Delfín: "Siempre he sido atrevido y hasta kamikaze"
El diseñador malagueño dio ayer una conferencia a emprendedores locales y les animó a "ser osados, desarrollar al máximo sus ideas y provocar emociones"
Ha diseñado platós de televisión o botellas de vino, ha hecho cameos como actor en películas españolas como Perdona bonita pero Lucas me quería a mí o Todos a la cárcel, es pintor, ha trabajado como relaciones públicas en discotecas en Madrid y la semana pasada estuvo pinchando discos en una sala en Algeciras. A primera vista parece cortante con el pelo muy corto y tatuajes, pero en cuanto arranca a hablar demuestra grandes dosis de humildad, sinceridad, ternura, confianza en sus posibilidades y verborrea. Mucha verborrea. Es el diseñador rondeño David Delfín -realmente llamado Diego David Domínguez González-, quien ayer se metió en el bolsillo al centenar de emprendedores que acudieron a la conferencia que impartió en el museo Thyssen con motivo del décimo aniversario del Premio Junior de Empresas organizado por el Instituto Municipal para la Formación y el Empleo (IMFE).
Aquellos que desconocieran su labor se fueron con una amplia imagen de su trayectoria profesional y su forma de pensar en apenas una hora y media, ya que Delfín desgranó de forma muy amena y casi atropellada cómo se ha convertido en uno de los diseñadores más conocidos del país. "Yo no elegí la moda sino que la moda me eligió a mí", comentó. Pero no era una frase hecha y rimbombante sino la pura realidad.
En 1989, con 18 años, se fue a Madrid para intentar ser actor e hizo algunos papelitos. No obstante, su principal talento era la pintura y participó en varias exposiciones. "Pintaba sobre madera, cartón, papel y hasta en servilletas hasta que al final utilicé la ropa como lienzo", señaló. Coincide con el fundador de Apple, Steve Jobs, en su pasión por la caligrafía hasta el punto que "es una de las señas de identidad de mi marca", y explicó como anécdota que la hace, pese a ser diestro, con la mano izquierda guiado por una cierta reminiscencia infantil y por curiosidad.
No obstante, su espejo no ha sido Steve Jobs sino el artista alemán Joseph Beuys, un ex piloto que combatió en la Segunda Guerra Mundial, se estrelló y estuvo a punto de morir congelado hasta que unas personas lo encontraron y lo untaron con grasas para protegerlo. Su arte es un tanto oscuro, pero ha sido una inspiración para Delfín, al que además le encanta la ropa militar.
El diseñador narró cómo dio sus primeros pasos al ser invitado a hacer un pequeño desfile en el festival de Benicassim. "Siempre he sido atrevido y hasta kamikaze y quería vivir esa experiencia", recordó, aunque no sabía muy bien qué iba a hacer. Montó una instalación que dejó impactado a todos: a algunos para bien y otros no tanto. Le gustó a los organizadores de Circuit Barcelona, un evento en el que se hacían desfiles por la ciudad, le invitaron e hizo un pase atípico con carpas militares.
Le empezaron a hacer reportajes en revistas especializadas y su nombre comenzó a sonar. "Me encontraba como un pulpo en un garaje y no acababa de ser bien visto por el resto de diseñadores que no sabían de qué iba yo. Pero me sentía como un delfín en el agua, me gustaba la moda, la música, la iluminación...". Cabe señalar que, según explicó el propio Delfín, su forma de trabajar "es un poco cinematográfica, con un título, una historia, una ambientación y una música".
Contó con la colaboración de varios amigos, entre los que se incluye Bimba Bosé, y decidieron crear una empresa. Repitió en Barcelona y su desfile volvió a ser fuera de lo común con música en directo, modelos entre los pasillos, actuaciones... "Pinté corbatas sobre prendas o poemas en los pantalones", relató. Hasta inventó nuevos géneros, entre la seriedad y el humor, como la camisa Picasso o la camisa invisible.
Todo eso derivó en que le invitaran a desfilar en la pasarela Cibeles en septiembre de 2002. Y la lió. Puso a desfilar a las modelos tapadas con capuchas y con sogas al cuello y algunas estuvieron a punto de caerse. Delfín aseguró que quería dar una sensación surrealista inspirándose en las películas de Buñuel, que acababa de volver a ver en pleno cambio del VHS al DVD, pero despertó todo tipo de críticas. También le sirvió para hacerse conocido. "Fue una equivocación, lo pasamos muy mal y nadie daba un duro ya por nosotros", señaló. Tuvo que pedir públicamente disculpas y, a partir de ahí, se refugió en el trabajo. Volvió con otro desfile en el que aparecían muertos vivientes y ganó el Premio L'Oreal.
En 2009 y 2010 desfiló en Nueva York. "Lo necesitaba porque allí no me conocía nadie", afirmó, aunque no ha vuelto "porque es muy costoso". Aseguró no estar inmerso en las nuevas tecnologías, aunque venden todo por internet y fueron los primeros en hacer un desfile en streaming. Apostó por mezclar lo creativo con lo comercial "porque pueden ir juntos y yo quiero vivir de esto"; recomendó a los emprendedores que sean "osados y desarrollen al máximo sus ideas"; que se adapten a los tiempos y que, como le ha ocurrido a él, su inspiración sea la emoción.
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