Hámsters para velar por la salud del corazón

Un grupo de investigación de la UMA desarrolla desde hace casi treinta años un modelo único en el mundo con estos roedores para el estudio de patologías coronarias

Dos ejemplares de hámsters usados por el grupo de investigación de Biología Animal de la UMA.
Raquel Garrido Málaga

14 de diciembre 2014 - 01:00

La investigación zoológica y su vinculación con el estudio de enfermedades humanas y sus posibles tratamientos no es algo nuevo. Lo que es novedoso en el caso del grupo de investigación de estudios cardiovasculares en vertebrados del departamento de Biología Animal de la Universidad de Málaga, que empezó su andadura en 1986, es haber desarrollado un modelo de hámsters único en todo el mundo, sin manipulación genética, y con el que han conseguido importantes hallazgos científicos en su búsqueda de respuestas que expliquen el origen y las consecuencias de las malformaciones cardiacas congénitas más frecuentes que sufre la población.

Todo empezó como un estudio general sobre las arterias coronarias de pequeños mamíferos, fundamentalmente roedores como el hámster. Casi por casualidad se produjo un hallazgo que lo cambió todo y que ha permitido situar a este grupo de la UMA en la elite internacional de la investigación científica sobre patologías cardiovasculares con numerosas publicaciones que avalan los logros para la medicina. Según contó a este periódico el catedrático de Biología Animal y uno de los impulsores del proyecto desde su inicio, Valentín Sans, se descubrió que algunos de estos hámsters presentaban anomalías coronarias y valvulares similares a las que afectan a la especie humana.

La malformación congénita cardiaca que se detectó en uno de estos ejemplares resultó ser la más frecuente en las personas ya que afecta a uno o dos de cada cien nacidos vivos. Esta patología se conoce como válvula aórtica bicúspide, es decir, esta válvula -que regula el flujo de la sangre oxigenada del corazón a la aorta- sólo está formada por dos de los tres componentes de una normal.

Fue cuando se optó por poner en marcha un complejo sistema de reproducción y selección de ejemplares para potenciar así y disponer de más hámsters con este tipo de patologías. El objetivo, explicó, era comprobar si estas malformaciones se heredaban y determinar qué factores genéticos influían en esta cardiopatía. Y la respuesta fue que sí, al menos en el modelo animal. Borja Fernández, profesor titular de Biología Animal y miembro de este grupo de investigación de la UMA , explicó que otro de los hitos claves fue comprobar que no sólo la carga genética influye en la aparición de esta patología. "Hay otros factores intrauterinos que influyen en su desarrollo y que son imposibles de determinar", señaló en relación al hecho de que se han dado casos de hámsters hermanos de los mismos padres que han nacido con esa malformación en distintos niveles de gravedad y otros que no la tenían.

El siguiente paso de esta investigación fue entonces estudiar el desarrollo embrionario y poder determinar su verdadero origen. Lo que se descubrió arrojó más luz aún sobre esta cardiopatía congénita y es que "comprobamos cómo se forma y que existen varios tipos de válvula aórtica bicúspide en función de su anatomía, cuyos mecanismos de formación y patologías derivadas son también distintas", señaló.

Esa conclusión ha resultado ser, indicó la catedrática de Biología Animal Ana Carmen Durán, la base de que los clínicos investiguen la variabilidad anatómica que hay para seguir avanzando en el conocimiento y tratamiento de esta malformación, que puede permanecer sin dar síntomas durante toda la vida del que la padece.

Pero, según Sans, está comprobado que las personas con esta patología son más propensas a que su válvula aórtica se calcifique y que derive antes que en el resto de la población en problemas de funcionamiento tanto de la válvula en sí como de la aorta. Sin embargo, no existe una relación hemodinámica clara entre los casos de válvula aórtica bicúspide y la dilatación de la aorta, una de las patologías más comunes de la principal arteria del cuerpo humano y responsables en muchos casos de muerte súbita.

Josep María Arqué, actual jefe de servicio de Cirugía Cardiovascular del Hospital Quirón de Málaga y uno de los impulsores de este grupo de investigación, incidió en la importancia que ha tenido para los cirujanos estos hallazgos científicos para afinar en el diagnóstico final y en algunos casos incluso en el tratamiento conservador de lesiones valvulares. O, lo que es lo mismo, "poder reparar las válvulas aórticas sin tener que llegar a cambiarlas, sobre todo, cuando se trata de gente joven", destacó.

El reto ahora será, según Fernández, descubrir si las mutaciones genéticas favorecen la formación de la válvula aórtica bicúspide y estudiar si esas mutaciones están presentes también en los humanos. Es decir, saber qué genes están asociados a esa malformación y determinar las patologías que se pueden derivar para evaluar el riesgo futuro de la persona que la sufre. "Eso serviría para una detección precoz de la anomalía a través de una prueba genética", afirmó.

De hecho, este grupo de investigación está colaborando con el área de corazón del Hospital Clínico de Málaga en el intercambio de conclusiones y conocimientos del laboratorio a pacientes reales. Casi 30 años de investigación empiezan a dar verdaderos frutos para tratar de mejorar la calidad de vida de los que sufren de corazón.

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