El Hospital Carlos Haya opera a pacientes con Parkinson severo para reducirles el temblor

Ya se han hecho dos intervenciones con éxito · La mejora evita el traslado de enfermos, como hasta ahora, a Granada o Sevilla

Leonor García / Málaga

24 de marzo 2012 - 01:00

Son como dos trozos de cable de cobre. Cada uno se coloca a un lado del cerebro y por debajo de la piel se conectan a una especie de batería que se implanta en el tórax. El mecanismo formado por dos electrodos y el neurogenerador produce impulsos eléctricos que estimulan unas zonas del cerebro e inhiben otras. De ese modo, devuelven normalidad a los movimientos. Así es la cirugía contra el Parkinson. "Es como un marcapasos del cerebro", explica Mariano Bravo, neurólogo del Hospital Carlos Haya. Y aclara: "La cirugía no cura la enfermedad, pero la retrotrae como unos 10 años atrás".

El hospital incorporó la cirugía en diciembre pasado. Desde entonces ya ha hecho dos intervenciones. Los pacientes han mejorado su calidad de vida ya que ahora son autónomos para las actividades básicas de su vida diaria. Bravo precisa que con la cirugía se reduce el temblor característico del Parkinson, la rigidez muscular y la falta de movimiento.

Pero no todos los pacientes son candidatos a pasar por el quirófano. La técnica tiene sus riesgos. Por eso se reserva a aquellos casos en los que la patología está en una fase avanzada y en la que la respuesta a la medicación es ineficaz, algo que ocurre en al menos la mitad de los enfermos tras 10 años de evolución de la enfermedad. Tampoco pueden ser intervenidos los pacientes que son muy mayores o que tienen otras patologías graves debido a su fragilidad.

El Carlos Haya atiende a unos 400 enfermos de Parkinson al año. En 2011, derivó a cuatro para esta operación a Sevilla o Granada. Esa es otra de las ventajas de la implantación de la técnica; que ahora los pacientes no tendrán que desplazarse a otras provincias sino que podrán ser operados en Málaga. La técnica tiene su complejidad. Requiere la presencia de tres especialistas en el quirófano. El neurocirujano es el que coloca los electrodos en el cerebro. El neurofisiólogo, mediante determinadas pruebas, le indica hacia dónde tiene que desplazar los electrodos para que queden correctamente situados. Luego el neurólogo, mediante estimulación, comprueba que la respuesta del paciente sea la adecuada. Para ello, la intervención se hace con anestesia local y el paciente despierto. Cuando se confirma que el mecanismo funciona de forma correcta, se concluye la operación. Pasados unos días, se programa el neurogenerador. Periódicamente, el paciente debe someterse a revisiones y vigilar que el mecanismo tenga pilas. Viene a ser como una ITV, en la que hay que asegurarse que el coche tenga batería para que funcione.

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