Educación

Escolares con autismo llevan dos meses sin sus profesores asistentes

  • El convenio entre Educación y la Federación Autismo Andalucía se firmó el 3 de octubre pero aún hay centros sin permiso para dejar entrar a personal ajeno

Una profesora asiste a un alumno en el aula de un centro público. Una profesora asiste a un alumno en el aula de un centro público.

Una profesora asiste a un alumno en el aula de un centro público. / M. H.

El cambio de Infantil a Primaria ha sido grande para Sara. Más aún cuando tiene un trastorno del espectro autista y su “maestra sombra” que la acompañó en los dos cursos anteriores aún no ha llegado al colegio.

Esta figura –se trata de, en teoría, un voluntario cualificado y externo al centro– no puede permanecer más de 15 horas semanales con ellos. Aún así, asiste a los escolares, adapta las actividades que plantean los docentes y los ayuda a tener una mejor inclusión en el aula.

El pasado 3 de octubre se firmó el convenio de colaboración entre la Consejería de Educación y la Federación de Autismo Andalucía para favorecer la atención educativa a este alumnado. Sin embargo, hay centros escolares que aún no tienen la orden para dejar entrar a personal ajeno y los menores llevan dos meses sin este apoyo. Las familias temen que esta situación se alargue todo el primer trimestre.

“Mi hija avanza más y mejor cuando tiene ayuda, es un apoyo en todas las materias, la integra con los compañeros e intenta hacerla más autónoma, sabe trabajar con ella”, explica Natalia, madre de una pequeña con autismo.

Se quejan de trato desigual porque en algunos centros sí tienen a sus “maestros sombra”

“Estos profesionales son muy importantes para estos niños, para que sigan con cierta fluidez, hasta donde su nivel les permita, una clase normal y para los docentes también es una liberación porque el sistema no los prepara para poder atender a este alumnado”, agrega y subraya que “no es normal que estemos así en noviembre, que desde septiembre nuestros hijos no hayan podido trabajar con profesores asistentes.

Si ellos saben que el convenio tiene que cambiar, por qué lo demoran tanto, para estos niños es esencial tener este recurso cuando entran en clase”, subraya esta madre.

Elisa ha puesto varias reclamaciones en la Delegación de Educación y ha solicitado reuniones con el jefe de servicio y la propia delegada territorial. “Nos dan información con cuentagotas, la verdad es que los padres estamos muy desinformados”, se queja y subraya que, por lo que sabe, hay expedientes que ya se han tramitado y asistentes sombra que están entrando en algunos colegios y otros que aún no, como es su caso.

Estamos indignados porque esto no es justo, nos sentimos discriminados”, señala. En su caso fue la propia tutora la que el pasado año le insistió en la necesidad de tener a un “maestro sombra” en clase.

Estos voluntarios, que tienen que estar cualificados, ayudan al menor a su integración

“Educación no pone los medios suficientes para atender a estos niños y nos lo pide a nosotros, a los padres, que tenemos que buscar a personas tituladas, cualificadas que luego tienen que ser aceptadas por el centro, es muy triste y muy penosa la situación”, añade Elisa.

Además, indica, la condición voluntaria de estos asistentes hace que “abandonen el proyecto a la mitad cuando les sale un trabajo remunerado y tienes que buscar a otra persona, que conecte con tu hijo, que el centro admita... es una lucha constante”.

Carolina se encuentra a la espera todavía de poder contar con este apoyo para su hijo. “Me lo aprobaron el año pasado aunque no pudimos contar con él y este año le querían dar continuidad al proyecto, pero cuando me llegué a protestar a la Delegación por el retraso me dijeron que mi hijo ni siquiera está registrado”, indica esta madre.

Su pequeño, de 5 años, “se come las cosas, por lo que corre cierto peligro su integridad física si está solo”, relata y no entiende por qué se ha dilatado tanto el convenio y por qué en algunos centros están entrando asistentes y en otros no. “Estamos en una situación de desigualdad enorme”, afirma y se queja de la desatención que sufren.

“Quiero entender que todos están trabajando en cuerpo y alma para solucionar esto, pero todo va muy lento y hasta Navidades no va a estar listo, mientras mi hijo todos los días se come plastilina, papel o algo, hasta que en algún momento se atragante”, dice esta madre.

María se encuentra en una situación similar a la de Carolina. “Estoy pidiendo este recurso desde el 3 de septiembre y nada, mi hijo está en un rincón comiendo papel desde hace dos meses”, apunta. Considera que sin la atención de un asistente en el aula su pequeño está perdido, pero también su maestro, que no sabe cómo actuar con él.

“Estos niños tienen el derecho de estar con los demás porque aprenden de ellos, pero no pueden dejarlos a su aire, sin asistencia y cuando vengo a traer el recurso al colegio y me piden tantas condiciones que es casi imposible, mi hijo está perdiendo tiempo desde que empezaron las clases”, agrega.

María apunta que existe también una figura profesional, que se trata de personal de las entidades que lleva a cabo esta asistencia, y tienen una tarifa. “Como mínimo te cobran 400 euros por seis horas semanales” y eso, como destacan otras familias, muchos no se lo pueden permitir.

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