Málaga

Ley trans, derechos de un colectivo oprimido

  • Hombres y mujeres transgénero relatan su experiencia y demandan una ley nacional para alcanzar la igualdad

  • Sufren un 84% de tasa de desempleo

María Martín González, Casandra Fernández Ramírez y Daniel Gutiérrez. María Martín González, Casandra Fernández Ramírez y Daniel Gutiérrez.

María Martín González, Casandra Fernández Ramírez y Daniel Gutiérrez. / Javier Albiñana (Málaga)

María, Daniel, Benjamín, Casandra y Daniel son tan parte de la sociedad malagueña como Javier, Victoria, Sebastián y Leonor. Sin embargo, han tenido que luchar desde la infancia contra el acoso, la incomprensión y el aislamiento. Han sido forzados a reprimir su forma de expresarse, a desnudar su intimidad ante cualquier trámite burocrático, a buscar salidas en un entorno con más del 85% de paro, a soportar un sistema que no los incluye. Por eso, defienden la aprobación de una ley nacional que repare la opresión que el colectivo trans ha sufrido desde siempre. Ellas y ellos existen y quieren sus derechos, tan simple como eso.

María Martín González tiene 58 años, es ingeniera técnica en electricidad y trabaja en el mantenimiento de la Escuela de Ingenierías de la UMA, la misma en la que estudió hace años. Hizo el tránsito en 2016. Lo intentó una década antes y en la antigua Unidad de Trastornos de Identidad de Género “me diagnosticaron como travesti, no como transgénero”, recuerda.

Así que en la intimidad de su casa podía ser María, pero en la calle no. “Llega un momento en el que no aguantas más, tu vida se te va y no eres la persona que quieres ser, sino alguien que se esconde continuamente”, dice. Y sostiene que ser transgénero es algo con lo que se nace, “es innato, un deseo irrefrenable, aunque inicialmente negué esa identidad porque la sociedad marca lo que debe ser y si no encajas vas incluso contra ti misma”.

María nunca lo dijo en su familia. Sí que lo supo la que fue su pareja durante 17 años, que la abandonó cuando comenzó a hormonarse. Poco después se realizó un aligeramiento de las cuerdas vocales para modular su voz y cambió su nombre en sus documentos oficiales.

"No quitamos derechos a nadie, solo pedimos los nuestros, que se nos tenga en cuenta"

“Yo no elegí esto porque supone complicarte la vida, tenemos muchos más problemas añadidos, la mayoría de las personas trans están en paro, reconozco que yo soy una privilegiada”, señala María. Y confiesa que ahora está en el mejor momento de su vida. “He conseguido cambiar mi físico y la voz para integrarme, he logrado ahora lo que yo soñaba cuando pequeña y la realidad ha superado mi utopia inicial”, apunta.

“Expresarte como tú quieres es un derecho muy básico”, comenta y señala la importancia de que esté recogido en una ley. También por el reconocimiento que conlleva. “Ni para la medicina, ni para la moda, ni para nada existimos, nada está pensado para las mujeres o los hombres trans, no contamos y una ley corregiría esto, además no le estamos quitando derechos a nadie solo pedimos los nuestros”, subraya María.

Para Daniel Gutiérrez, de 22 años, la infancia fue un pozo tremendo de maltrato e incomprensión. “Lo sé desde que tengo uso de razón, aunque mi entorno me hizo que lo negara, he sufrido muchísimo acoso, muchos insultos, nunca he tenido amigos en el colegio, me decían cosas que ni entendía, solo suponía que mi expresión de género era algo malo, algo negativo”, afirma este estudiante que cursa un grado superior de Integración Social y un máster de Mediación Familiar.

Querría continuar estudiando Educación Social y especializarse en sexología y poder hacer un acompañamiento como el que él no tuvo. “Con mi padre era una guerra constante, porque yo sabía que algo no encajaba pero tampoco me habían explicado lo que podía ser”, dice.

Recuerda que en quinto de Primaria, con unos 10 años, dijo a sus compañeros que era un chico y le trataran en masculino. “Me dijeron que estaba loco y enfermo, me dejaron totalmente de nado, nadie me hablaba, pensé que me iba a tener que aguantar con esto toda la vida”.

Casandra, María y Daniel. Casandra, María y Daniel.

Casandra, María y Daniel. / Javier Albiñana (Málaga)

Y en la Secundaria fue aún peor. Hasta que no llegó al Bachillerato de Artes Escénicas no se le abrieron los ojos a otras realidades posibles. “Vi luz al final del túnel, porque puedes intentar negarlo, hacer todo lo posible, pero es inhumano y si lo haces acabas con depresión o suicidándote”, considera.

"Lo sé desde que tengo uso de razón, he sufrido muchísimo acoso, en el colegio no tuve amigos"

La transición la hizo antes con su grupo de apoyo que con su familia, “que lo llevaron fatal al principio”. Comenzó a hormonarse después de superar muchos obstáculos y luego, por la vía pública, se sometió a mastectomía e histerectomía.

“Es muy importante que salga a delante le ley porque por fin seremos contemplados en la sociedad, aunque hoy en día la mayor parte de la sociedad sabe de nuestra existencia son muchos los estereotipos, prejuicios, ignorancia, rechazo y discriminación que hay sobre nuestra realidad, nosotros como colectivo oprimido vamos a ganar los derechos que nos pertenecen”.

Casandra Fernández Ramírez, de 22 años, “vive y responde” como mujer desde 2018, cuando acabó el Bachillerato. “Aunque desde que tengo 15 años me expreso muy libremente, me tachaban de la mariquita del pueblo”, afirma y reconoce que también sufrió acoso escolar “hasta que me di cuenta de que si actúas con más libertad emites una imagen de mayor seguridad y me monté mi pandilla”.

Siempre socializó como una niña. “Aunque me decían que era un niño yo vivía en mi mundo de fantasía”, destaca. Pero cuando creces todo se complica, “pasé la pubertad y seguí siendo la misma pero con más años”. La incomprensión de su madre desataba el miedo ante una realidad muy desconocida para ella. “Creían que era rebeldía sin causa, pero era la herramienta que tenía a mi alcance para expresarme”, agrega.

"Lo que necesitamos es una inclusión real y las mismas oportunidades, que no se nos oprima"

Para Casandra, que ha participado en la serie Veneno de Javier Calvo y Javier Ambrossi, la ley “llega con retraso y no contiene todo lo que debería, lo que necesitamos es una inclusión real y las mismas oportunidades, y que no se oprima al colectivo que todavía sufrimos el estereotipo de ser la trampa, el engaño, el lobo con piel de cordero”. Y siguen encasillados.

“Desde fuera se piensa que nuestro trabajo es el sexual, la peluquería y poco más, si no tienes una familia que te apoye económica y emocionalmente lo dificulta mucho, una persona trans con la misma preparación no tiene las mismas oportunidades laborales”, la menta Casandra. Por eso, apuntan que la prostitución sigue existiendo entre el colectivo. “Cuando hay tanta exclusión laboral el trabajo sexual es la única vía de subsistencia que les queda a muchas personas trans”, destacan.

Benjamín Santiago, graduado en Comunicación Audiovisual, hizo el tránsito antes de entrar a la universidad con el “apoyo completo de su familia”. “Mi experiencia ha sido muy positiva en general y quiero creer que las voces de odio son de una minoría ruidosa a las que no se le debería de dar ese eco, pero te indigna”, comenta Benjamín.

Benjamín Santiago. Benjamín Santiago.

Benjamín Santiago.

También señala que Andalucía fue la primera Comunidad Autónoma de España en tener una ley autonómica, pero se queda corta. “Quiero pensar que la ley se va a aprobar, quiero que se apruebe, y también quiero creer que el debate va a ir bajando, eso no quita que ahora mismo las campañas de acoso por las redes sociales hacia las personas trans son muy fuertes”.

"La realidad es que hay personas pasándolo muy mal porque la sociedad las discrimina"

Para Benjamín lo importante del nuevo texto “es poder elegir si nos hormonarnos o no, poder decidir sobre nuestro cuerpo”, ya que anteriormente se imponían dos años de hormonación y un informe psicológico de disforia de género para poder cambiar de identidad o de sexo.

“La realidad es que hay personas pasándolo mal porque es un colectivo que la sociedad discrimina y no trata como debería”, apunta y subraya que la ley lo que va a hacer es “facilitarnos la calidad de vida a las personas trans, que existimos, que estamos ahí, se trata simplemente de extender los derechos humanos a las personas trans”.

También destaca que los que critican el borrador de la nueva ley "ven como una barbaridad que menores de 16 y 17 años se cambien el nombre en un plástico y no les preocupa que los menores sufran un trato que no quieren, la incomprensión de su entorno o el acoso de sus compañeros".

Daniel Lo Destro acaba de terminar auxiliar de enfermería y quiere seguir estudiando. Era un adolescente cuando le recetaron los bloqueadores del desarrollo. Poco después empezó con la testosterona. “He tenido muchísima suerte, mi madre siempre lo ha entendido perfectamente y me ha ayudado con todo, no hubiera podido hacerlo sin ella”, comenta. Lo contó en clase y sintió también la aceptación de sus compañeros, aunque costó más entre el profesorado.

"Por primera vez se nos están dando derechos a las personas trans, se nos está tratando con respeto e igualdad"

“Al principio cuesta mucho contarlo, da miedo, pero hacerlo tan joven te ayuda”, dice Daniel. Él se sometió a una mastectomía con 16 años. “Los chicos trans utilizamos camisetas compresoras y estaba todo el día con ella, no era capaz de quitármela delante de nadie”, recuerda. “Lo que cada uno tiene que hacer es un proceso de aceptación muy grande, me han preguntado mil veces si me voy a operar los genitales, nadie te da la opción de aceptarte, de quererte, solo está el camino de la hormonación y la operación”, subraya.

Tener a las puertas la nueva ley le alegra mucho porque “por primera vez se nos están dando derechos a las personas trans, se nos está tratando con respeto e igualdad, considerándonos dentro de la sociedad, se le da ese respiro tan necesario a la gente trans”. Tristemente, recalca, “muchos compañeros se han acabado suicidando porque no se les contemplaba, porque no los ha amparado ninguna ley”.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios