Acción Social

Cáritas, medio siglo caminando junto a la pobreza

  • La Iglesia malagueña constituyó en 1968 la entidad que fue más allá del asistencialismo para acompañar a los más necesitados en su promoción personal

  • En la última crisis económica su labor ha sido esencial para muchas familias

La tercera asamblea de la recién creada Cáritas Diocesana. La tercera asamblea de la recién creada Cáritas Diocesana.

La tercera asamblea de la recién creada Cáritas Diocesana. / Archivo de Cáritas

En una Málaga de posguerra rota y tremendamente empobrecida, la acción del Secretariado de Caridad de la Iglesia fue fundamental para muchas familias. El obispo Herrera Oria luchaba contra el analfabetismo y ofrecía a los jóvenes las oportunidades que tanto necesitaban. Con sus tómbolas intentaban recoger los fondos necesarios para la construcción de viviendas sociales, el principal problema de una ciudad receptora del masivo éxodo rural. La acción caritativa de este secretariado fue el germen de Cáritas, entidad que se institucionalizó el 7 de marzo de 1968. Desde entonces, lleva medio siglo caminando junto a los que menos tienen, siendo el amparo de los más desesperados.

Cáritas nace con el bagaje del Secretariado de Caridad, con una concepción de la caridad muy alejada del asistencialismo que predominaba, de lo perentorio del reparto de alimentos y con la promoción del individuo en el centro”, explica Pablo Benítez Gómez, secretario técnico de Cáritas y licenciado en Historia. Junto a la historiadora y voluntaria Pepa Gámez ha realizado una investigación sobre la entidad que verá la luz en un libro el próximo mes de junio.

Mujeres voluntarias en una de las tómbolas organizadas por el Secretariado de Caridad. Mujeres voluntarias en una de las tómbolas organizadas por el Secretariado de Caridad.

Mujeres voluntarias en una de las tómbolas organizadas por el Secretariado de Caridad. / Archivo de Cáritas.

“Hemos recuperado 50 años de historia porque la verdad es que se conocía poco el pasado de la entidad”, dice el historiador. Y relata que los primeros trabajos fueron la creación de vivienda y también el reparto de comida. “Había muchas necesidades que cubrir, el despoblamiento del interior, el crecimiento espectacular de las ciudades de la costa, el boom del turismo hace que Málaga se convierta en ciudad receptora de población sin tener ni infraestructuras ni planificación urbanística”, agrega el secretario técnico.

Las Cáritas Parroquiales extendieron la red

Para llegar a los barrios y extender la red se crearon las Cáritas Parroquiales, “que fue un proceso bastante lento porque tenían que elaborar y aprobar los estatutos y por la complejidad fiscal que trajo la democracia en los años 80”, apunta el investigador. Y subraya que “lo religioso se tuvo que adaptar a la normativa civil”. El vicario para la Acción Caritativa y Social de la Diócesis de Málaga, Gabriel Leal fue la persona que le dio el impulso definitivo a la extensión de Cáritas en toda la provincia malagueña.

Construcción de viviendas sociales del Obispado de Málaga. Construcción de viviendas sociales del Obispado de Málaga.

Construcción de viviendas sociales del Obispado de Málaga. / Archivo de Cáritas

“Se pasó del asistencialismo más puro a realizar más una labor de acompañamiento y promoción de la persona”, reitera Benítez Gómez. Con la bonanza económica de los años 90 España salió de la penuria y se pudieron hacer proyectos de mayor entidad. “Cáritas detectaba las necesidades, llegaban a las distintas sedes los problemas y había que dotarlas de recursos”, resalta el historiador. Así nació la residencia del Buen Samaritano, la primera residencia asistida para mayores dependientes de la provincia. Y la casa de acogida de Colichet para enfermos terminales de sida.

Un hogar para enfermos de sida, para personas sin techo

“El Hospital Regional trataba a los enfermos de sida y le trasladó al obispo la necesidad de ofrecer un acogimiento a estas personas que quedaban desahuciadas y muchos, en la calle”, comenta el historiador. “Colichet fue un encargo del propio obispo a Cáritas”, añade. También se construyeron, y fueron los primeros de la red residencial de la entidad, los apartamentos Tomás de Cózar para las familias que se quedaron sin vivienda en las inundaciones del 89, personas que vivían en chabolas y corralones y que lo perdieron todo.

En el año 2000 llegó el Hogar Pozo Dulce para personas en situación de calle. Se había creado la Agrupación de Desarrollo Puerta Única y el Ayuntamiento de Málaga junto con entidades del tercer sector intentaban paliar los efectos del sinhogarismo. “Estas personas necesitaban un hogar porque no tenían hueco en los recursos que existían”, señala el investigador y apunta también la creación de la residencia Nuestra Señora de la Merced para la acogida temporal de ex reclusos y la última incorporación, Calor y Café, el centro de baja exigencia que pretende dotar de un lugar en el que descansar a aquellos que pernoctan en la calle por distintas circunstancias, casos que se vieron incrementados y agravados por la crisis económica de la última década.

Hogar Pozo Dulce Hogar Pozo Dulce

Hogar Pozo Dulce / Archivo de Cáritas

También se crearon los talleres de formación Sagrada Familia para alumnos que no tienen cabida en los itinerarios reglados y, de esta forma, puedan disponer de una oportunidad de inserción en el mercado laboral. “Los usuarios que llegan a Cáritas lo primero que hacen es pedir un trabajo, no quieren limosna, sino una oportunidad”, afirma el secretario técnico de Cáritas y destaca que nuevamente, igual que en los años 50 y 60, el principal problema que se detecta es el de la vivienda. “Hay muchas familias que acceden a la subvención del Ayuntamiento pero luego no encuentran quién les alquile su vivienda, no pueden hacer uso de esos 400 euros porque los propietarios piden mucho más, algo que se empeora con los alquileres turísticos”, agrega.

La crisis desbordó las asistencias de la entidad 

Si en los años del hambre fue esencial la labor caritativa de la Iglesia, también lo ha sido en los últimos diez años, en una caída económica sin precedentes. La crisis hizo que miles de familias malagueñas de clase media que nunca antes habían recurrido a una institución tuvieran que hacerlo. Los pobres se empobrecieron mucho más y los trabajadores que se quedaron en el desempleo vivieron hasta la pesadilla de perder su casa. Cáritas Diocesana ha sido durante la última década un termómetro para medir la problemática social y durante años tuvo que contar cómo aumentaban las peticiones de asistencia. Tanto es así que llegaron a estar desbordados.

El balance de 2017 por fin arrojó números esperanzadores y comenzó a reflejar lo que decían las cifras macroeconómicas, las tasas de empleo y el PIB. Hubo menos personas que acudieron a las parroquias ese año. Sin embargo, la pobreza ya se había cronificado, la recuperación de muchos tardaba en llegar y la desigualdad se seguía cebando con los más débiles.

Con la esperanza de una mejora

Los años más negros de la entidad parecen estar despejándose, aunque demasiado lentamente. Pronto será el momento de presentar el balance de 2018, pero las cifras de 2017 ya hablaban de la citada mejoría. Un total de 11.237 usuarios recibieron asistencia a través de las 150 Cáritas Parroquiales, residencias y centros de acogida, y casi 30.000 resultaron beneficiados de dichas ayudas. Esto frente a cantidades que casi se doblaban en los años 2012 o 2014.

Otro dato esperanzador de la mejora económica es que descendió el porcentaje de los malagueños o residentes que acudieron por primera vez a este servicio de la Iglesia. Si en años anteriores suponían más del 30% en 2017 no llegaron al 25. Además, un 16% mejoró su situación, encontró un trabajo y pudo salir de una situación que había mermado lo más intrínseco y fundamental del individuo, su dignidad. Cáritas estuvo y seguirá ahí, tendido la mano, acompañando y remando junto a los más necesitados.

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