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Cuarentuna Malacitana, una pasión que no entiende de edad

  • En 2013 se fundó esta formación de antiguos tunos universitarios a los que les sigue uniendo su amor por la música y su compromiso social

La Cuarentuna Malacitana en la ermita de la Virgen de Linarejos. La Cuarentuna Malacitana en la ermita de la Virgen de Linarejos.

La Cuarentuna Malacitana en la ermita de la Virgen de Linarejos.

Muchos años después de su paso por la universidad, la música les sigue uniendo. Cantar, tocar en directo, reír con la invención de nuevas letras y disfrutar del contacto con el público dejó de ser patrimonio exclusivo de su juventud para convertirse en una pasión que no entiende de edad.

La Cuarentuna Malacitana se fundó en 2013 con un grupo de ocho miembros después de la escisión de otra formación. Actualmente la integran 18 personas. Médicos, empresarios, ingenieros, profesores, economistas, escritores se reúnen cada jueves para ensayar y tienen en el Café Central su punto de encuentro.

“Buscábamos un compromiso más serio, tenemos un concepto distinto, otra forma de ver la tuna por eso fundamos Cuarentuna Malacitana”, explica Rafael Prado, el jefe del grupo. “Nuestra definición podría ser la de un grupo de amigos unidos por la música”, agrega Enrique Hurtado, el tesorero de la tuna.

Y explican que son una formación sin ánimo de lucro y que dentro de sus estatutos está muy presente su compromiso social. Por eso, si pueden colaboran con toda causa benéfica que se lo propone. El próximo 8 de febrero actúan en la gala de Aprodal, la asociación prodiscapacitados de Alhaurín el Grande. “A la mayoría de los actos vamos sin cobrar”, destaca Francisco Escobar, encargado de protocolo.

Eso sí, algún contrato que otro les sale. Con ellos, además de con donaciones particulares, las cuotas de los integrantes y las ventas de su cd intentan financiarse los dos o tres viajes que realizan al año para participar en encuentros y certámenes. Pertenecen a la Federación Internacional de Cuarentunas y anualmente están citados al encuentro en el que también participan grupos de Holanda, Portugal, Perú, México y otros países.

“Esta concentración suele reunir a más de 500 componentes y más de una veintena de cuarentunas”, indica Rafael. Este año se celebrará en noviembre en Santiago de Compostela. “Necesitamos siempre algo para el viaje, las inscripciones, el alojamiento, la manutención, lo que son los gastos de logística”, como explica el tesorero.

Todos tienen un mote y el sello de haber sido tuno en su etapa universitaria. El único integrante del grupo que no proviene del mundillo, y por el que se hace una excepción recogida en los propios estatutos, es Eddy Machado. Este profesor de percusión cubano los conoció en una fiesta y le gustó tanto el ambiente que generaron que quiso ser parte de él. “Aquí cada uno tiene su historia y cuando las ponemos en común sale una explosión musical con las que estamos encantados”, apunta Rafael.

La formación malagueña en el auditorio de Linares. La formación malagueña en el auditorio de Linares.

La formación malagueña en el auditorio de Linares.

Hasta hace poco ensayaban en un local que tenía el Café Central en la primera planta. Ahora lo hacen en un espacio cedido por la Asociación Española Contra el Cáncer que se sitúan en la calle Calderería. “Para nosotros es una responsabilidad subirse a un escenario, fundamentalmente somos músicos y queremos contar cosas interesantes, canciones que conecten con el público y hacerlo de todo corazón pero con cabeza”, apunta el jefe de la tuna.

Para que los ensayos no queden solo en eso, en un encuentro por y para ellos, para no perder el sentido real de su formación, los primeros jueves de cada mes llenan de música la terraza del Café Central. “Nos sentamos, vestidos de calle, tocamos y cantamos durante dos horas, repasamos todo lo ensayado, le damos vida a nuestro repertorio”, dice Francisco. Subraya que si lo incluyeran todo tendrían para estar cuatro horas sin parar.

En su repertorio no faltan las canciones clásicas de las tunas, “porque la gente te lo demanda”. Clavelito, Fonseca, La Compostelana, nunca faltan entre las peticiones del público. Pero también tocan baladas, típicos temas para las rondas, boleros, zarzuela, ópera, piezas del folclore sudamericano y canario, pasodobles, temas de Málaga “y todo lo que caiga en nuestras manos”, apuntan. “Hacemos también versiones cambiando la letra”, agregan.

Escudo de la Cuarentuna Malacitana. Escudo de la Cuarentuna Malacitana.

Escudo de la Cuarentuna Malacitana.

Cantaron a la Virgen de la Estrella en su salida extraordinaria y también al Cristo de los Milagros. Y aunque hay algunos con mejor voz que otros, todos cantan y muchos son los que tocan instrumentos, de cuerda y percusión, principalmente.

En 2017 grabaron un disco que presentaron en la Sala María Cristina de la Fundación Unicaja y “toda la recaudación de la venta del cd y del concierto, unos 6.000 euros, fueron donados a la Asociación Española Contra el Cáncer”.

Aunque no es fácil coordinar el trabajo con su vida familiar y su empeño por subirse a los escenarios, lo último en lo que piensan es en dejarlo. El 17 de febrero actúan en el Teatro Cervantes dentro del acto de la Exaltación de la Mantilla. Y en mayo van a Algeciras a participar en un certamen de tunas. También han participado en varias ediciones de La Noche en Blanco.

“A veces es complicado juntarnos, para actuar tenemos que ser como mínimo diez”, indican. Sin embargo, les pueden las ganas y les respalda el éxito en cada actuación. Y las claves las desvela el jefe del cotarro. “Yo creo que a la gente le gusta porque cantamos canciones de siempre, lo hacemos a ras de tierra, con mucha cercanía, con gracia y simpatía, en nuestro caso impera la educación, nuestra tuna no es nada soez ni tabernaria”.

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