en el mismo centro y prácticamente con los mismos profesores se imparte el grado en Criminología. El 75% de los estudiantes de esta carrera han aprobado (casi 40 puntos por encima más que en Derecho). La tasa de suspensos es del 19% y los no presentados bajan hasta el 17%, situándose en una de las cotas más bajas de la UMA.

¿Qué ha pasado? En primer lugar que el peor de los estudiantes que se matriculó en Criminología el año pasado tenía una media de 8,8, frente al estricto cinco en el que quedó marcado el acceso a Derecho. Necesitar calificaciones altas equivale seleccionar a los alumnos más vocacionales, mientras que a las titulaciones sin números clausus acuden tanto aquellos estudiantes que tienen un interés en esa disciplina como los indecisos que ante la duda eligen una carrera con un horizonte profesional muy amplio.

El vicedecano de Ordenación Académica de la Facultad de Derecho, Rafael Durán, señala también la magnitud de los grupos en cada titulación. Criminología sólo lleva dos años en la UMA y su cupo de acceso está cerrado en 75 alumnos. En Derecho, en cambio, el curso pasado hubo 445 estudiantes a los que se sumaron los adaptados (suspensos de la antigua licenciatura que se pasaron al grado). En total 500 estudiantes distribuidos en clases de cien personas. "¿Con ese número de alumnos cómo vamos a hacer un seguimiento personalizado de los alumnos? Se hace lo que se puede", concluye Rafael Durán.

Para el vicedecano de Ordenación Académica hay un elemento claro: el alumnado hace la travesía de la educación secundaria y bachillerato, después aprueba la Selectividad y llega a la universidad muchas veces sin saber leer ni escribir. "Falta formación básica, no erudición ni conocimiento técnico", resume. Cree que ese colectivo "penaliza a los buenos estudiantes". Desde su punto de vista hace falta mayor meritocracia, "que no elitismo socioeconómico, para que lo que se valore en la universidad sea el interés, esfuerzo y resultado".

El decano de la Facultad de Económicas, Eugenio Luque, también señala que como factores determinantes del éxito académico el tamaño de los grupos, el expediente y vocación de los alumnos que previamente han cursado un bachillerato acorde con su opción universitaria, pero, tras la experiencia del último curso agrega la asistencia obligatoria a las clases.

Acudir a las clases en la universidad siempre ha sido obligatorio, sin embargo, durante los planes antiguos imperó la manga ancha. Al llegar Bolonia se planteó la asistencia obligatoria en todas las titulaciones. Aquello armó un revuelo. En algunos centros faltaban sillas, hubo profesores que invertían parte de su tiempo en el aula en pasar lista y otros idearon un sistema telemático de control hasta que en mayo el Consejo de Gobierno de la UMA acordó que cada profesor decidiera si la presencia era o no obligatoria. Sin embargo, gran parte del curso había transcurrido ya con los estudiantes en el aula y ahí es donde el decano de Económicas cree que se explica en parte por qué el último curso ha sido tan bueno en las tres titulaciones que imparte este centro.

En Económicas antes apenas si aprobaban el 21% de los alumnos matriculados, pero el curso pasado lo hicieron el 46%, es decir, más del doble. La tasa de suspensos ha caído desde el 25% al 16% y si antes más de la mitad no se presentaban (53%) ahora los que no se presentan son el 38%. Antes del total que realizaban los exámenes sólo aprobaba el 46%, frente al 74% del año pasado ya con Bolonia implantada.

En Administración y Dirección de Empresas, cuyas aulas se llenan en junio con alumnos que tienen buenos expedientes y que eligen esta carrera en primera opción, la mejoría experimentada también es notoria. Ahora aprueban más de la mitad (57%) sobre el total de matriculados, cuando antes sólo lo lograban un tercio y los no presentados han caído a la mitad (del 45% al 23%). Estos datos significan que el 71% de los que se presentan a los exámenes aprueban, mientras que con los planes antiguos únicamente eran el 55%.

Finanzas y Contabilidad se implantó el curso pasado en la UMA y captó una importante proporción de su alumnado entre quienes aprobaron la selectividad en septiembre. El 40% no se presentaron a los exámenes, aunque luego casi el 70% de los que sí lo hicieron aprobaron.

Para Eugenio Luque la asistencia obligatoria "es importante", aunque también lo es que no haya habido repetidores al tratarse del primer año del nuevo plan de estudios y la nueva metodología. "Los profesores, sobre todo los más jóvenes que no tienen vicios adquiridos, se han implicado mucho y a pesar de ser tan numerosos los grupos se han conseguido buenos resultados". Esta afirmación no es óbice para que se pregunte en voz alta "de qué hablamos" cuando se insta a hacer "seguimiento personalizado con clases de 110 y 120 estudiantes".

José María Troya, director de la Escuela de Informática, no oculta que los datos del primer año de Bolonia le producen algún desconcierto. Las titulaciones del centro (Ingeniería Informática, Ingeniería del Software e Ingeniería de los Computadores) tienen prácticamente los mismos contenidos durante los primeros dos cursos, sin embargo, la tasa de alumnos que se presentaron a los exámenes y aprobaron es significativamente superior en Computadores (51,5%) que en los dos otros grados que oscilan entre el 36 y 39%. Troya apunta dos posibles explicaciones: Ingeniería de los Computadores tiene menos alumnos y los datos globales pueden variar mucho simplemente porque cambien los resultados de un par de estudiantes, pero también indica que "podría ser que al haber menos alumnos los resultados sean mejores".

De todas formas, en Informática hay cuestiones un tanto inexplicables. Este centro aplicó con carácter experimental el plan Bolonia hace seis años, las ingenierías históricamente han tenido grupos pequeños y grandes, muchas prácticas y, por tanto, evaluación continua. Sin embargo, con los planes nuevos el volumen de suspensos se incrementa ligeramente. Antes aprobaban entre el 48 y 56% de alumnos que se presentaban a los exámenes y ahora entre el 36 y 51%. El director de Informática señala como posibles explicaciones que "hay asignaturas nuevas, reorientación de contenidos y nada de apuntes o exámenes". De todas formas, afirma que lo apropiado es esperar a que concluya el actual curso para ver si estos datos se confirman.

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