Málaga Hoy En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

Málaga

Coronavirus en Málaga: El taxi, entre la necesidad y el miedo

  • De los 1.500 vehículos que hay en la capital, apenas el 20% está autorizado a trabajar estos días 

  • El sector habla de una reducción de los ingresos de alrededor del 80%

Alicia, una de las taxistas afectadas, junto a su vehículo. Alicia, una de las taxistas afectadas, junto a su vehículo.

Alicia, una de las taxistas afectadas, junto a su vehículo.

Una de las numerosas y nefastas consecuencias económicas que está dejando a su paso el coronavirus en Málaga tiene al sector del taxi como protagonista. La caída de la demanda en alrededor de un 80%, debido al confinamiento mayoritario de la población y el cierre de la gran mayoría de negocios, hace que a día de hoy apenas esté autorizada a circular por las calles de la capital de la Costa del Sol el 20% de la flota, integrada por unos 1.500 automóviles. 

Sin embargo, tal y como reconocen representantes del sector, es posible que "ni siquiera haya un 10% por el temor de muchos a contagiarse". "Hay compañeros que viven con su padre, otros que tienen niños pequeños, otros que directamente tienen problemas de asma, y todos deciden no exponerse", comenta Jesús, uno de los profesionales que, a pesar de compartir el temor de muchos, sigue saliendo.

"Para muchos la preocupación puede ser solo la sanitaria, pero es que nosotros a esa tenemos que sumar la económica", precisa Jesús. "Vas asustado, hay un poco de obsesión porque luego llegas a casa y no sabes si puedes llevar el virus contigo", comenta. Una impresión que se extiende entre buena parte de sus compañeros, que incluso están instalando mamparas de separación de los asientos traseros.

Jesús, dentro de su taxi, en la parada de la Acera de la Marina. Jesús, dentro de su taxi, en la parada de la Acera de la Marina.

Jesús, dentro de su taxi, en la parada de la Acera de la Marina.

La caída de la demanda tiene una incidencia inmediata sobre los ingresos diarios. "Es brutal, estamos hablando de que con el nuevo sistema de turnos estás en la calle uno de cada cinco días, pero es que incluso así podemos estar ingresando lo que en un día malo de invierno", relata Jesús, quien de manera gráfica apunta que con lo que se gana estos días da como mucho para pagar el autónomo. "Ni para llenar la nevera, ni para la hipoteca; la situación es crítica y es probable que cuando pasado esta crisis habrá muchos que tengan que vender sus licencias o que serán embargados".

A su juicio, falta cierta colaboración por parte de las administraciones con el sector. Y a modo de ejemplo subraya la dimensión del problema. "Somos unos 1.500 taxis, pero si le sumas los asalariados podemos ser unos 2.200; se nos ve como figuras individuales, porque si tú dices que hay una empresa en el PTA con 2.200 trabajadores que se está arruinando habría portadas con eso”, explica.

José Francisco, en su taxi. José Francisco, en su taxi.

José Francisco, en su taxi.

Jose Francisco trabaja de taxista autónomo desde hace siete años. Confiesa que cuando inicia el turno lo hace con una mezcla de sentimientos. "Ilusionado por hacer algo de dinero para afrontar los pagos y motivado porque creo que podemos ayudar y no dejar tirada a esa gente que todavía necesita de nuestro servicio". El contraste lo pone el saber "que espera un día larguísimo, con horas en las paradas". "Hay muy pocos taxis trabajando por el miedo a contagiar a su familia", comenta.

Sus números son ciertamente preocupantes. En una jornada de las actuales puede realizar entre ocho y diez carreras, lo que traduce en unos 40 o 60 euros. "Y cada día menos", puntualiza. Como la gran mayoría de profesionales, José Francisco desinfecta con espray el asiento, las manillas de las puertas y le echa hidrogel al cliente "para que se vaya más contento". Y a pesar de todas estas medidas prefiere "no pensar en ese virus”.

El miedo también está presente en el día a día de Sergio. Se subió al taxi allá por el año 2010, cuando la crisis económico de 2008 aún seguía presente pero se empezaba a atisbar una ligera salida. "Podía estar tres horas clavado en una parada, pero lo de ahora nunca había pasado", comenta, enfatizando algo evidente: "las calles están desiertas".

Sergio, con la mascarilla de protección. Sergio, con la mascarilla de protección.

Sergio, con la mascarilla de protección.

Si no hay gente en la calle, no hay servicios. "Da igual que haya un 20% de la flota porque la gente no sale de casa; quién sale, el que va al hospital o a una urgencia". En esta travesía, los números no cuadran. "Muchas veces salgo con la idea de poder pagar por lo menos el autónomo o para comer ese día", confiesa.

Y todo ello en un tiempo marcado por la enfermedad. "La verdad es que hay miedo, uno se arriesga, se pregunta si no se habrá contagiado". Una incertidumbre que se agranda cuando quienes te esperan en casa son tu mujer y tus hijos pequeños. "Hay muchos compañeros que desde que empezó esta situación no trabaja", apostilla.

La situación de Alicia es si cabe más preocupante. Al pago de la cuota de autónomo suya tiene que sumar la de su marido, Toni, en el taxi desde hace varias décadas. Toni tiene diabetes, por lo que se encuentra en situación de riesgo ante el coronavirus. Es uno de los muchos taxistas que opta por no salir a trabajar. "He preferido salir yo y si tengo que estar 10 o 12 horas, pues se está".

El problema es cuando esas doce horas apenas se traducen en 50 euros. Antes, el ingreso en una jornada normal oscilaba entre los 80 y 100 euros. "Y a esperar al siguiente día que me toque trabajar", comenta Alicia. Ingresos mínimos pero obligaciones de pago inalterables. "La situación es devastadora", sentencia. La poca demanda que hay se sitúa, en su mayor parte, en las paradas próximas a los hospitales. "Muchos nos tenemos que arrimar para poder lograr alguna carrera", explica. Y claro, "algunos clientes cuando se suben te dicen que vienen de una consulta, otros directamente no dicen nada".

Cuatro voces de taxistas que sufren en primera persona la herida del coronavirus, víctimas directas de una pandemia que está cercenando los pilares de la economía de la provincia. Y a pesar de todo, el taxi, en su condición de servicio público de movilidad, sigue con la bandera levantada.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios